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José M. Cabiedes: «Hay un síndrome de Peter Pan en muchos emprendedores»

- Sep 21, 2015 - 11:34 (CET)

Ficha del entrevistado

José Martín Cabiedes

josé martin cabiedes

José Martín Cabiedes es un empresario español, y profesor en IESE Business School, que se encuentra detrás del fondo de inversión en startups Cabiedes & Partners. Allí trabaja junto a su hermano, Luis Martín Cabiedes. Juntos gestionan el patrimonio y los activos familiares, entre los que se encuentra la agencia de noticias Europa Press.

José Martín Cabiedes es uno de los miembros del fondo de inversión familiar Cabiedes & Partners. Posiblemente uno de los que cuenta con más trayectoria en nuestro país, con más de 60 inversiones, pero también uno de los más estrictos a la hora de elegir sus objetivos. Fruto tal vez de la visión pragmática de sus fundadores. En esta entrevista nos habla de su visión y estrategia.

Hace apenas unos días hicisteis pública vuestra primera inversión en Startupxplore, ¿cómo se produce esta operación?

Yo creo que puede ser un ejemplo de cómo hacemos las cosas. Nosotros cuando vamos a llevar a cabo una inversión buscamos tres grandes elementos. La primera es el modelo de negocio: Startupxplore está empezando ya a transaccionar en un mercado que está llamado a ser muy grande, que es el de la facilitación del acceso del pequeño inversor al mundo de las startups, y además, entra en el mundo de la analítica entre medias de CBInsingts y Angel List. Ese modelo de negocio tiene además sus economics, que hemos podido ver y nos convencen. Con esto quiero decir que no invertimos en Startupxplore porque sea bonita, porque queda bien o porque queremos ser la plataforma más grande de Europa. No, lo que queremos es ser la más rentable, y aquí hay un ejercicio claro de rentabilidad.

El segundo elemento tiene que ver con el equipo y con los inversores. Nosotros tenemos una muy buena relación con el equipo y con los business angels. Ellos han visto el nacimiento de esta compañía muchos meses antes que nosotros, y nos sentimos bien con ellos y creemos en su criterio. Ellos se involucran más en el día a día de la empresa, en el acompañamiento del emprendedor y nosotros somos mucho más ajenos. Javier Megías, fundador de Startupxplore, ya no es un niño, sabe lo que hace y cómo, no pretende ser el más grande, ni el más guay, ni el más rico. Hace las cosas como a nosotros nos gustan.

Y el tercer punto: ¿cómo de invertible es este negocio para nosotros? No exige un coste de capital enorme, que es un tipo de modelo de negocio en el que se ve el dinero pronto y no hace falta muchísimo para llegar a ser grandes. Eso lo que nos gusta. Ante lo cual, hemos hecho lo que hacemos siempre: poner una cantidad de dinero relativamente pequeña, conocer la compañía y estar preparados para hacer una apuesta de negocio mucho más grande en el futuro si la compañía lo necesita y el mercado nos da la razón.

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Entonces, ¿esta es la estrategia de inversión que seguís siempre?

No puede haber otra diferente a la que llevamos nosotros. Cualquier gestor fiduciariamente responsable tiene que conocer dónde invierte. Yo tuve una experiencia con el boom de los derivados más sofisticados entre 2004 y 2008, y de esa etapa me quedó algo muy claro: no inviertas en lo que no entiendes. Lo tengo grabado a fuego. Saber qué se vende, por cuánto, a quién, cómo y cuánto dinero ganas con ello. En otro tipo de cosas yo no sé invertir, otros sí, pero yo no.

Al final, lo bonito en el mundo de la inversión es que hay de todo, como en botica. Hay muchos modelos de gestión de inversión, uno no es mejor que otro. Solo el tiempo lo dirá, y veremos dentro de cinco años lo que pasa. A priori no tenemos por qué prejuzgar las diferencias. También te digo que llevamos en esto desde 1998, y yo no prejuzgo el futuro, pero yo me baso en qué modelo de inversión nos ha funcionado a nosotros en el pasado y por el que nos seguimos basando, con el que llevamos más de 60 inversiones. Es un modelo muy sencillo: invertir una cantidad pequeña hoy a partir de un análisis lo más exhaustivo posible, porque hay que entender que las inversiones en startups son marginales y la capacidad analítica de un inversor sobre una startup es limitada.

El mundo de las startups se desarrolla en un ambiente de enorme incertidumbre, pero el futuro hay que construirlo desde el principio y eso solo se hace entrando pronto en esas startups y viendo cómo el emprendedor lo construye con todos los problemas que se va encontrando. Y luego, en cuatro, cinco y ocho meses, cuando hay que hacer una inversión relevante, ya sabemos cómo trabaja ese emprendedor, qué hace y cuáles son sus cifras. Esa segunda inversión es la relevante, porque alcanzamos más nivel de profundidad que en la primera. Por eso seguimos la idea de firmar cheques pequeños a pesar de que lo que veamos nos guste mucho, y firmar cheques grandes sólo cuando lo que veamos se vea mucho y se vea bien.

¿Cómo se mide el éxito de una inversión?

Pues en múltiplos de capital invertido. No hay otra. Esta pregunta es la más fácil. El cociente entre la inversión y el retorno.

¿Y el éxito de un fondo?

Pues también. Exactamente igual. Quizá en este caso lo importante es el múltiplo al capital invertido en el período y de toda la cartera. Todos los fondos de inversión van a tener operaciones muy buenas; algunas serán excelentes y otras solo muy buenas. Pero lo importante no es eso. Lo importante es ver portafolios muy buenos y analizar el retorno final.

Esto ocurre mucho en nuestro segmento: "es que tal o cual ha hecho esta operación, y mira qué buena es". Yo la miro y digo "pues sí, ya me gustaría a mí haberla hecho", pero al final esto no es una operación, es un grupo de muchas. Nosotros tenemos dos portafolios completos, un tercero muy avanzado y un cuarto en proceso, y ya sabemos lo que es vender ciclos completos de un fondo y lo difícil que es conseguir múltiplos agregados.

Blablacar.

Yo soy un inversor financiero en Blablacar, por lo que te puedo dar una opinión en primera persona sobre el resultado financiero que ha supuesto esta inversión para nosotros. No tengo adjetivos para definirla: completamente sobresaliente, inesperada, aunque buscada, pero no podemos buscar eso en todas las inversiones. Alguna nos saldrá, pero siendo razonables, no podemos buscar los múltiplos que hemos obtenido en Blablacar.

Respecto a la polémica de estos últimos días. Personalmente creo que no podemos ponerle puertas al campo, creo que la economía colaborativa ha venido a quedarse pero lo que nos rodea no está adaptado al entorno digital y hay que prepararlo para la vida colaborativa, y eso no se hace de la noche a la mañana.

Esa es la mayor victoria, ¿y el mayor fracaso?

Nosotros hemos hecho decenas y decenas de inversiones que han retornado a cero, que hemos perdido todo. Pero nunca son un fracaso, nunca la operación es un fracaso. Son fracasos aquellas en las que después de muchos meses con nuestra estrategia hemos tomado modelos de negocio e inversión determinados y estos no han salido bien. Nuestras segundas y terceras rondas que no salieron bien, y bueno, todos los inversores tenemos nuestras cicatrices. Yo recuerdo Nonabox, por ejemplo, como procesos en los que nos salieron mal las cosas y en el que los inversores tendríamos que haber sido más previsores de lo que fuimos.

Al final lo que falla es siempre lo mismo. Nunca es el emprendedor ni las premisas, es que el mercado no nos da la razón, y en lo que fallamos es en no ver eso. El único juez que éxiste es el mercado. Nuestro trabajo es verlas, y algunas veces no las vemos porque estamos cegados por modas, tendencias, hypes... Y el mercado siempre te da señales. Va a cambiar -piensas- pero rara vez cambia, o por lo menos no cambia con dinero. Es imposible modificar el mercado con dinero. Puedes transmitirle a más partes del mercado que existes, pero si tus cifras no son buenas y el mercado te dice que no, es que no.

¿Cómo se puede cambiar el mercado entonces?

Se puede hacer con modificaciones del producto, a través de otros canales. De hecho, nuestros emprendedores lo hacen continuamente. Porque la clave del emprendimiento es recibir esos mensajes y adaptarse a ellos. Además, el mundo de las startups es el proceso más darwinista que conozco. Solo sobrevive el que se adapta al entorno.

Después de una inversión fallida ¿Cómo se afronta la siguiente?

Creemos mucho en nuestros procesos de inversión, y pensamos que el nuestro es relativamente estable y no lo cuestionamos. Cuando nos lo cuestionamos es más fruto por una tendencia del mercado, todo ajeno a deals concretos. De hecho, ahora mismo estamos en un punto de replanteamiento, mirando en qué medida ha cambiado el mercado y cómo se adapta nuestro modelo al entorno, y si hay que modificar algún parámetro. Pero no tienen nada que ver con los éxitos de tal o cual inversión.

Intentamos ser reflexivos y analíticos. No nos dejamos arrastrar por una sensación de euforia o de pesadumbre. Aunque tengamos nuestro corazoncito, intentamos ser fríos y calculadores.

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¿Cómo se elige un objetivo de inversión?

Nosotros dedicamos una cantidad de tiempo importante a exponernos al mundo de los emprendedores. A dar charlas en incubadoras. Ambos socios somos profesores en escuelas de negocio, y allí vemos como florecen nuevos proyectos. Y también a través de nuestra relación con los business angeles, que están en una etapa anterior a la nuestra. Somos muy transparentes, muy abiertos e intentamos responder a todos los emprendedores que nos hacen una llamada. Cualquier emprendedor que tenga una buena idea de negocio, que está reflexionada, trabajada, meditada... siempre vamos a intentar sentarnos, que es cuando más aprendemos de ellos.

A partir de ahí entra en proceso el estudio analítico y hablamos de la viabilidad del proyecto, qué sentido tiene eso en nuestro modelo de negocio y si entendemos el producto.

¿Es fácil convenceros?

No [risas]. A ver, estadísticamente es muy difícil. No somos duros ni agresivos y tratamos bien a todo el mundo. Es un proceso agradable intentar convencernos. Pero el resultado es estadísticamente muy bajo.

¿Qué es lo que determina vuestra inversión?

Partimos de la base de que nosotros no seleccionamos ideas, porque no sabemos, nosotros vamos ya a empresas, a realidades. Pero lo que nos puede echar para atrás son sus datos. Sin más. Luego ya está el equipo, modelo de negocio...

De hecho, nosotros nos hemos dado de baja en los demo-days. Porque allí vemos una expresión maravillosamente expuesta de una idea o de algo que se quiere hacer. Y nosotros no sabemos discriminar lo bueno y lo malo a ese nivel, nosotros nos basamos en cosas monetizables y numéricas. Es más, yo suelo decir que a nosotros se nos convence con una E y dos palitos cruzados por delante [€]. Si el diálogo incluye eso, sí, si no... no hay nada que hacer. Que no digo que su idea sea mala, solo que nosotros no sabemos analizarla.

¿Os fijáis en algún momento en el retorno social de la empresa, o solo en cifras?

Si le preguntas a José Martín Cabiedes, sí, miro el retorno social. Si le preguntas a Cabiedes & Partners, no. Somos un vehículo de inversión financiera que busca un retorno financiero. Por supuesto, tenemos un punto de vista ético, pero básicamente buscamos la rentabilidad financiera.

El mundo de las startups es un mundo precioso y hay que vivirlo. En él se pasan momentos muy duros, pero nosotros somos inversores financieros y nos dedicamos a eso. Yo me dedico a construir un mundo mejor en mi tiempo libre, pero no en mi vida profesional. Muchos inversores, entre ellos mi familia, me dan cierta cantidad de dinero al mes para que saque rentabilidad financiera y yo tengo claro cuál es mi objetivo.

El origen familiar de los fondos, ¿pesa mucho más en las decisiones para invertir?

Sin duda. Yo creo que en el mundo de la inversión tenemos a los que invierten su dinero o los que invierten el dinero de otros. En nuestro caso, el 40% tiene nuestro apellido. Yo este verano me he ido de viaje familiar para celebrar el exit de Blablacar. ¡Familiar! Por supuesto, dimos el reporte formal a nuestros socios, pero luego lo celebramos toda la familia.

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¿Qué visión tiene Cabiedes de las startups en España?

Hay dos grandes tendencias: una estructural y una cíclica. En 2015 el ecosistema de startups españolas se ha desarrollado mucho en España y eso es muy bueno para la economía, sobre todo porque está habiendo retornos importantes. Otra cosa es que estamos en un momento cíclico y nos estamos planteando la disponibilidad de capital. Eso no es tan bueno. Digamos que sería ingenuo pensar que estamos ajenos a los ciclos. La clave es saber cuánto hay de estructural y cuánto de cíclico. Saber si es una desaceleración o un endurecimiento del acceso al capital.

En Cabiedes nos gustan las startups que no necesitan más de nosotros, precisamente porque empezamos a ver que hay un parón cíclico y no queremos que eso afecte a nuestras empresas. Y estamos obsesionados con reducir el consumo de caja, invertir en consumos livianos, en empresas que puedan sobrevivir a períodos de escasez de capital. Que se van a producir, dentro de seis meses o un año o cuando sea -intuyo que más pronto que tarde- pero si no pasa, al final esas compañías saldrán muy bien. Puede que no crezcan tan rápido, pero crecerán mejor.

¿Burbuja tal vez?

Bueno. La famosa burbuja [risas]. Uno empieza a ver ciertas señales. La financiación de ciertos modelos de negocio que requieren grandes sumas de dinero iniciales para ser rentables. Otro de los signos de burbuja son los sistemas de retroalimentación: si tú pagas a startups con papel de startups estás emitiendo moneda.

Luego estamos viendo un movimieto soterrado en el que cada vez más los inversores están protegiendo sus inversiones, y eso puede ser dañino para el emprendedor. Eso es un signo latente del miedo del inversor. Las cláusulas se están haciendo cada vez más abusivas y los inversores son más hábiles y capaces de lo que parece, y si se protegen tanto es porque algo está por venir.

¿Existe por tanto un cambio en las tendencias del emprendimiento?

Yo creo que se está bifurcando. Está el modo clásico de búsqueda de la rentabilidad, sin dependencia de las rondas futuras... con un crecimiento que tiene que ser sano pero no explosivo. Y luego está precisamente el explosivo, que cada vez estamos viendo más en España, y en ese nosotros no jugamos. La cuestión es que antes solo estaba el primero, y ahora tenemos dos.

Es muy difícil que un emprendedor sostenible se sienta cómodo con las reglas del juego explosivo y dependiente del capital e ineficiencia, sobre todo cuando nosostros estamos detrás hablando de la estabilidad y la moderación. Al final tienes que decidir cómo quieres jugar. Ninguno es mejor que otro.

¿Cuál es el próximo paso para el emprendimiento en España?

Uf, caramba... [risas] Pues yo creo que el sereno crecimiento. Creo que el futuro es la consolidación de startups en grandes compañías.

Pero hay startups que no quieren dejar de serlo...

Hay un síndrome de Peter Pan, ¿verdad? No es que no quieran dejar de serlo. La cosa pasa por sus gestores, que quizá no se sientan cómodos en esa nueva etapa de gestión. Tiene mucho que ver con la palabra emprendedor, tendríamos que hablar de protoempresarios, un emprendedor no es un estadio final, es parte un proceso que culmina en un empresario.

¿Queremos ser empresarios? Si es que no, vende tu compañía cuando vaya bien, porque tu objetivo debería ser crear riqueza. Y creo que a veces estamos creando emprendedores que convierten eso en su estado final, y eso no puede ser.

Un ejemplo: ¿cuál es el mejor emprendedor de España? Amancio Ortega, fundador de Inditex. ¿Quién ha creado más riqueza, más empleo y ha contribuido más al PIB? Amancio Ortega. No es el prototipo de un emprendedor. Y por cierto, lo ha conseguido siempre con su dinero y sin inversión.

Con esto quiero decir que todos son buenos emprendedores, pero son distintos. Son gente madura, que se esfuerza que lo quiere. No son X que se quieren comer el mundo y estar mañana en Silicon Valley. De nuevo hay dos juegos, el emprendedor protoempresario y el que se quiere comer el mundo, que tienen reglas distintas. De nuevo, ninguno mejor que otro.

¿La falta de formación puede ser lo que impida que muchos se conviertan en empresarios?

No, no creo que eso sea un problema. Para ello tenemos muchísimas escuelas de negocio que están haciendo una gran labor en el tema. Yo no creo que haya falta de formación, porque la formación de un empresario está la calle y las escuelas, y aquí tenemos algunas de las mejores del mundo. No es que sean buenas sin más, es que de las cinco mejores europeas, dos son españolas. Y de las diez mejores del mundo, tres. Y el mercado español ofrece millones de oportunidades para aprender en la calle. La cuestión es saber crear valor.

Si nos vamos a la educación digital también tenemos muchas escuelas de las mejores, y lo podemos ver por la alta penetración de la tecnología. Solo tenemos que decirle al mercado que los negocios se hacen en la calle, y los empresarios se forman o en la calle o en las escuelas de negocio, pero no se forman haciendo rondas de financiación.

¿Qué diferencias ves entre Estados Unidos y Europa?

En Estados Unidos el ecosistema de las startups está muy imbricado entre las escuelas, los fondos y las empresas. Muy pronto los inversores llegan a las escuelas de negocio, identifican a los inversores y los invierten. Se crea un círculo simbiótico, que no quiere decir que sea virtuoso. Yo cuando fui allí me volví con una sensación de impenetrabilidad increíble, aunque hay algunas empresas que me están dando la contraria.

Allí, los inversores son ex-alumni de esas escuelas, y todo ocurre en un kilómetro a la redonda de esa escuela. Es un ecosistema perfecto: los peces grandes, medianos, pequeños, el mar... Eso en España no existe, no hay relación fuerte entre escuelas de negocio, inversores y startups. Además, las escuelas de negocio americanas dignifican a sus emprendedores. Aunque eso está pasando un poco aquí. Pero hasta que llegue por completo, todavía nos queda.

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Entonces, ¿en qué estado se encuentra España respecto a esto?

Me parece que España es una fuente saludable de creación de emprendedores. Yo no creo que haya menos calidad de emprendedores que en el resto de Europa, y de hecho triunfan cuando salen de España. Lo que nos falta es tener algún ciclo completo de inversión. Los abuelos de esto, que somos los que hemos vivido un ciclo completo, somos dos o tres, y ahora hay muchos más vehículos, pero son muy jóvenes.

En este mundo, lo difícil es levantar un tercer fondo. Lanzas el primero, que es dificil, pero se puede. Cuando este aún no ha madurado lanzas el segundo, que con promesas del primero se puede hacer. Pero en el tercero juegas con las realidades, por eso, llegar a ese es complejo, porque tienes que demostrar datos.

Nuestro nuevo fondo, el cuarto, va muy bien pero despacio. Tiene el tamaño que queríamos que tuviera, 35 millones de euros, tiene los economics que nos gustan, y una exposición geográfica que nos permite ser flexibles. Y va muy despacio porque 2014 fue un año de pocas inversiones por nuestra parte, pero lo fue precisamente por la bifurcación de la industria.

¿Qué es lo más prometedor que hay en el mercado?

Nosotros tenemos un foco muy claro por el fintech, porque es una industria que está expuesta a una gran evolución durante los próximos años. Y viene de una dinámica en la que el cliente se está exponiendo más que nunca a esta industria. Las nuevas generaciones son menos leales y más valientes respecto a su proveedor financiero, y eso está permitiendo la desintermediación... Eso ayuda a que, entre las grandes estructuras financieras, se estén colando este tipo de startups, muy eficientes y que nos encantan.

Es por tanto una apuesta oportunista, pero inteligente. No van a sustituir a los bancos tradicionales, pero este sector hay tantos ceros que con un mínimo porcentaje de cuota de mercado que tengas ya eres rentable. Cualquiera de los modelos que los que hemos invertido, de lending por ejemplo, el porcentaje prestado es del cero-coma-cero-cero-cero-cero-no-sé-cuanto... millones de veces menos que el Banco Santander, pero es rentable.

Pero no necesitamos ser más grandes que ellos. Para ganar dinero no hace falta estar a esos niveles. Proyectos como Aplázame funcionan: préstamos cada 5 segundos a modo de metralleta. ¿Tú sabes la cantidad de dinero que da eso? No hace falta ser el más grande, solo ganar dinero. En fintech habrá muchos nuevos proyectos, porque con la tecnología se pueden hacer muchas cosas, y además necesitan pocos empleados respecto a las empresas tradicionales, y porque el cliente ha puesto en duda la solidez del sistema financiero y ahora busca alternativas.

¿Dónde no debería ir un inversor?

Hay un cuestionamiento internacional por el e-commerce. Es un mercado que se distorsiona mucho. Ser un El Corte Inglés online es imposible. Aquí lo que se necesita es un mercado muy de nicho, con comunidad especializada y muy dirigido. Pero yo ahora no montaría un mercado diversificado online. ¿Cómo vas a competir contra una compañía que puede permitirse el lujo de perder miles de millones al año? [Habla de Amazon].

Yo tuve la mala suerte de invertir en Rockola, justo cuando estaba Spotify. Veíamos las cuentas de Spotify, que perdieron 44 millones de dólares, y les invirtieron otros 100... no podemos competir contra eso... así que lo dejamos. En las industrias en las que hay algún grande yo no me metería.

¿Lucharías contra Uber?

Bueno. Vamos a invertir en algo relacionado, pero aún no es publico, con lo que tenemos mucha vista puesta en un sector en el que se pueden hacer muchas cosas. Pero yo no lanzaría un clon de Uber. Tampoco lanzaría una agencia de viajes; tenemos a Traventia que factura cinco millones de euros al año, pero están tan especializados en temas de esquí que lo tienen casi hecho, facturando muchísimo, van como un tiro. Pero lo bueno es que en este sector siempre hay algo nuevo, y que está por ver.