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El chico que vio demasiado: Iglesia y corrupción en Tijuana

Carlos Adrián lleva casi tres años en la cárcel de Tijuana, acusado de planear el secuestro del padre Juan Carlos Ackerman. Según su familia, el joven está encarcelado por ser testigo de los actos sexuales del mejor amigo de Ackerman, el padre Enrique Tenorio, quien fue acusado de pederastia meses después del arresto.

Por 8/12/16

Cuando el Papa Francisco visitó Ciudad de México en febrero año pasado, Lucía Durán viajó desde Tijuana para verlo. Cuando el Papa Francisco pasó por la Calzada de Guadalupe para dar misa en la Basílica, Lucía Durán llegó a las 7 de la mañana para estar en primera fila cuando el Pontífice pasara por su lado.

Llevaba una pancarta en la que decía: “JUSTICIA. Santo Padre mi hijo está en la cárcel injustamente por un sacerdote pederasta. Tijuana”. Además, escribió una carta para darle al Papa explicando el caso de su hijo menor.

Carlos Adrián Zavala Durán ingresó en el penal de Tijuana en enero de 2014, acusado de orquestar el secuestro del cura Juan Carlos Ackerman, párroco de la Iglesia San Toridio en Tijuana. Según el acusado y su madre, Lucía Durán, el joven fue encarcelado por ser testigo de los actos sexuales del padre Juan Carlos Tenorio, amigo íntimo del supuesto secuestrado.

La historia de Carlos Adrián

Cuando Adrián tenía 19 años, empezó a trabajar en la parroquia del padre Enrique Tenorio ayudando al cura en la limpieza y mantenimiento. El joven empezó a vivir en la parroquia para ahorrarse el dinero del transporte diario desde su casa, y allí empezó a hacer amistades con los otros jóvenes que vivían en el lugar.

A todos los llamaban con motes, como El Perro, Gunter o El Risas. Sus funciones eran las mismas que las de Carlos Adrián pero, según explica el acusado, ellos hacían algo más.

"¿Qué crees, que somos trabajadores, o qué?", recuerda el joven que le preguntaron los otros trabajadores de la parroquia. El pequeño de los Zavala empezó a ver cómo el padre Tenorio trataba a estos hombres, de entre 18 y 20 años, con sumo cariño, y les regalaba zapatos de marca o consolas PlayStation. Tiempos después, se dio cuenta de que el padre nunca dormía solo por las noches.

"En una ocasión me dejé mi celular [en el cuarto] donde estaba la computadora y cuando fui a buscarlo vi que el padre le estaba haciendo sexo oral a El Risas en la silla de la computadora. Cuando entré, paró rápido", explica Carlos Adrián Zavala Durán a Hipertextual vía telefónica desde la cárcel de Tijuana.

Además de mantener relaciones sexuales con los trabajadores mayores de edad de la Parroquia de la Asunción, Zavala Durán también fue testigo de cómo llevaban al párroco niños menores de edad para que este se acostara con ellos. Aclara que la mayoría de ellos se veían sucios y procedentes de familias con pocos recursos.

El joven nunca había sido testigo ni había conocido nunca ningún caso como este en Tijuana. Siempre había confiado en los curas, quienes le habían ayudado en la mayoría de los casos como hizo el padre Tenorio cuando le dio un trabajo en la parroquia. Pero esta vez fue diferente.

En más de una ocasión, el padre intentó besar en la boca a Carlos Adrián o meterse en la ducha con él, actos que el joven siempre consiguió evitar.

Los vecinos del padre Tenorio le tenían por un hombre honrado y muy comprometido con la sociedad, ya que acogía a personas de la calle y drogadictos en su parroquia para que vivieran con él y pudieran tener un techo donde dormir y comida. "Cuando convives dentro te das cuenta de lo que realmente pasa", afirma Carlos Adrián.

Lucía Durán fue la primera y única persona que supo lo que pasaba en la parroquia donde trabajaba su hijo, quien le contó los actos sexuales de los cuales fue testigo.

Semanas después, Carlos Adrián fue acusado por el padre Tenorio de robar la caja fuerte de la parroquia junto con todo el dinero y objetos de valor que había dentro. Después, Zavala fue despedido por el cura por no hacer realizar su trabajo de manera adecuada. El joven desmiente las dos acusaciones por parte del padre.

El inicio de la pesadilla

Frontera.info

Casi un año después de su despido, Carlos Adrián Zavala Durán había encontrado un nuevo trabajo en un café Internet en Mexicali propiedad de su tío, quien vivía en la capital de Baja California Norte.

El 22 de enero de 2014 entraron unos policías al local, arrestaron a Carlos Adrián, y se lo llevaron en una Cherokee con un trapo negro cubriéndole la cabeza. Estuvo dos días en la delegación de Mexicali sin comida ni agua. Los policías afirmaron en su declaración que lo arrestaron con drogas, otro hecho que Carlos Adrián niega.

En su tercer día de detención, Zavala fue esposado con las manos hacia atrás y tendido boca abajo en el coche que lo transportaría hasta Tijuana. A sus lados, dos hombres le golpeaban: "Ya sabemos que el padre es gay y es mejor que hables. Coopera con nosotros y di que tú fuiste y todo será más fácil", le decían las autoridades.

Zavala no sabía que en ese momento le estaban hablando del secuestro del padre Juan Carlos Ackerman, amigo del Padre Tenorio, y que él era el principal sospechoso.

Cuando llegó a Tijuana, a Carlos Adrián le pusieron una bolsa en la cabeza y le golpearon en el estómago. Le avisaron que le llevarían con el abogado para que firmara, pero el acusado no sabía de qué le estaban hablando y se negó.

Zavala Durán recuerda desde la cárcel:

Me esposaron con los brazos abiertos colgado mientras me golpeaban. Siempre estuve vendado de los ojos y nunca los miré.

El hijo de Lucía Durán acabó refrendando, después de varias torturas, el papel que los policías querían que firmara. Se trataba de la declaración en la que Carlos Adrián reconocía ser el autor intelectual del padre Juan Carlos Ackerman.

Zavala Durán lleva en la cárcel desde su aprehensión en enero de 2014. Se cumplirán tres años desde que entró en la cárcel y, a día de hoy, todavía no ha podido declarar en un juicio ni ha tenido un careo con el padre secuestrado.

El secuestro del padre Ackerman

La noche del 15 de octubre de 2013, el padre Ackerman se encontraba en su domicilio cuando los supuestos secuestradores llamaron a su puerta pidiéndole consejo sobre una supuesta celebración cristiana. Con esa excusa, se lo llevaron al domicilio de uno de ellos. En el lugar, le confirmaron que estaba secuestrado y que pedían 30.000 dólares por su rescate.

A la mañana siguiente, la policía encontró la casa en la que se encontraba y se inició un tiroteo entre los supuestos secuestradores y las autoridades, que acabó con el arresto de cuatro personas.

Cuando la policía entró en la casa en la que se encontraba el padre Ackerman, el párroco pensaba que se trataba de otros secuestradores. "Yo estaba pegado en una esquina del cuarto y de repente rompen la puerta y entra un señor y dice "¿quién es usted?" y le digo, yo soy el padre. "Por usted venimos, somos la policía municipal", recuerda Ackerman en entrevista televisada con Frontera.

Ackerman afirma que perdona a sus secuestradores, pero que no fomentará su liberación porque son personas que harán daño a la sociedad. Después de lo ocurrido, el padre afirma que ha tenido que someterse a un tratamiento psicológico que le ha ayudado a superar lo ocurrido. Sin embargo, recalca que no quiere ver a las personas que le han causado tanto daño y que "cuando arrestan al jovencito [Carlos Adrián Zavala Durán] yo empiezo a sanar".

Según las declaraciones del padre en la entrevista, cuando tuvo que reconocer a sus secuestradores con fotografías, la abogada le mostró la de Carlos Adrián, y le explicó que este chico fue el autor intelectual del secuestro y que fue él quien avisó a los secuestradores de que la familia Ackerman tenía dinero para pagar un rescate.

Lo conozco desde que estoy en la parroquia hace 6 años y conozco a su familia. Es una buena familia, estoy sorprendido

Pensé mucho en la mamá [Lucía Durán], una persona espiritual que trabajó muy bien en mi parroquia. El muchachito, su hijo, fue quien me hizo esto. Me duele, me compadezco, me da mucha lástima.

Por su parte, Lucía Durán explica en entrevista con Hipertextual que desde que su hijo le explicó las relaciones sexuales del padre Enrique Tenorio con niños y adultos, ella fue dejada de lado en su trabajo en la parroquia del Padre Ackerman.

Según Durán, el padre ya ni le "miraba a la cara" mientras ella realizaba sus labores en la Santo Toridio. La madre de Carlos Adrián está convencida de que el secuestro del padre Ackerman fue una farsa planeada para meter a su hijo en la cárcel y que este no pudiera explicar lo que vivió mientras trabajó para el padre Tenorio.

La mañana después del secuestro, Aníbal Elenes Peña, Sergio Erick Castañeda, Jesús Manuel Salazar López y Selene Jazmín Ruiz Camacho fueron detenidos. Tres meses después, Carlos Adrián fue apresado en Mexicali.

Una quinta persona, llamada Dylan, también está implicada en el secuestro, pero todavía no ha sido encontrada por las autoridades.

El nexo entre Carlos Adrián y los secuestradores

Cuando Carlos Adrián Zavala todavía trabajaba con el padre Enrique Tenorio, quiso comprarse una moto. Una persona que vivía en su misma urbanización, le comentó que el sobrino de un vecino, llamado Dylan, vendía una moto y los puso en contacto.

Cuando se reunieron, Dylan le enseñó su moto y Carlos Adrián se mostró interesado. Sin embargo, el vendedor le explicó que antes de venderla tenía que consultarlo con unos amigos, con los que compartía el vehículo.

Días después, Dylan llamó a Carlos Adrián y le dijo que lo acompañara a comer a un restaurante donde se encontraba con los otros dueños de la moto. Carlos Adrián acudió al lugar y discutieron sobre las condiciones de compra.

La moto tenía una avería y la reparación le costaba prácticamente lo mismo que comprar una nueva, así que Carlos Adrián decidió que no compraría la moto.

Antes de irse, el grupo se tomó una fotografía. Dylan, sus amigos y Carlos Adrián. Esos amigos fueron los acusados por el secuestro del padre Ackerman y la fotografía bastó como prueba para relacionar a Zavala con los secuestradores.

Los cuatro detenidos afirmaron en su juicio que ellos solo conocieron a Carlos Adrián una vez, el día de la comida con Dylan, y negaron en todo momento que el chico fuera el autor intelectual del secuestro del párroco.

Hasta la fecha, Carlos Adrián no ha tenido un juicio en su contra ni ha podido tomar declaración para contar su versión de los hechos. Tampoco ha tenido un careo con su supuesta víctima, el padre Ackerman, ya que este declaró que no quería ver ni al joven ni a los otros presuntos secuestradores.

El caso

El abogado de Carlos Adrián, Miguel Ángel Escobosa, afirma tener una defensa sutil y haber esperado un tiempo a seguir con el caso porque desde sus inicios estuvo muy "marcado políticamente", explica el licenciado para Hipertextual.

El padre Ackerman conoce al que era en ese momento Secretario de Gobierno y ahora es Secretario de Salud, Guillermo Trejo Dozal, quien estuvo preso por tres meses en el Cereso de Mexicali acusado de formar parte de una empresa perseguida por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Mónica Redondo

La relación de amistad entre el párroco y el secretario no pude ser confirmada, pero el abogado sí reconoce ciertos vínculos que hicieron la defensa de Carlos Adrián y los otros 4 supuestos secuestradores mucho más complicada.

Casi 3 años después del inicio del caso, Escobosa se prepara para reunir todas las pruebas a principios del año 2017 y empezar a trabajar activamente en la liberación de Carlos Adrián.

"Existen contradicciones entre lo que el padre dijo para la prensa y lo que declaró en el Ministerio Público", subraya el abogado. Por ejemplo, en la entrevista televisada por Frontera, Ackerman sostiene que fue él quien ayudó a Carlos Adrián a entrar en la universidad. Sin embargo, fue otro Padre que trabajaba en la escuela del joven quien contactó con la universidad y le consiguió una beca para que pudiera pagar sus estudios. (5:08-5:21)

Por otro lado, Miguel Ángel Escobosa admite que también sospecha del secuestro llevado a cabo al padre Ackerman puede tratarse de un autosecuestro.

Suponemos que esto [el secuestro] se armó para mantener callado a Carlos Adrián pero no lo podemos probar, lo que tenemos que probar ante el juez es que no fue él quien lo hizo

Otro de los hechos difíciles de probar son las torturas realizadas a Zavala Durán en el momento de su detención y en los días posteriores, aunque el abogado señala que son cuestiones que solo alargarían el proceso y que no ayudarían a la liberación del chico. Según Miguel Ángel Escobosa, condenar a un policía por torturas es "más difícil que tener una audiencia con el Papa".

Admite, además, que la manera en la que detuvieron a Carlos Adrián es, por desgracia, común en México. Acusan a una persona por un delito cualquiera (en el caso de Carlos Adrián, por posesión de drogas) y luego indagan durante 48 horas otro delito mientras lo torturan. Con este método, pueden detienen a alguien sin tener orden de aprehensión.

Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), en 2012 hubo en México 2.114 denuncias de torturas y 11 fueron admitidas como tales. En 2013, la cifra de denuncias fue de 1.505 y se admitieron 13.

Un informe de Amnistía Internacional afirma que el 64% de las personas que entrevistaron para el documento tienen miedo de sufrir tortura si son detenidos.

Tener números actualizados y redondos sobre el número de torturados en México a manos de la policía es prácticamente imposible. La mayoría de casos ni siquiera son reportados o no son condenados por los juzgados.

Una de las tácticas del abogado para liberar al presunto autor intelectual del secuestro del Padre será probar que la declaración que firmó Zavala Durán durante sus torturas no tiene vigencia. Los policías aplicaron las mismas torturas a los cuatro presuntos secuestradores para que firmaran otra declaración en la que afirmaban que Carlos Adrián era el autor intelectual. Escobosa intentará probar que ambas declaraciones no son vinculables al presunto delito cometido.

La otra prueba que tiene el Ministerio Público son las acusaciones del padre Ackerman, que también son sospechosas, ya que el Padre nunca vio al hijo de Lucía Durán durante su supuesto secuestro.

El abogado está recopilando todas estas evidencias para el caso de Carlos Adrián y poder presentarlas en el momento indicado. Respecto a su posible liberación, Escobosa afirma: "En sentencia, no. En apelación, tal vez. En amparo, estoy seguro".

De que salen, salen. El problema es cuánto tiempo tarden en salir

Cinco meses después de la detención de Carlos Adrián, el padre para el cual trabajaba, Enrique Tenorio, fue investigado por pederastia junto con otros cuatro párrocos más. La investigación se llevó a cabo en el Vaticano y concluyó en agosto de este año, dos años después de su inicio.

Los cinco padres fueron removidos de sus Iglesias para poder llevar a cabo la investigación. En agosto, los sacerdotes quedaron absueltos por falta de denunciantes y testigos. Todos fuero devueltos a sus iglesias, menos Enrique Tenorio, al que todavía no se le ha asignado una parroquia en Tijuana.

Lucía Durán esperó casi nueve horas a que el Papa pasara con el Papamóvil por la Calzada de Guadalupe. Llevaba consigo todos los documentos que reunió hasta el momento para intentar demostrar la inocencia de su hijo, además de la carta de once páginas en la que explicaba lo que ocurrió desde que Carlos Adrián entrara a trabajar con el Padre Tenorio.

Finalmente, José Maria Bergoglio pasó por delante de ella demasiado deprisa como para leer su pancarta. Tampoco pude entregarle su carta. Pero Lucía Durán habló con todas las personas que se le acercaron para hablar del caso de Carlos Adrián, su hijo de 24 años que lleva casi 3 en la cárcel por un delito que según ella nunca cometió.