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Ismael Teijón (Demium): “En España no tenemos un posicionamiento estratégico”

Ismael Teijón (Demium): “En España no tenemos un posicionamiento estratégico”

Por el 5/10/16 a las 09:58

Ismael Teijón es el project manager de la incubadora de startups Demium. Afincada en Valencia, uno de los ecosistemas emprendedores que más ha crecido en los últimos años, Demium ha buscado el sistema inverso para acelerar proyectos. Ellos ponen la idea y buscan el talento, porque ser emprendedor no tiene que estar ligado a tener buenas ocurrencias. Un sistema de inversión, a veces comparado al de Rocket Internet, Demium ha sido el propulsor de proyectos como Singularu o Yexir, el mayordomo virtual que tuvo que cambiar su foco de negocio ante la ausencia de monetización en su proyecto.

Ficha del entrevistado

Ismael Teijón

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Ismael Teijón es un emprendedor madrileño que siguió su carrera desde el otro lado de las startups, en la incubadora valenciana Demium. Junto a Jorge Dobón se fue a Valencia, hace ahora tres años, para acelerar proyectos tecnológicos.

Demium lleva tres años incubando startups pero, ¿cuál es su origen?

Demium nació por Jorge Dobón, que es mi socio y el CEO. Él había trabajado en una incubadora, conocía el modelo y veía muchas cosas que se podían hacer de manera muy diferente, por lo que dio el paso a montar la suya propia. Se fue a Valencia, cosas que se hacen por circunstancias de la vida porque los dos somos madrileños, y arrancó allí. Nosotros habíamos trabajado juntos antes y a los pocos meses de empezar él me llamó para que le echase un cable. Yo justo acababa de cerrar mi proyecto personal y decidí lanzarme a la aventura. Así que éramos dos madrileños en Valencia haciendo negocios.

En los últimos años, Valencia se está convirtiendo en un núcleo muy importante para las startups, ¿qué está ocurriendo allí?

Pues la playa, que es más importante de lo que parece. Pero no, en serio, Valencia tiene características muy importantes porque está conectada con Madrid y Barcelona, es la tercera ciudad de España. Además, ha surgido un ecosistema muy importante en la ciudad, estaba Plug&Play, que venía de Estados Unidos. Lanzadera que ha invertido en muchos proyectos y ha movilizado mucho el entorno. Y con ellas otras muchas aceleradoras.

Por eso empezaba a tener sentido el hecho de que había algo en movimiento y que empezaba a cocerse algo allí. Esa oportunidad nos ofrecía un hueco en el sector y también por los costes de la ciudad, para nosotros y para arrancar era el mejor sitio. Es una ciudad barata y eso es un atractivo para el emprendedor que da un paso y tiene que estar sin recursos un tiempo.

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¿Cuál es el modelo de Demium?

En nuestro caso, el foco lo ponemos en el talento. Las aceleradoras reciben proyectos y se encontraban que detrás había un equipo formado por una persona con mucho talento, pero el resto no. O donde tres tenían talento, pero eran del mismo área porque eran antiguos compañeros de universidad. Al principio tiene sentido, pero según vas creciendo y tienes un presupuesto de 2 millones para hacer marketing necesitas ampliar los perfiles en el equipo.

Vimos que había esa carencia y esa necesidad e hicimos el foco en crear un dream team: una persona de negocio, otra de marketing y otra de tecnología. Que todos tengan talento individual y que no se conozcan entre ellos. Hay una candidatura en la que la gente se presenta. A veces recuerda a Operación Triunfo cuando la gente va pasando por delante y te va contando su experiencia. Fases de entrevistas, pruebas y demás, hasta un evento de un fin de semana en el que seleccionamos a los definitivos para crear las startups.

Vamos, que van los emprendedores en vez de las empresas. La cosa es qué idea hacen. La segunda característica de por qué somos diferentes es porque somos nosotros los que ponemos las ideas de negocio. Y esto llama mucho la atención porque parece que el emprendedor va ligado mucho a la idea, pero lo que pasa muchas veces es que ellos tienen muchas ideas que no se pueden llevar a cabo. Los inversores nos decían que los chicos les encantaban, pero que el negocio no. Y es porque muchas veces los emprendedores no saben valorar sus ideas ni tienen clara su viabilidad. Nosotros, por lo tanto, tenemos un comité de expertos de distintos perfiles que evalúan las diferentes ideas que creemos que pueden tener más éxito. Una vez tenemos a los emprendedores y la idea, todo es cuadrarlo porque cada uno tiene sus gustos y preferencias en cuanto a sectores. Cuando hay ese match entre equipo y proyecto, arranca la incubación que dura 6 meses donde se intenta montar un "pepino" juntos.

Encontrar esos "pepinos" no es nada fácil, por lo que teniendo en cuenta esto, ¿cómo se decide en el comité lo que sí y lo que no entra? ¿Modelos de negocio con monetización desde el día uno o no?

Pues nosotros hemos lanzado de los dos tipos. Algunos que monetizan muy rápido y otros como Shipeer, que es una red social para enviar paquetes, que lo que busca es tener muchos usuarios. En este tipo de modelos tienes que tener una red de clientes muy grande para que el servicio tenga sentido. Como BlaBlaCar que se pasó seis años sin monetizar y sin cobrar nada. A algunos inversores de nuestra red les gusta este tipo de modelos e invierten, y otros prefieren que sean monetizables el primer día.

Hemos probado de todo y estamos abiertos a los dos, lo único que si tú no estás facturando desde el primer momento el crecimiento tiene que ser muy grande. Lo que no puede ser es que no vayas al modelo de facturación, pero tampoco crezcas o que crezcas al nivel de una empresa que sí facture.

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¿Y en cuanto al sector?

Poco a poco vamos ampliando lo que llamamos nuestros círculo de competencias. Lógicamente no sabemos hacer de todo y por el perfil del equipo que éramos pues no controlábamos algunas cosas, pero poco a poco vamos ampliando. Al principio hicimos muchos market place y poco a poco fuimos dando con las claves. Cuando has hecho el tercero, cuarto o quinto empiezas a entender cómo funcionan esos modelos. Nos gustan muchos los SaaS, el consumo colaborativo también puede ser un gran proyecto pese a que tenga muchos riesgos por la red de la que hablamos.

Y luego por otra parte, hemos empezado a hacer verticales. Por una parte Demium Games, donde nos enfocamos a videojuegos y a lanzar estudios de juegos. Y por otra parte Demium realidad virtual.

Hace unos días se publicaba el Libro Blanco de los Videojuegos en España. En este se decía que el sector era demasiado amateur y de nicho. Teniendo en cuenta esto, ¿realmente veis negocio?

Lo que pasa es que el ecosistema está poco maduro en España. No hay muchas empresas de desarrollo de videojuegos, por lo que muchos con talento se van fuera, se forman con los mejores y luego crean ellos sus empresas para formar a otros.

Pero talento hay y en Demium hemos visto que es así. La mayor parte de ellos tenían previsto irse fuera pero nosotros queremos transformar el ecosistema. EL 30% de las películas que se ven en España se hacen aquí, y de la música el 25%, en videojuegos estamos en un 5%. Es una industria que tiene mucho recorrido y que permite reducir costes. Es toda una oportunidad.

En muchas ocasiones se os ha vinculado con el modelo de negocio del copycat, parecido al de Rocket Internet. Un sistema de emprendimiento tan criticado como valorado, ¿cómo se ve desde dentro?

Rocket busca un modelo de éxito en otro mercado y lo trae a este. Ellos participan un 70% u 80% en la empresa y le dan un pequeño porcentaje al equipo. Al mando de la empresa suele haber gente bastante potente: directivos, gente de consultoras... Y si el proyecto funciona, ellos fusilan la página tal cual y hacen exactamente el mismo modelo, le meten chicha y a crecer. Es un modelo loable. ¿Cuántas panaderías hay en España? Y, aún así, se siguen abriendo. Bares, cines... Es una fotocopia mejorada.

En nuestro caso buscamos las ideas que proponemos en modelos de éxito en otros países. Es un punto de partida y una referencia que ayuda a los emprendedores a tener un mejor enfoque y pistas de cómo empezar y para los inversores porque les da tranquilidad. Pero no tenemos nada que ver con ellos porque nuestros emprendedores tienen que ver cada día cómo encajar y como innovar.

Lo que sí hemos visto es que muchos de nuestros proyectos han empezado con una idea y se han transformado con el tiempo. Por ejemplo, Singularu.

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Y también Yexir... que cerró y ahora se ha transformado, ¿cómo se ve un fracaso como este en Demium?

Ese ha sido un éxito rotundo. En este caso es un equipo donde todos eran emprendedores y habían fracasado antes. Al igual que Jorge y yo, que nos definimos como el loser team. Ellos se lanzaron muy rápido al mercado y crecieron mucho en muy poco tiempo. Fue una idea que nos enamoró pese a que sabíamos que no tenía demasiada escalabilidad. Vieron que era muy difícil rentabilizar el negocio con tantas personas y empezaron a automatizar todo el proceso y ahí se dieron cuenta de que habían creado una tecnología increíble. Tenían que cambiar, modificar la estructura de la empresa y todo esto en muy poco tiempo. Lo han conseguido con Helloumi. La valentía de hacer todo eso y convencer a los inversores es increíble.

Y aún sabiendo que no era un modelo de negocio escalable decidisteis meter dinero...

Por un lado pensamos en que era una buena oportunidad invertir en las automatizaciones. Luego pensamos en dedicarnos a sectores como el del turismo, que de haber funcionado hubiese sido muy rentable pero el público no quería pagar por este tipo de servicios. No vimos cómo hacerlo rentable, pero lo intentamos y al final tuvimos que cambiar.

Singularu igual. Empezaron haciendo muebles a medida en los que la gente mandaba una foto y decía lo que necesitaban. Varios artesanos hacían sus propuestas y presupuestos y la gente decidía. El problema es que el sector artesano en España esta muy poco digitalizado y es caro. La mayor parte de ellos veían su mail en casa de sus hijos los fines de semana. El transporte era muy complicado. Así que pensaron en algo más sencillo y terminaron decantándose por las joyas a medida.

Esos son los fracasos, por decirlo de alguna manera, ¿qué hay de los éxitos?

Aún no te lo puedo decir. Estamos esforzándonos un montón, pero éxitos no tenemos de momento. Si hablamos de exits no tenemos ninguno. Si hablamos de empresas rentables por sí mismas estamos cerca. Cuidum, que se dedica a buscar gente para cuidar mayores, está cerca de ese punto y crecen al 30% mes a mes, pero también es importante su aportación a la sociedad. Esto nos sirve para convencer a los inversores y nuevos emprendedores con hechos y no con palabras.

Y ahora os venís a Madrid.

Junto a Barcelona, Madrid es el epicentro del emprendimiento y un lugar estratégico. Los dos ejes donde más se mueve el negocio. A veces desde Valencia hacer negocios con las grandes empresas era complicado y decidimos venir a Madrid. Se han superado las expectativas de una forma increíble. El talento y la gente que hemos entrevistado ya ha emprendido de forma internacional, puesto directivos y comenzar con esto es increíble.

Estando en Demium, ¿cómo se ve el panorama emprendedor?

Llevamos tres años con Demium y hemos visto que ha madurado bastante. Había muchos que acababan de aterrizar en el mundo emprendedor, y a veces con mucho dinero. Otros no teníamos nada.

Hay muchos emprendedores, muchas empresas que les están apoyando, aceleradoras, incubadoras... Y al final esto es muy importante porque si surgió Demium fue por la necesidad que vivimos en nuestras propias carnes de haber cometido un montón de fallos y, que de haber tenido a alguien que nos lo explicase, habríamos tardado menos.

Se empiezan a ver cada vez más exits, cada vez más rápidos. Había empresas con ocho años de media haciendo exits y ahora algunas son de tres años. No podemos compararnos con el ecosistema de Estados Unidos, pero estamos trabajando duro.

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¿Y no hay mucho de todo?

Por un lado, lo que pasa es como cuando te compras un smart y empiezas a verlos por todas partes. Hay los mismos, pero ahora te fijas en ellos. Y con el emprendimiento, como estamos metidos en el, pues nos damos cuenta.

Creo que hay malas startups, para mi demasiadas, y hay malas incubadoras, para mi demasiadas. Hay una moda de emprendimiento en la que parece que todos quieren estar. Se está politizando el término con otros fines más comerciales para molar. Pero, por otro lado, hay mucha gente que lo está haciendo muy bien. Y hay mucho trabajo por delante.

¿Y ahora qué viene?

Si hablamos de España, ahora lo que no me gusta es que no tenemos un posicionamiento estratégico. No somos los mejores en nada. Noto turbulencias, improvisación a nivel político. Eso afecta a todos. La gente empieza a entender que el emprendimiento es importante, pero aún queda mucho trabajo por delante. Gente que toma la decisión y que no sabe de qué va esto. La incertidumbre política también afecta mucho.

A futuro veo un poco más de estabilidad, empresas más grandes y más unicornios.

¿Lo mejor y lo peor de los emprendedores?

Lo más importante de todo es su ilusión, su pasión, su esfuerzo y su sacrificio. Todo esto mucho más allá de la rentabilidad económica que buscan todos y de ese postureo de emprender. Esa forma de hacer las cosas, con valores y principios.

Lo malo, que lo hay, es que emprender es un riesgo. Puede haber un exceso de entusiasmo y que se nos olvide que 9 de cada 10 startups fracasan.

Para no quedarnos con lo negativo, ¿cuáles son tus fuentes de inspiración en el mundo del emprendimiento?

Pues te diría Jorge Cantero, de Cuidum. Lo pasó muy mal porque fracasaron varios proyectos suyos, se puso a trabajar en la obra y estudió más tarde. Cuando le conocí había cosas que me gustaban y otras que no, porque era demasiado comercial. Pero después de año y medio trabajando con él nos hemos dado cuenta de que es muy bueno.

Siempre me ha gustado mucho cómo trabaja François Derbaux. Muy analítico y que ha demostrado su capacidad como inversor y como emprendedor. También, mi mentor durante mucho tiempo, Sébastien Chartier. Con él empecé a hablar, por primera vez, en millones de euros y he aprendido de todo.

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