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La tráquea de Claudia

Un cirujano que hacía milagros y la moda de la investigación sobre células madre desembocaron en un fraude científico sin precedentes. Esta es la historia detrás de la primera operación de Paolo Macchiarini para trasplantar una tráquea en Barcelona.

Por Leonid Schneider 27/10/16

¿Qué hemos aprendido del escándalo sobre el trasplante de tráquea realizado por el cirujano milagroso y pionero de las células madre Paolo Macchiarini, quien llevaba a cabo experimentos con humanos en Alemania, España, Italia, Suecia y Rusia? Que pese a la magia que envuelve a las células madre, todos sus trasplantes de tráqueas de plástico resultaron mortales para sus pacientes, salvo en uno o dos casos en los que se retiró el trasplante a tiempo. Sin embargo, estos pacientes no fueron salvados por Macchiarini, quien perdió rápidamente el interés en sus conejillos de indias humanos, sobre todo cuando sus curas milagrosas comenzaron a fallar.

Uno de estos pacientes, una joven de Turquía, perdió varios órganos en la operación, y si hasta ahora se ha salvado ha sido gracias a los excelentes trasplantes de órganos y a la atención médica recibida. Macchiarini, por su parte, estaba ocupado experimentando con seres humanos en Rusia. El caso más triste fue el de otro joven que fue engañado para que recibiera la tráquea de plástico, supuestamente para salvar su vida, lo que provocó su muerte poco después.

Esto no era debido solo al plástico letal. Había mujeres más jóvenes (y algunos hombres) que fueron asesinados o mutilados por los trasplantes de tráquea de Macchiarini, cuando había otras opciones para salvar su vida y su salud. Se suele dar por supuesto, pero la tecnología que utilizó Macchiarini antes, la de una tráquea de un donante muerto que había sido previamente descelularizada y reconstituida con células madre, también falló. Sin embargo, por algún motivo, la técnica se sigue presentando como un éxito sin precedentes y, de hecho, en la actualidad hay ensayos clínicos activos en el Reino Unido y a corto plazo los habrá en toda la Unión Europea.

Estos son dirigidos por el anterior aliado más cercano a Macchiarini, el cirujano británico Martin Birchall. Lo que ambos hicieron a su primera paciente, a la que operaron en 2008 en el Hospital Clínic de Barcelona, ​​es nada menos que una quiebra de la ética médica más elemental que casi costó la vida de esa joven. Otros médicos españoles han estado salvándola desde entonces. Al mismo tiempo, Macchiarini y Birchall han estado ocupados aumentando su fama y promocionando sus carreras, haciendo alarde de un trasplante de tráquea podrido y absolutamente fracasado como si hubiera sido una épica historia de éxito.

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La historia no contada de Claudia Castillo –que no ha podido ser localizada antes de la publicación del especial– y de su trasplante de tráquea tiene los siguientes puntos clave:

  • La paciente fue descuidada por Macchiarini y sus compañeros en Barcelona antes y después de la operación del trasplante, mientras su estado de salud iba empeorando.

  • Las terapias estándar fueron descuidadas o rechazadas en favor de un método no probado, científicamente infundado y poco realista.

  • El “consentimiento informado" de la paciente se obtuvo gracias a una falta deliberada de información.

  • El trasplante fue aparentemente preparado en un laboratorio veterinario británico con el uso de productos de origen animal, haciendo caso omiso de las medidas de seguridad básicas en medicina humana. El incidente se tapó rápidamente, al mismo tiempo que desaparecía la documentación sobre la intervención.

El principio

Claudia Castillo, una joven colombiana residente en Barcelona, ​​sufrió de constricción de las vías respiratorias debido a complicaciones derivadas de una tuberculosis. En 2005, cuando tenía 27 años, visitó al cirujano Macchiarini en el Hospital Clínic, quien liberó sus vías respiratorias superiores mediante la eliminación de un trozo de la tráquea constreñida y cosió sus extremos, un procedimiento llamado “resección con anastomosis primaria de extremo a extremo”. Esta operación salió bien, tal y como el director del Hospital Clínic de Barcelona, ​​Antoni Castells, me aseguró. Sin embargo, me remití a algunas pistas para sospechar sobre una posible mala ejecución de la cirugía por parte de Macchiarini: la paciente fue examinada en 2013 y diagnosticada con una "parálisis de cuerda vocal izquierda" como un efecto secundario de la misma.

Claudia tenía también otra sección de la vía respiratoria obstruida en su bronquio izquierdo. Macchiarini la trató con un tubo de silicona inflable, denominado stent Dumon, para ampliar el pasaje estrechado de su pulmón izquierdo. Por desgracia, ese procedimiento estándar no funcionó, como Castells me comentó: "Este stent fue colocado el 3 de marzo de 2005 y retirado el 18 de abril de ese mismo año a causa de episodios recurrentes de neumonía y tos intratable".

Pese a la terapia fallida, Macchiarini y sus compañeros del hospital en Barcelona no hicieron más intentos quirúrgicos para ayudar a Claudia durante tres años. ¿Volvió Macchiarini a dar la espalda a su paciente ya que su tratamiento no le ayudó? Sólo podemos especular, pero sí sabemos que, mientras tanto, la situación de Claudia empeoró: corría el peligro directo de ver amputado su pulmón izquierdo debido a la infección. A diferencia de lo que sugirieron los artículos posteriores, su vida nunca estuvo en juego. Sin embargo, la llamada neumonectomía –extirpación quirúrgica del pulmón– era una opción terapéutica válida para evitar complicaciones posteriores y para restaurar la calidad de vida de Claudia a un nivel aceptable.

Macchiarini y su compañero británico Birchall propusieron salvar el pulmón de la paciente mediante la implantación de un "homoinjerto tubular traqueal": a partir del órgano de un donante muerto al que se le hubieran eliminado las células de la persona fallecida, se podían cultivar células procedentes del paciente, lo que suponían que podía generar una tráquea viva. Esta fue la propuesta que Macchiarini sometió a la junta de revisión institucional del hospital y al organismo regulador catalán para trasplantes:

“Ya que se trata de un procedimiento pionero, no podemos establecer con precisión las posibilidades de éxito. Cabe decir, sin embargo, que en caso de que el trasplante no evolucionara favorablemente, existiría la posibilidad de indicar la primera opción terapéutica (neumonectomía izquierda) como procedimiento de rescate, sin perjudicar el éxito de esta última opción.”

¿Alternativas olvidadas?

Un enfoque de terapia bien establecida podría haber sido la llamada bronquioplastia, similar a la operación que Macchiarini llevó a cabo en 2005 en la tráquea superior de Claudia. En teoría, la sección constreñida (que era exactamente de 2,75 centímetros de largo, tal y como me explicó el director del Clínic, Castells) podría haber sido eliminada quirúrgicamente con el fin de coser las vías respiratorias unidas en los extremos. Sin embargo, no está claro si Macchiarini y sus compañeros en Barcelona debatieron esta posibilidad, ya fuese en 2005 o en 2008.

Castells ahora me ha insistido en su correo electrónico lo siguiente: “La neumonectomía izquierda era la única alternativa al trasplante en ese momento”, y siguió citando la publicación de Macchiarini en la revista The Lancet, que declaró que "otra resección en la estructura principal" no era factible. Probablemente nunca sabremos si era cierto. Todo lo que tenemos es la palabra de hace ocho años de un ex-cirujano estrella que ahora es acusado de ser un "mentiroso patológico”.

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Células de la tráquea vistas al microscopio. Fuente: Dr. Torres Valencia (Wikimedia)

Un paciente puede llevar una vida relativamente sana y activa sin un pulmón, ya que es un órgano que tenemos por partida doble. No ocurre lo mismo con la tráquea, que es el único tubo a través del cual respiramos. Si colapsa o sufre daños, nos ahogamos y morimos. Los trasplantes de tráquea son extremadamente difíciles, debido también a ciertas peculiaridades del flujo sanguíneo que llega a este órgano. Sin suministro de sangre, cualquier trasplante biológico fracasa, como Pierre Delaere, especialista en cirugía de tráquea y crítico de Macchiarini, reitera.

Sin embargo, Macchiarini y su equipo decidieron probar el método de todas formas, ya que simplemente postularon que el cuerpo de Claudia, de alguna forma, regeneraría los vasos sanguíneos y sería capaz de revivir el órgano muerto implantado en ella. De hecho, parece que convencieron a todas las autoridades sanitarias necesarias sin presentar una sola prueba de sus extravagantes teorías sobre la biología humana básica. Castells confirmó que la propuesta de Macchiarini fue apoyada por el Hospital Clínic de Barcelona, ​​su comité de ética y la Organización Catalana de Trasplantes (OCATT):

"Los tres comités llegaron a la conclusión de que la propuesta se apoyaba en los datos experimentales anteriores y que la indicación de este procedimiento era adecuada. Estos comités también evaluaron el consentimiento informado correspondiente, que destacó específicamente los riesgos derivados del procedimiento y otras alternativas terapéuticas, y lo aprobaron“.

Los falsos cerdos

Es cierto, Claudia dio a Macchiarini su "consentimiento informado" después de que el carismático doctor le demostrase la supuesta seguridad del procedimiento, así como la eficiencia de la tecnología mostrándole unos felices cerditos en los que dijo haberla probado. Claudia creyó a su médico, pero no debería haberlo hecho. Todos los trabajos de experimentación animal fueron publicados por el cirujano mucho después de que operase a Claudia como su primer sujeto humano. Y las autoridades de Barcelona siguen negándose de forma rotunda a compartir cualquier elemento que pueda demostrar si estos experimentos con animales se realizaron alguna vez. Básicamente: no sabemos exactamente qué cerdos fueron mostrados a Claudia.

Sin embargo, la tesis doctoral del estudiante de Macchiarini Philipp Jungebluth (que intervino en todo el proceso) sugiere claramente de qué cerdos podría tratarse. Aquellos animales respiraban felizmente a través de sus propios conductos respiratorios, sin haber sido manipulados. Solamente fueron intervenidos para implantarles un pequeño trozo de una tráquea, a la que le habían retirado sus células iniciales, implantada bajo la piel de sus cuartos traseros con el fin de comprobar si se producía una inflamación (y de hecho, se produjo). Sin la disponibilidad de pruebas documentadas, ni siquiera podemos estar seguros de si los experimentos de trasplante de tráquea se realizaron de hecho en cerdos o incluso en roedores, y si se realizaron lo que en realidad se extrajo de ellos. Pero sí sabemos que Machhiarini manipuló los resultados cuando todas las ratas con tráqueas de plástico murieron miserablemente en el Instituto Carolino (Karolinska Institutet de Estocolmo). Con todo, lo que firmó Claudia no era un "consentimiento informado", obviamente estaba altamente desinformada. Como tal, es completamente inválido y constituye un incumplimiento ético, así como un crimen atroz contra una paciente.

Trasplante humano en un laboratorio de cerdos

Con la aprobación institucional y el consentimiento de la paciente, Macchiarini y Birchall realizaron su mágica intervención de medicina regenerativa. En noviembre de 2007 extrajeron una tráquea de una persona fallecida en España, para transportarla posteriormente a Italia con el objetivo de eliminar el tejido procedente del donante. El órgano, una vez descelularizado, se envió a la Universidad de Bristol, donde Birchall tenía un laboratorio en la Facultad de Ciencias Veterinarias por aquel entonces.

Aquí se llevó a cabo otra etapa éticamente muy cuestionable en el trasplante de tráquea de Claudia. Según todos los indicios disponibles, Birchall, Macchiarini y su equipo cultivaron células de Claudia de la médula ósea y de la tráquea, para sembrarlas después en la tráquea descelularizada en un laboratorio veterinario en el que se llevaron a cabo experimentos animales con cerdos. Básicamente, la tráquea de Claudia fue "regenerada" junto a cadáveres de cerdos por Tristán Cogan y Louise Rees, miembros del equipo de Jungebluth y Birchall. El equipo también utilizó reactivos procedentes de vacas para hacer crecer las células de Claudia en una placa, antes de sembrarlas en la tráquea del donante muerto dentro de un biorreactor. Una vez más, en el laboratorio veterinario de Birchall en Bristol.

Ello iba en contra de todas las normas de asistencia sanitaria en seres humanos, y supuso un gran riesgo de infección para la paciente. No está claro si Birchall hubiera realizado un trasplante de órganos para una paciente británica en su laboratorio de investigación de cerdos. Desde luego, no tenía tales escrúpulos éticos con una latinoamericana en España. Al mismo tiempo, los médicos españoles desconocían dónde estaban preparando exactamente el trasplante los británicos. A este respecto, Castells me comentó:

"Revisé toda la documentación y no hay ninguna mención a un laboratorio de veterinaria, sabíamos que era un laboratorio experimental de investigación, ya que no había ningún laboratorio clínico terapéutico disponible en ese momento”.

El origen del laboratorio veterinario de la tráquea de Claudia fue incluso señalado en el comunicado de prensa que la Universidad de Bristol retiró cuando les pregunté por ello. La institución declaró que no existen registros en todo este proceso. Tampoco sobre qué laboratorio exacto llevó a cabo el experimento.

”El departamento de investigación y desarrollo de la universidad no tiene registros en relación con los laboratorios donde el trabajo se llevó a cabo. Podemos confirmar que se llevó a cabo en los laboratorios de la Universidad de Bristol, en virtud de los acuerdos de gobierno de la Facultad. Desde entonces se han producido cambios en los miembros del personal y la estructura de la Facultad, así que no somos capaces de dar más detalles ".

Esto supone una violación atroz de la práctica de laboratorio más básica. A menos que usted esté hablando de Macchiarini y sus compañeros, por supuesto, que hicieron desaparecer toda la documentación de su trabajo después de que el profesor fuese despedido por el Instituto Carolino de Estocolmo. Ya fuese que Macchiarini y Birchall retiraran ilegalmente la documentación de Bristol hace años, o fuese destruida tan pronto como le pregunté por ella a Cogan y Rees, que aún trabajan en puestos de responsabilidad en la misma Facultad de Ciencias Veterinarias.

Mintieron a las autoridades

Aparentemente, Birchall no informó correctamente a la Agencia Regulatoria de Medicamentos y Productos Sanitarios de Reino Unido (MHRA, por sus siglas en inglés), ni a la Autoridad sobre Tejidos Humanos (HTA), sobre lo que él y sus colegas realizaban. Es muy reveladora una carta que el cirujano recibió el 9 de junio de 2008, cuyo remitente era la HTA. Se puede consultar aquí en exclusiva. Birchall engañó a las autoridades presentando a Claudia como una paciente terminal afectada por un cáncer de esófago, aunque ni ella tenía un tumor ni tampoco se estaba muriendo. Presuntamente, realizó todos los experimentos de manejo y diferenciación de las células de Claudia en su laboratorio veterinario en Langford sin tener el permiso adecuado de la HTA, que había solicitado, sin éxito, en abril de 2007. En la misiva del año siguiente, la HTA escribió a Birchall lo siguiente:

Por lo que se refiere a la HTA, por tanto, Langford es una instalación sin licencia. Desde el 2 de julio de 2008, existe un incumplimiento del permiso para obtener, procesar, examinar, almacenar, distribuir, importar o exportar cualquiera de estas líneas celulares con aplicaciones humanas. Bajo la regulación actual, Langford está almacenando y procesando células con aplicaciones humanas y, por tanto, requiere un permiso de la HTA. Aunque la experimentación se esté llevando a cabo "en nombre" del Clínic de Barcelona (que, por lo que entiendo, cuenta con una licencia de la autoridad competente en España), estos acuerdos de terceras partes no son de aplicación de forma transfronteriza más allá de los U.K. Service Level Agreements, aplicaciones sólo entre dos licencias ya establecidas. Por tanto, las actividades se están llevando a cabo transgrediendo la normativa. La HTA exige que toda la experimentación que requiera de estas licencias (procesamiento, almacenamiento, etc.) cese hasta que la instalación haya recibido el permiso correspondiente por parte de la entidad. Si los tejidos o las células están siendo almacenados actualmente en las instalaciones, deberán llegar a acuerdos para guardarlos en lugares alternativos hasta que consigan el permiso.

Birchall y su equipo nunca obtuvieron ninguna autorización para procesar la tráquea de Claudia, de hecho tampoco le dijeron a las entidades reguladoras lo que estaban haciendo en realidad. En ese sentido, infringieron diversas normativas legales y regulaciones básicas sobre seguridad médica básica, además de poner en peligro la vida de la paciente. Esto podría incluso constituir un delito.

Cualquiera que fuera el efecto que tuviera la carta de la HTA en Birchall y Macchiarini, lo cierto es que al día siguiente, el 10 de junio de 2008, la tráquea fue trasladada en avión a Barcelona mediante un vuelo privado, y fue trasplantada a Claudia dos días después, el 12 de junio, por Macchiarini y Birchall. La fecha del vuelo fue mantenida en secreto hasta ahora por todas las partes implicadas, hasta que la Universidad de Bristol se vio obligada a revelarme la información. Ello se debe a una pista falsa creada oficialmente poco después de la operación para ocultar las pistas en el laboratorio de cerdos de Birchall. Otro comunicado de prensa de la Universidad de Bristol, dos años después de la operación, declaró:

"En un laboratorio en Bristol, las células madre extraídas de la médula ósea de Claudia crecieron y se diferenciaron en las células del cartílago. Un equipo médico en Barcelona utilizó entonces una incubadora para cultivar las células de Claudia y hacer que crecieran en la tráquea descelularizada. Después el órgano fue implantado en la joven.

Esto no era más que una mentira descarada de la Universidad de Bristol. Castells me declaró:

"Bristol nos envió la tráquea y no llevamos a cabo ningún tipo de manipulación celular en nuestro centro. La tráquea se envió inmediatamente antes del trasplante”.

Sin embargo, aparentemente el Hospital Clínic de Barcelona nunca llevó a cabo ningún acuerdo formal con la Universidad de Bristol sobre qué era exactamente lo que iba a recibir. Los médicos españoles parecen haber confiado en la palabra de Birchall y Macchiarini, cuando les aseguraron que la tráquea sería generada en un laboratorio adecuado y médicamente seguro, y nunca pidieron pruebas o certificados al respecto. Como ha admitido ahora Castells, después de hablar con la Asesoría Jurídica del Clínic:

"Ellos no tienen esta documentación. No puedo asegurar que no hayan existido [esos documentos], pero al menos no se presentaron".

El avance de las células madre

Para el Hospital Clínic de Barcelona no fue muy inteligente, en este sentido, asumir el grueso de la responsabilidad de desarrollar el órgano a partir de células madre, cuando ya lo había recibido listo para ser implantado sin contar con toda la documentación. Así y todo, el hospital presumió de nuevo en 2008 de haber realizado la recelularización de la tráquea en un biorreactor de sus instalaciones. Algo que incluso podría haber sido correcto, incluso durante las horas previas a la operación. Sin embargo, teniendo en cuenta las fechas anteriores y los marcos temporales que los autores proporcionaron en el artículo, publicado en The Lancet por Macchiarini et al en 2008, la siembra y el cultivo de las células epiteliales procedentes de las vías respiratorias de Claudia sobre el órgano descelularizado tuvieron lugar en Bristol, en el laboratorio veterinario no autorizado de Birchall.

Lo mismo ocurrió con la diferenciación de las células de la médula ósea en células de cartílago, denominadas condrocitos, un experimento supervisado por el luego profesor de Bristol Anthony Hollander (aquí puede verse la nota de prensa que la Universidad de Bristol suprimió). La tecnología fue comercializada por la compañía privada de Hollander, Azellon Cell Therapeutics, desde 2007, pero nunca despegó. Tal vez encontró el aspecto científico que quería y lo que fue implantado en el trasplante de tráquea de Claudia probablemente no era tejido cartilaginoso. En cualquier caso, Hollander afirmó lo siguiente en una entrevista en 2010 con el British Medical Journal:

"Yo era el responsable de la extracción de células madre de la médula ósea de Claudia y de sus condrocitos en cultivo. Estos fueron trasladados a Barcelona con células epiteliales cultivadas por Birchall, donde fueron sembradas en una tráquea de cadáver descelularizada para dejar solo un "andamio" de colágeno. Luego se implantó en Claudia en junio de 2008, y el resto es historia."

Al parecer, o todo el mundo estaba sufriendo un engaño masivo, o simplemente estaban mintiendo. De todas formas, después el engaño fue olvidado, ya que la vida de la joven fue milagrosamente salvada por los valientes cirujanos Macchiarini y Birchall, pioneros en la investigación de células madre. Pero esto también era mentira.

Lo que ocurrió tras el trasplante de tráquea del 12 de junio fue de hecho parte de la historia médica, pero no en el buen sentido. Pronto resultó ser un desastre médico previsible: el trasplante de tráquea de Claudia fue un fracaso total. En el artículo publicado en The Lancet en 2014, que incluso la investigación de Castells demostró que era erróneo, Macchiarini admitió que un año después de la operación, Claudia tuvo que ser salvada en varias ocasiones con un stent en sus vías respiratorias, un método que no le había funcionado bien con anterioridad. Macchiarini y su equipo también reivindicaron en 2014 haber estado monitorizando a la paciente "cada tres meses". Pero Castells especifica:

"Cuatro meses después del trasplante, la paciente inició un seguimiento en una nueva institución y, en consecuencia, no teníamos noticias sobre ella. En febrero de 2014, la paciente fue admitida en nuestro departamento de Cirugía Torácica por una insuficiencia respiratoria aguda y atelectasia total [colapso,-LS] del pulmón izquierdo. En la broncoscopia, era evidente que había un colapso bronquial del 80%. La paciente indicó que durante los cinco años anteriores había sido tratada con múltiples stents bronquiales, la mayoría de ellos bioabsorbibles. En este contexto clínico, decidimos colocar un stent de silicona y un pulmón logró recuperar su volumen“.

Sin embargo, era demasiado tarde. En julio de 2016, Claudia fue sometida a una amputación de pulmón. Por fortuna, fue la única paciente de Barcelona que Macchiarini sometió a un trasplante de tráquea, ya que no se llevó a cabo una segunda operación por una serie de trámites técnicos. Desde entonces, ¿qué pasó con los milagrosos médicos de Claudia?

Tecnología milagrosa

Macchiarini y Birchall pasaron a promocionar el presunto éxito de su tratamiento y a impulsarse mutuamente en sus carreras. Ambos fueron bañados económicamente con fondos públicos y jaleados como héroes, mientras que más pacientes eran tratados con trasplantes de tráquea de cadáver descelularizadas, y luego de plástico.

Macchiarini se fue de Barcelona en 2009 y comenzó a realizar toda una lista de trasplantes de tráquea con la magia de las células madre en el hospital Careggi en Florencia, Italia. Los verdaderos destinos de la mayoría de estas personas son desconocidos (se sabe que algunos han muerto). Después de que sus compañeros italianos protestaran contra Macchiarini, utilizó la ayuda de Birchall con una carta de referencia para obtener una plaza de profesor en el Instituto Carolino (Karolinska Institutet). El resto es historia: el Gobierno sueco despidió a la cúpula de la prestigiosa entidad, vinculada con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, por negligencias tras la muerte de dos pacientes operados por Macchiarini.

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Corredor del interior del Hospital Clínic de Barcelona. Fuente: Salvador Altimir (Flickr)

Junglebluth siguió a su maestro por todas partes, hasta que el escándaló estalló y tuvo que trasladarse al Hospital Universitario de Heidelberg, que recientemente le despidió. Al igual que ocurrió con Birchall, el cirujano italiano fue uno de los revisores que le ayudó a obtener la plaza que había solicitado en el University College of London. Desde entonces, el médico británico dejó de experimentar con cerdos y comenzó a hacerlo en humanos. La Unión Europea financia en la actualidad su ensayo pan-europeo para trasplantar a decenas de pacientes usando un método muy similar al que probó en Claudia. La tecnología de Macchiarini, que empleaba una tráquea de cadáver descelularizada, no se ha puesto todavía en duda y, oficialmente al menos, el trasplante de Claudia sigue siendo presentado como un éxito. Según esta versión, fue Claudia la que falló a sus médicos, ya que su cuerpo rechazó el injerto milagroso como no debería haberlo hecho.

Esto es lo que Pierre Delaere, su único crítico, dice como conclusión:

"El problema con el concepto de regeneración traqueal, promocionado como un éxito, es que es teóricamente imposible. No hay fundamento científico alguno para asumir que las células madre podrían apoyar la regeneración del tejido de las vías respiratorias en este microambiente. Además, incluso si se genera un órgano similar a la tráquea, fallaría de forma irrefutable tras la implantación si el suministro adecuado de sangre no es restaurado. […]

¿Cómo es posible que en enfoque médico, carente de toda teoría científica o fundamento empírico, acabe siendo reconocido como un gran avance clínico? Puede haber dos razones. En primer lugar, el hype por las células madre. Las células madre han adquirido un estatus "sobrenatural" como potencial terapia clínica. En segundo lugar, la tráquea no se ve a simple vista, algo que ha sido utilizado como una excusa para la evaluación clínica incompleta, lo que facilita informes fraudulentos. Los informes de seguimiento a corto y largo plazo sobre la tráquea desarrollada por ingeniería de tejidos pudieron ser publicados porque la paciente retuvo el stent durante todo el transcurso del tratamiento.

Eliminar estas afirmaciones engañosas acerca de la regeneración traqueal de la literatura es un requisito ineludible para restablecer la credibilidad en los campos de investigación relacionados con la terapia de células madre y la ingeniería de tejidos. Además, la comunidad médica debe reflexionar sobre los posibles enfoques para evitar la publicidad engañosa en el futuro".

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