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El sistema educativo «homeopático» que surgió de un trance místico

Con un origen esotérico y estrechamente relacionada con hábitos como el rechazo a las vacunas o el uso de homeopatía, la pedagogía Waldorf está ganando cada vez más fuerza, generando un intenso debate en el que las palabras "secta" y "adoctrinamiento" cobran un gran protagonismo.

Por – Mar 20, 2019 - 9:00 (CET)

Cuando Chiara y su marido decidieron matricular a su hijo en una guardería, tenían claro que querían que fuese un lugar de confianza. Por eso, después de buscar información sobre algunos jardines de infancia tradicionales que no terminaron de convencerles, optaron por visitar un centro Waldorf, del que habían recibido muy buenas referencias.

El colegio era bonito, con un jardín muy cuidado y juguetes de madera o de trapo, como si fueran de otra época. Durante la entrevista previa, la joven tuvo que responder a algunas preguntas poco convencionales, sobre la religión a la que pertenecían y cómo habían ido el embarazo y el parto del pequeño. Sin embargo, en un principio no le dio importancia y terminó matriculándolo. Por aquel entonces ella no trabajaba, por lo que visitaba regularmente el centro educativo, interesándose por algunas de las peculiaridades de esta pedagogía. Así fue como descubrió que detrás de ella había una corriente de pensamiento, llamada antroposofía, con un trasfondo de espiritualidad que llamó mucho su atención. Tanto, que poco a poco fue adentrándose en ella, llegando hasta la semilla del tipo de educación que estaba recibiendo su hijo y dando a su vida un vuelco que podría haber llegado a ser muy preocupante si no hubiese salido a tiempo.

Este 2019 se cumple un siglo de la inauguración de la primera escuela basada en la pedagogía Waldorf. A día de hoy se calcula que en todo el mundo hay 1.150 escuelas y 1.817 jardines de infancia adscritos a esta pedagogía. Normalmente son todas privadas, como en España, aunque en algunos países están financiadas por el estado. De cualquier modo, para poder ser centros homologados siguen el temario establecido por cada ministerio de educación, aunque cuentan con un método de enseñanza muy característico y diferente al habitual. Quizás por eso no resulta extraño que algunas universidades españolas, como la Universidad de Sevilla o la Universidad de La Laguna, hayan aprovechado para llevar este tipo de enseñanza a sus aulas, a través de conferencias y cursos de formación, entre otras actividades.

Lo hacen a pesar de que numerosos psicólogos y pedagogos llevan años advirtiendo que este tipo de enseñanza no está basada en evidencias científicas ni sociológicas, por lo que no responde a las necesidades reales de los niños. Además, si bien no es algo oficial, sí que es cierto que a menudo este tipo de educación se ha relacionado con el rechazo a las vacunas y la defensa de pseudoterapias como la homeopatía. Es por eso que la difusión de este tipo de educación, con la aparición de cada vez más escuelas por todo el mundo, enfada a muchos expertos, mientras que los padres piden libertad para poder ofrecer a sus hijos la educación que ellos consideren más adecuada, sin tener que ser juzgados por ello. El debate está servido, ¿pero quién tiene razón?

Educación basada en la antroposofía

En 1919, el doctor en filosofía y letras Rudolf Steiner recibió el encargo de Emil Molt, propietario de la tabacalera Waldorf-Astoria Cigarrette Company de Stuttgart (Alemania), para que fundara una escuela en la que pudieran inscribir a los hijos de sus empleados. Molt era un fiel seguidor de la antroposofía, una corriente de pensamiento espiritual ideada por Steiner, que trata de relacionar la divinidad con la sabiduría humana, y a la que a día de hoy muchos comparan con una secta.

Steiner no tenía conocimientos de pedagogía. De hecho, su propuesta no se basa en las necesidades del niño a nivel académico, sino que más bien traza un camino espiritual en el que distingue varias fases, que prepararán al niño para “la vida después de la muerte”, como si el ahora fuese una reencarnación de una vida pasada. Esto es algo que dejó claro en las conferencias impartidas a futuros profesores Waldorf y que hoy se recogen en el libro Fundamentos de la educación Waldorf:

Hemos de dar cabida en nuestra comprensión al hecho de que el hombre, durante un largo intervalo, se desarrolla entre la muerte y el nuevo nacimiento y que, en el curso de este desarrollo, llega a un punto donde, como si dijéramos, muere para el mundo espiritual, no pudiendo seguir viviendo en él sin pasar a otra forma de existencia (…) Por consiguiente, cuando tenemos la suerte de contemplar con ojos físicos al niño, del nacimiento en adelante, hemos de saber que se trata de una continuación.

Steiner también estableció que el ser humano está compuesto por espíritu, alma y cuerpo y que sus capacidades se van forjando durante tres etapas, de siete años cada una, a las que calificó como septenios. El primero de estos septenios, desde el nacimiento hasta los siete años, se basa en promover la imitación de lo natural como medio de aprendizaje. La segunda etapa, de los siete a los catorce años, fomenta la creatividad, a través del desarrollo de actividades destinadas a estimular la imaginación y ayudarles a desenvolverse en una faceta artística. Finalmente, de los catorce a los veintiún años, va más dirigido a la búsqueda de la verdad, a la vez que se refuerza su propio pensamiento y juicio. Todo esto se complementa con la atención individualizada, en la que se refuerzan las necesidades de cada niño por separado, haciendo hincapié en que cada uno aprende a su propio ritmo.

Una pedagogía muy “homeopática”, pero en auge

“Hay ciertos paralelismos entre la pedagogía Waldorf y la homeopatía”, explica a Hipertextual el psicólogo del centro Rayuela, Eparquio Delgado. “Es una pedagogía muy antigua y no está basada en ningún conocimiento moderno sobre el comportamiento humano, sino en las creencias místicas de un hombre que legitima que hay que educar a los niños así”. Delgado añade también que Steiner nunca hizo ningún estudio sobre educación, del mismo modo que Samuel Hahnemann no realizó estudios sobre biología antes de desarrollar la homeopatía, a pesar de ser médico.

No está de acuerdo con esto el profesor y fundador de la primera escuela Waldorf de España Antonio Malagón, quién aclara al otro lado del teléfono que “Steiner sí tenía conocimientos sobre educación, pues trabajó como profesor en la Universidad Popular de Berlín”.

Las universidades populares son organizaciones o instituciones educativas y culturales creadas por grupos, asociaciones y organizaciones sociales, con el fin de promover la educación popular, a través de conceptos tanto teóricos como prácticos. Existen instituciones de este tipo por todo el mundo, enfocadas en diferentes intereses. En Alemania concretamente se les denomina Volkshochschule y están orientadas especialmente a adultos, a través de cursos de temáticas como la informática, la cocina o los idiomas. No es por lo tanto la universidad típica a cuyo concepto estamos acostumbrados.

Malagón niega también la extendida afirmación de que Steiner ideara las bases de la educación Waldorf después de someterse a un trance místico. Esto es algo que los antropósofos no afirman como tal, aunque sí creen que Steiner podía ver el mundo espiritual y, durante la meditación, acceder a un conocimiento cósmico que permitió establecer las bases de la pedagogía. A todo esto, el profesor añade que no es cierto que sea una pedagogía estancada, sin base educativa, pues desde sus inicios ha ido evolucionando, principalmente gracias a la “autoeducación” de los profesores, que reciben una formación continuada con la que profundizan en sus conocimientos sobre el ser humano y aprenden sobre situaciones pedagógicas concretas. En cambio, la maestra y licenciada en ciencias de la educación Fátima Mª García Doval y la pedagoga Marta Ferrero consideran que los presupuestos establecidos por la pedagogía Waldorf “no se han adaptado a los avances científicos ni sociales del modo en que lo ha hecho el corpus de conocimiento pedagógico”. Además, añaden que “su modo de trabajar se centra más en justificar sus prácticas que en analizarlas críticamente y mejorarlas progresivamente, que es lo que se debe hacer en educación para mantenernos al día y dar la mejor respuesta educativa posible al individuo y a la sociedad”.

De cualquier modo, si hay algo en lo que todos los profesionales entrevistados están de acuerdo, es que este tipo de educación está en auge, pues cada vez son más los colegios y jardines de infancia basados en este método de enseñanza que abren sus puertas en todo el mundo. “Es cierto que este tipo de pedagogía está en auge, aunque eso no significa que vaya a sustituir a los colegios públicos, ni mucho menos”, aclara Delgado. Sin embargo, sí que es verdad que cada vez tienen más reconocimiento. “La razón puede ser que hay un desencanto con la educación convencional y se está poniendo el acento en los procedimientos. De repente hay otra pedagogía que tiene un atractivo que ofrece una idea de pureza y de que la sociedad coarta al niño. Además, se vende como un trato mucho más afectivo, emocional y adaptado a las necesidades de cada alumno y eso es algo que está muy en boga”. En definitiva, frente a una educación en la que los procedimientos son iguales para todos se presenta esto, que tiene muy buena fama, pero no porque haya demostrado una eficacia superior.

Esto es algo en lo que coincide el director del Secretariado de Responsabilidad Social de la Universidad de La Laguna (ULL), Francisco Javier Amador: “Las metodologías alternativas han cobrado mayor relevancia en las últimas décadas debido al creciente descontento con el modelo educativo y social”.

Además, se han referido a ello las dos expertas en educación entrevistadas por este medio, quienes han incidido en que todo sistema educativo es susceptible de mejora y esa es la tarea de la pedagogía y las ciencias de la educación. “Más que un sistema educativo desfasado, lo que posiblemente tenemos son prácticas educativas mejorables”, narran. “No obstante el sistema educativo actual escolariza y forma a la práctica totalidad de la población de 3 a 16 años; y a un porcentaje abrumadoramente mayoritario hasta más allá de la escolaridad postobligatoria y esto en un país en el que hace poco más de 100 años el 60% de la población era analfabeta. Esto es así porque el sistema educativo está en constante revisión y mejora. No podemos esperar a que el sistema quede desfasado porque en ese caso sería demasiado tarde para remontar y como sociedad no nos lo podemos permitir”. Añaden que no debemos interpretar que el deseo de mejorar signifique que todo esté mal y que a la hora de probar cosas nuevas debe hacerse desde una perspectiva ética y científicamente intachable. “No debemos olvidar que lo que tenemos entre manos son vidas humanas”.

La otra cara de la moneda

Para Antonio Malagón, la principal clave del éxito de las escuelas Waldorf es que se basan en una forma de educación deseada. “Los padres que matriculan en estos centros a sus hijos se preocupan por saber en qué consiste y acuden en confianza. Se llevan a cabo regularmente visitas al colegio y charlas para padres, que tienen curiosidad por saber cómo se formará a los niños”.

Siguiendo con el tema de los padres, el educador incide también en que se les deja participar activamente en el funcionamiento del centro. “Los maestros están seis años con la misma clase, por lo que crean vínculos muy grandes, tanto con los niños como con sus progenitores”, apunta. “Además, se fomenta la participación de los padres, tanto en la gestión del centro como en la formación de comisiones”.

En definitiva, el fundador de la primera escuela Waldorf de España sostiene que se podría considerar como lema de este tipo de educación la frase “aprendemos juntos”. Ya que los profesores se forman continuamente, dejando que padres y alumnos participen activamente en esta “autoeducación”.

Todo esto es lo que atrae la atención de personas como María (nombre ficticio), la madre de un niño de casi tres años, que actualmente asiste a un jardín de infancia basado en la pedagogía Waldorf. “Buscaba una guardería lo más respetuosa posible con el niño, donde nos dejaran hacer la adaptación desde dentro. Las instalaciones y las actividades (como preparar el pan a diario, los circuitos de psicomotricidad, el arenero, el contacto con la naturaleza, la comida ecológica...) también fueron determinantes”. Este era también el objetivo de Raquel (nombre ficticio), quien añade algo muy interesante: “Para mí la importancia no la tiene la pedagogía como tal, sino los profesores que la ponen en práctica”.

Para ambas, el centro en cuestión cumplió “con creces” las expectativas. Algo diferente al caso de María y Raquel es el de Chiara, aunque coincide con ellas en la razón principal que la llevó a matricular allí a su hijo:"Lo más positivo de estos centros es que te dejan hacer una adaptación gradual y eso es algo que muchas madres buscamos”.

La pedagogía Waldorf aterriza en la Universidad

Lo que está claro es que la pedagogía Waldorf, así como otros formatos de las propuestas educativas conocidas como “libres”, está alcanzando en los últimos años una gran relevancia, que atrae la atención de padres de alumnos, pero también de profesores y maestros que quieren aprender a ponerla en práctica. Ese es el motivo principal de que haya aterrizado en las universidades antes mencionadas. “Desde hace algunos años el alumnado de la ULL hace prácticas curriculares en la asociación, que también recibe voluntariado universitario. La Asociación en cuestión imparte un Curso de Formación de Profesorado sobre Pedagogía Waldorf Homologado por la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias desde hace tres años al menos”, relata Amador, quien también explica por qué considera necesario que sus estudiantes aprendan sobre ello. “De manera breve podríamos justificar la necesidad de estudiarla en la medida que conocer este movimiento es parte de la historia de la educación, y sus prácticas pueden y deben ser observadas y analizadas con mirada rigurosa y sistemática para extraer aquellos elementos que puedan ser interesantes desde el punto de vista didáctico y metodológico”.

En su caso, por ahora no se ha cerrado ninguna programación. “Inicialmente, se tiene previsto organizar un curso de extensión universitaria de corta duración en donde se puedan combinar una parte de la formación sobre esta pedagogía, que ya se incluye en la actualidad en el curso de formación de profesorado Waldorf homologado por la Consejería de Educación, con metodologías de didáctica de la expresión musical”.

En las escuelas Waldorf se intenta utilizar materiales naturales, como la lana o la madera, tanto en los juguetes como en el material escolar

Marcando la diferencia

A nivel educativo, los conceptos son los mismos, pues de lo contrario no podrían ser centros homologados. “A partir de bachillerato los alumnos comienzan a utilizar libros, en los que aprenden los conceptos necesarios para superar la selectividad”, aclara Malagón. “Hasta ese momento habían sido ellos los que se elaboraban su propio material, pero siempre siguiendo el temario establecido”. También se reivindica el trato más personalizado hacia el niño, la participación de los padres y el hecho de que se fomenta, según el docente, “la curiosidad de los alumnos”.

De cualquier modo, en las escuelas tradicionales cada vez se intenta fomentar más el trato personalizado hacia los niños y, aunque cada docente es distinto, muchos tratan de estimular el aprendizaje a través de la curiosidad. Al fin y al cabo, ese es uno de los objetivos de la enseñanza basada en el método científico. ¿Se puede decir entonces que hay diferencias a nivel de éxito académico?

Según ha contado a este medio Francisco Javier Amador, “numerosos trabajos se aproximan a este modelo educativo desde la filosofía, la teoría y la historia de la educación”. Cita como ejemplo uno de 2012, en el que investigadores de la Universidad de California comparan los resultados académicos de alumnos Waldorf, en comparación con estudiantes de otras escuelas del estado de California. Se concluye que estos resultados, en los que se analizan principalmente las habilidades matemáticas y la lectura, son algo mejores en los alumnos de cursos más elevados en escuelas Waldorf. No ocurre lo mismo para niños más pequeños, en los que son mejores las puntuaciones de otros colegios.

También menciona otro estudio, esta vez de la Universidad de Stanford, en el que se manifiestan unos mejores resultados académicos en los estudiantes de esta opción pedagógica, aunque con un tamaño muestral pequeño, pues se analizan especialmente los resultados de alumnos de un centro Waldorf concreto y más someramente los de otros colegios de la pedagogía, a través de 39 entrevistas y 38 observaciones.

Por su parte, García Doval y Ferrero opinan que “hay pocos o casi ningún estudio serio y sin conflicto de intereses, por lo que resulta difícil llegar a resultados concluyentes en el entorno de lo académico”. Centrándose concretamente en el campo de la ciencia, sí que citan un estudio de la Universidad de Sacramento en el que se establece que la enseñanza que se hace de esta materia en este tipo de centros no es compatible con el conocimiento científico (y por lo tanto el pensamiento crítico actual).

Además, subrayan un punto al que también hace referencia Eparquio Delgado:

Tampoco podemos perder de vista que las escuelas Waldorf son populares entre las clases medias-altas a nivel mundial. Así, cuando a veces se señala el éxito académico del alumnado que asiste a colegios Waldorf, se quiere hacer ver que dicho éxito es causa de esta pedagogía pero bien podría ser debido a la situación de ventaja social y cultural de sus familias. Estos aspectos, incluido el control de la variable “procedencia socioeconómica”, no han sido analizados de modo riguroso e independiente.

Pero sí que es cierto que algunos hábitos de este tipo de centros pueden influir en ciertos factores del desarrollo cognitivo o motriz del niño. Buen ejemplo de ello es el que describe Chiara al otro lado del teléfono: “cuando mi hijo comenzó el último año de educación infantil en un colegio convencional, su maestra me llamó para decirme que dibujaba del modo que lo haría un niño mucho más pequeño”. Esto se debe a que en el curriculum Waldorf el dibujo de formars no existe hasta la primaria** y para pintar solo se usan acuarelas y bloques de cera, de modo que tampoco sabía hacer pinza para sujetar un lápiz. Además, como su madre se había introducido a fondo en la doctrina, en casa seguía utilizando estas mismas directrices.

Por otro lado, la oficina de educación de Reino Unido, Ofsted, ha realizado en los últimos meses varias inspecciones a centros Steiner de este país, en el que algunos sí están financiados con dinero público. A finales de enero, tres de los cuatro centros gratuitos supervisados fueron calificados como inadecuados, por factores muy diversos, entre los que destacan la intensa presencia de acoso escolar o la falta de apoyo para niños con necesidades educativas especiales o discapacidades. En total, teniendo en cuenta también los centros privados, fueron nueve las escuelas inspeccionadas, de las cuales seis se calificaron como inadecuadas.

Fuera del ámbito académico sí que hay claras diferencias. Para empezar, está el hecho de la defensa de lo natural por encima de lo artificial. Muchos detractores critican que en las escuelas Waldorf se dejen a un lado las nuevas tecnologías, ¿pero es esto cierto? Ante esta pregunta, Antonio Malagón diferencia entre dos etapas en la educación de los niños. “Una vez superada la pubertad, ya en la escuela secundaria, los niños comienzan a trabajar con nuevas tecnologías, pero nunca antes”, relata. Además, añade que antes de esa edad son numerosos los casos de adicciones a videojuegos y teléfonos móviles, por lo que no se trabaja con estos dispositivos. Cuando son más pequeños se potencia que modelen la piedra, la madera o el cobre, entre otras disciplinas. Por otro lado, entre los documentos aportados por el docente a Hipertextual figura un texto traducido de una publicación del diario alemán Das Goethenaum, concretamente el nº 34/35, de 2010. En dicho artículo, escrito por Ronald E. Koetzsch, se habla sobre los efectos perniciosos que acarrea a la salud el uso de los teléfonos móviles y el wi-fi. Sin embargo, esto no es cierto, pues está científicamente demostrado que ambos elementos no suponen ningún tipo de perjuicio, pues las radiaciones electromagnéticas que emiten son no ionizantes y, por lo tanto, no causan daños en el ADN.

No habría por lo tanto problema en utilizar teléfonos móviles o cualquier otro dispositivo que se pueda conectar a una red wi-fi, ni en casa ni en el colegio. Caso aparte es el de las adicciones, ya que sí es algo que puede ocurrir, aunque ahí entra en juego el papel de los padres y los docentes, a la hora de controlar el uso que los niños les dan. Bien utilizados, pueden ser una buena herramienta educativa, como se ve en tantos colegios en los que se están implantando directamente en las aulas.

Por otro lado, también existen críticas hacia la postura que supuestamente tienen estas escuelas en torno a temas como la alimentación o la medicina. En el caso de la alimentación, es frecuente que se recurra más a comida ecológica, como en el caso de la guardería de los hijos de María y Raquel o de otros centros cuyas páginas se han consultado para este artículo. De cualquier modo, eso no supone ningún peligro, más allá de la ideología. Sí podría ser relevante que se “obligara” a los niños a recurrir a dietas vegetarianas o veganas; ya que, si bien son totalmente saludables, pueden ser perjudiciales en edades tempranas. Sin embargo, según cuenta a este medio Antonio Malagón, esto es algo que no ocurre en los colegios Waldorf. “En el comedor se mantiene una dieta completa y solo se restringen ciertos alimentos bajo petición del alumno, por alergias o cualquier otro motivo que les impida consumir un producto concreto”.

En lo referente al tema de la salud, se suele decir que, a pesar de no existir una postura oficial, en estos centros existe cierta tendencia a defender la homeopatía y el movimiento antivacunas. Esto es algo que no ocurre en las guarderías a las que asistieron los hijos de María y Raquel, donde están a favor de las vacunas y tratan a los niños con medicina convencional, de ser necesario. Ellas misma aseguran estar a favor de la vacunación, aunque en el caso de María también de la homeopatía, pero solo para algunos casos concretos. De cualquier modo, no han observado ninguna tendencia en el centro educativo.

Es distinto el caso de Chiara, que sí observó una tendencia hacia el uso de la homeopatía en su centro. En cuanto a las vacunas, en la guardería de su hijo se abogaba por la libertad de los padres. Sin embargo, al verse ella introducida de lleno en la antroposofía, sí que dejó de vacunar a su hijo durante una temporada, pues la medicina antroposófica defiende que cuando los niños superan las enfermedades adquieren fuerzas espirituales que no obtienen si se vacunan. En este punto algunos seguidores de la doctrina apuntan a que no pasa nada si el niño se vacuna, siempre que reciba una buena educación espiritual, de ahí lo de la libre elección. Sin embargo, otros muchos prefieren "no jugársela" y deciden no vacunar a sus pequeños, exponiéndolos a un amplio abanico de enfermedades mortales.

En cuanto a Malagón, también defiende la libertad de los padres: “El ser humano es libre y tiene que buscar sus opciones y no podemos intervenir en algo relacionado con la educación o la salud, lo nuestro es la educación”, argumenta.

Movimiento antivacunas y antroposofía

A pesar de todo, la tendencia hacia el rechazo de las vacunas no es una mera sospecha, al menos si se pone la vista en otros países, como Suiza, donde recientemente se ha iniciado un brote de sarampión en un colegio Steiner, o Estados Unidos. En este último, según la Fundación io de enfermedades infecciosas, la Asheville Waldorf School, de Carolina del Norte, se ha convertido en los últimos años en todo un símbolo del movimiento antivacunas. Tanto, que en el curso 2017-2018 19 de los 28 estudiantes que acudían a su guardería lograron la exención de al menos una de las vacunas de su calendario. Además, en ese año de los 152 alumnos de la escuela 110 no habían sido vacunados de la varicela.

Esta exención a la inmunización por creencias personales es un hábito frecuente en varios estados de Estados Unidos, donde los padres pueden solicitar que sus hijos no reciban las vacunas que les corresponden, alegando motivos ideológicos. Es algo común a todo tipo de colegios, aunque un estudio publicado en 2017, en California, establecía que son mucho más abundantes los casos en escuelas privadas alternativas, especialmente las que siguen la pedagogía Waldorf.

Por otro lado, la investigadora de la Universidad de San Diego Elisa Sobo llevó a cabo en 2015 un estudio en el que se encuentra cierta relación entre la decisión de no vacunar a los hijos y la de llevarlos a colegios Waldorf. Sin embargo, el estudio no relaciona esta tendencia con el seguimiento de la medicina antroposófica, también ideada por Steiner, sino con el hábito de estos padres de buscar fuentes alternativas de información, en las que a menudo se defienden estos peligrosos movimientos.

En cambio, otros autores, como el médico experto en pseudoterapias Edzard Ernst, sí que han llevado a cabo estudios en los que se basa esta relación con las creencias antroposóficas de los progenitores.

El fin justifica los medios, ¿pero cuál es el fin?

La mayoría de padres que llevan a sus hijos a colegios Waldorf no tiene la menor idea sobre qué es la antroposofía, ni quién era Rudolf Steiner. Simplemente buscan una forma de educación diferente, que se adapte a las necesidades de sus hijos. Ahora bien, ¿significa esto que la antroposofía ha desaparecido por completo de este tipo de centros?

Esta es una pregunta compleja, pues dependerá mucho de cada colegio, aunque hay que reconocer que la mayoría cuentan con hábitos que siguen respondiendo a necesidades de esta “corriente de pensamiento”. Este es el caso del uso de materiales “naturales”, como el algodón, la lana o el lino. Algunos centros requieren a los padres que sus hijos vistan con estos materiales, otros no llegan tan lejos, pero no utilizan objetos de plástico en las aulas. Esto podría ser algo muy noble, si fuese con un fin ambiental o de estimular el tacto de los pequeños, como explicaron a Raquel en la guardería de su hijo. Sin embargo, no es eso lo que afirman en algunas escuelas, como un centro de Valparaíso, en Chile, en el que afirman que el uso de estos materiales se debe a que provienen de “algo vivo” y por lo tanto no están creados por el hombre, sino que son “una creación divina”. Se puede ver cómo lo asegura una de sus profesoras en el minuto 2:39 de este vídeo.

Este tipo de escuelas también defienden la importancia de estimular la imaginación de los niños. Por ejemplo, es la razón por la que a veces se utilizan muñecas sin cara, de modo que sea el pequeño el que imagine su estado de ánimo. Esto es algo que citó Steiner en sus conferencias, aunque sus palabras no parecen promover una necesidad educativa:

Si en su trabajo con los niños hacen exagerado uso de abstracciones, favorecerán en ellos la generación de ácido carbónico en la sangre, esto es, el endurecimiento corporal y la necrotización. Inversamente, si inculcan el mayor número posible de imaginaciones, si procuran hablarle en imágenes, depositan en él el germen para la continua conservación de oxígeno, esto es, para su perenne superación, porque lo encauzan hacia el porvenir, es decir, hacia lo que será después la muerte.

Por supuesto, esto no tiene ningún fundamente científico, ni en base a los conocimientos actuales, ni a los de la época.

Finalmente, como señala Franciso Javier Amador, no se suele hablar a los niños sobre antroposofía directamente. Es cierto, pero sí que hay centros en los que los alumnos deben recitar versos del autor de la pedagogía, como se puede observar en este vídeo de la Escuela Waldorf de Alicante.

Además, según recuerda Chiara, muchos de los hábitos presentes en el curriculum de estas escuelas están relacionados con la antroposofía. Este es el caso de la costumbre de estudiar las vidas de los santos en segundo de primaria. Se corresponde con el inicio del segundo septenio, en el que se establece que se da el cambio de dientes. “Con los dientes definitivos, según la medicina antroposófica, el cuerpo astral se empieza a desarrollar. En ese momento, unas fuerzas malignas, que representan el mal pero son necesarias para la evolución de la humanidad, porque también encarnan el pensar abstracto y matemático, empiezan a entrar en el niño, por lo que es necesario leer sobre vidas ejemplares, para evitar una sobreinfluencia de lo maligno”.

Todo esto no se explica en la escuela, como puntualiza la madre entrevistada, simplemente se leen los textos, pero el trasfondo está ahí. “De hecho, muchos maestros ni siquiera lo saben”.

Los maestros de estos colegios son personas que han estudiado magisterio o la carrera necesaria para la asignatura que imparten y más tarde han hecho la formación Waldorf, a la que pueden acceder tanto educadores como padres de alumnos. Es esta precisamente la que realizó Chiara cuando comenzó a introducirse más activamente en el funcionamiento del colegio. En este tipo de cursos se estudia la antroposofía y se leen libros de Rudolf Steiner, pero en muchos casos no se profundiza tanto como para que los profesores conozcan la base de los métodos que están utilizando con los niños. Para ello es necesario adentrarse más en la doctrina, como hizo la madre entrevistada por este medio.

Libertad para decidir, pero con información

Incluso sin haber estudiado a fondo la antroposofía, como Chiara, muchas personas lanzan críticas muy duras hacia este tipo de colegios. “En mi opinión, las críticas que se hacen a esta pedagogía se centran sobre todo en la antroposofía, y no así en las prácticas pedagógicas que se emplean en los centros”, expone Francisco Javier Amador. “Entiendo que la antroposofía, antes que una ciencia o una pseudociencia, es una corriente filosófica y, como tal, ayuda a responder interrogantes que no podrían ser contestados simplemente por medio de la experimentación y la observación, tal y como persigue la ciencia, por lo que no es extraordinario encontrar defensores y detractores de la misma”. Sin embargo, apunta a que este tipo de escuelas utilizan metodologías didácticas cuyos resultados han sido analizados ya desde un punto de vista científico y cuyos logros en términos de competencias, habilidades, destrezas y resultados de aprendizaje han sido ampliamente contrastados.

Está de acuerdo con él Malagón, pero no el resto de expertos consultados por este medio.

Es cierto que algunos factores, como la importancia que se da al arte, la atención individualizada o el número reducido de alumnos por clase es algo muy favorable, que a menudo resulta esencial a la hora de atraer alumnos a estos centros. Sin embargo, es importante recordar que muchas de las actividades que se siguen en esta pedagogía están basadas en las premisas de una doctrina esotérica, en vez de en las verdaderas necesidades educativas de los niños. Y esto es algo que los padres no saben, salvo que se introduzcan a fondo en la antroposofía. Quizás, si algunos lo supieran, seguirían llevando a sus hijos a estos centros, pero es muy probable que otros muchos no.

“Ser libre o morir”, decía María Montessori. Algunos comparan su pedagogía con la Waldorf, pero había una clara diferencia. Como pediatra, psiquiatra y educadora, ella sabía muy bien cuáles eran las necesidades cognitivas esenciales para el buen desarrollo de los niños. Y tenía razón. Tanto ellos como sus padres deben ser libres para decidir, incluido cómo quieren educar a sus hijos. Pero siempre conociendo el origen de la metodología que se va a usar con ellos. Por eso son tan importantes el pensamiento crítico y la divulgación.