entrevistas

Gádor Muntaner (oceanóloga): «Los tiburones nos ponen en nuestro lugar porque creemos que lo controlamos todo»

- Ene 8, 2020 - 9:01 (CET)

Ficha del entrevistado

Gádor Muntaner

Oceanóloga especializada en tiburones, instructora de buceo y conservacionista.

Licenciada en Ciencias del Mar en la Universidad de las Palmas de Gran Canaria, se fue a vivir a México para especializarse en su estudio y empezar a formar parte de Pelagios Kakunjá, ONG por la conservación marina, mientras cursaba un Máster en Manejo de Recursos marinos.

Dos notas musicales son suficientes para reconocer cuándo se acerca y para que cunda el pánico. En la película de Steven Spielberg, Tiburón no necesita presentaciones. Aunque algunas personas se emocionan al verles y hasta les parecen tiernos.

Gádor Muntaner (Barcelona, 1991) se dedica exclusivamente a ellos en La Paz, Baja California, después de que dejara la carrera de farmacia para dedicarse a lo que más le gusta: el mar.

La catalana especializada en tiburones recuerda que es el depredador perfecto pero que nosotros no estamos en su menú y que otros animales como el rinoceronte son mucho más mortíferos. Aunque Spielberg no haya hecho una saga de películas centrándose en ellos.

¿Cuándo decidiste dedicar tu vida profesional al mar?

Empecé a estudiar farmacia, pero no me gustaba y no podía seguir con la duda de ‘y si hubiera estudiado lo que realmente me gusta’. Eso fue lo que me hizo cortar con todo para empezar un camino completamente de cero. En ese momento las presiones vienen de varios sitios porque la carrera de Ciencias del Mar era mi segundo intento y estaba dejando un camino muy seguro por uno que era completamente lo contrario.
Esto fue lo que a la vez me hizo decirme a mí misma que si elegía este camino iba a ir con todo. Decidí que tenía que ser la mejor versión de mí y dar el 100%.
Gracias a una beca de Santander, llegué a La Paz, en México, para hacer mi proyecto de final de carrera sobre los tiburones. Y aquí sigo.

¿Cómo llegaste a especializarte en tiburones?

La primera vez que me metí en el agua tenía 3 años pero la primera que bucée con botella tenía 16. Antes de la inmersión, sabía que existía la posibilidad de ver un tiburón y tenía pesadillas con tiburones que me iban a comer. Pero pensaba que era algo que tenía que afrontar porque forma parte del mar. Mi expectativa era miedo, estrés y horror al final vimos un tiburón pequeño, precioso, y la experiencia real fue todo lo contrario. Una sensación de paz y de admiración por un animal tan perfecto. Para mí es como un fósil viviente porque llevan 400 millones de años en el mundo. Tenemos que valorar hasta qué punto la madre naturaleza ha hecho algo tan bien para que después de extinciones masivas, el tiburón siga aquí.

¿Solamente tuviste esta sensación con un tiburón?

Hubo una parte de mí que en ese momento pensó que también me encantan las ballenas y los delfines. Son mamíferos más cercanos a nosotros que también me encantaría estudiar. Pero cuando tuve que elegir pensé: "¿quién me necesita más?" Porque ahora te vas a la calle con un cartel y pides un euro para los delfines y todo el mundo dirá: "pues claro, cómo no voy a salvar un delfín". Sin embargo, te pones en el mismo sitio con el mismo cartel y pides un euro para salvar tiburones y más de uno se lo piensa y hasta te dice: "si hombre, yo prefiero que se mueran para que me pueda bañar tranquilo en la playa". Pensé que ya hay mucha gente que habla por los cetáceos y muy poca que habla por los tiburones. Como ninguno de ellos tiene voz, pensé que los tiburones necesitan más la mía.

Hollywood nos ha mostrado siempre a los tiburones como un depredador. ¿Nos ha estado engañando?

Que es un depredador es real y es el equivalente al león en su hábitat. En cuanto a lo que nos han ido vendiendo en la televisión y en el cine, es mentira que su objetivo sea comernos y que formemos parte de su menú. Eso es falso. Además, los accidentes con tiburones son estadísticamente insignificantes si tenemos en cuenta la gente al año que está en el agua con respecto a los ataques que se producen. Muere más gente por rinocerontes y vacas. No porque sean vacas asesinas, sino porque se se ponen en la carretera y te estampas con el coche. Hay una larga lista de animales como la medusa, el mosquito por la transmisión de enfermedades, o el perro, que son mucho más mortíferos que el tiburón.

¿Eso significa que no corremos ningún peligro si nos encontramos con un tiburón en el mar?

Es verdad es que al final, por probabilidad, si estamos en su medio y convivimos con ellos, hay veces que ocurren accidentes. Hay muchas zonas que compartimos con ellos en nuestras actividades de ocio y deportes. Por ejemplo en las playas donde se practica surf, donde el tiburón toro o el tigre viven y cazan. Justamente en las zonas de surf se remueve la arena y eso hace que la visibilidad sea peor. Siempre ha estado la teoría de que los tiburones confunden a los surfistas con focas y tortugas. Yo no creo en esta teoría porque justamente los tiburones tienen un olfato brutal que pueden detectar presas a kilómetros de distancia. No sé si alguna vez has olido a una foca, espero que no lo hagas nunca, es el olor más fuerte y asqueroso que te puedes echar en cara. Por lo tanto, decir que el tiburón confunde a un ser humano con una foca es menospreciarlo totalmente, infravalorar sus sentido olfativo. Tengo clarísimo que cuando un tiburón ve a un surfista no se cree que sea una foca pero la única manera de saberlo es mordiendo. No tienen unas manitas con las que pueden palpar. Su único mecanismo de prueba error es la mordida y no hay casi casos registrados en los que se alimenten de un ser humano.

¿En qué se han basado las últimas investigaciones que has hecho con tiburones?

El último estudio que he hecho ha sido de contaminantes orgánicos en tejidos de tiburón blanco. He estado buscando, a través de biopsias, contaminantes orgánicos, por ejemplo pesticidas como el Dicloro difenil tricloroetano (DDT), que está prohibido desde hace décadas. Se utilizaba mucho en los 60 para campos de cultivo, para combatir la malaria... porque era súper efectivo y barato. Pero es una molécula súper persistente y tóxica, sobre todo porque tiene una forma muy parecida a la molécula de algunas hormonas nuestras y de esa manera es capaz de engañar al cuerpo haciéndose pasar por una hormona y obstaculizar algunas de nuestras funciones. Eso hace que sea neurotóxico y cancerígeno, entre otras cosas, y está prohibidísimo desde los 70. Pero todavía está. El que encuentro en tiburones blancos es mayoritariamente aquel que se usaba hace 40 años. Imagínate la persistencia.

¿Cuáles son los retos de las investigaciones científicas en tu sector?

En el caso específico de México, el país tiene muchas especies de tiburón. Yo creo que es importante estudiar cada una de ellas, sobre todo cómo utilizan el hábitat y cuáles son las áreas de crianza, las de reproducción y alimentación. Hay estudios que demuestran que un tiburón vivo da mucho más dinero a un país que un tiburón muerto, pero tienen que suceder todavía muchos cambios. Las comunidades que han vivido siempre de la caza de los tiburones tienen que reinventarse y también es parte de nuestro deber ayudarles a hacerlo. Y pasar de vivir de la caza del tiburón al ecoturismo con tiburones. Un buen ejemplo para ello es Cabo Pulmo, un pueblo perdido que se conoce en todo el mundo por cómo ha sabido revertir la situación y recuperar en los últimos 30 años todas las especies. Y lo ha hecho creando un área marina protegida, una reserva, e invirtiendo en ecoturismo.

¿Qué importancia tiene el tiburón en el ecosistema marino?

El papel del tiburón es súper importante porque está en la cima de la cadena trófica. Además, se reproducen poco y tienen pocas crías en la mayoría de los casos porque la madre naturaleza es sabia. En un mundo ideal en el que el hombre no hace desastres, si tuviéramos demasiados tiburones se lo comerían todo y desestructurarían toda esa pirámide. Por eso hay los justos para controlar las poblaciones que están por debajo de la cadena. Si no hay tiburones, no existe ese control y empezaría a haber sobrecrecimiento de otras especies que a su vez depredarían demasiado a otras y se rompería el equilibrio de los ecosistemas. Cada pieza de esa pirámide es importante. Por ello, un lugar donde hay tiburones es un indicador de salud del ecosistema. Un mar con tiburones es un mar sano.

¿Qué podemos hacer los humanos para ayudar a que no se rompa este equilibrio?

Hace 3 o 4 años te hubiera dicho que tenemos que empezar a dejar de usar plásticos de un solo uso pero para mí eso ya es algo obvio y que debería de prohibirse a nivel mundial. El plástico está presente a un nivel tan profundo en nuestras vidas que es difícil quitarlo de según qué sitios. Por ejemplo, el plástico que hay en mi iPhone, en mi ordenador, en la ropa, en los neoprenos y con el equipo con el que buceo y en los bolis con los que escribo. Todo esto es complicado de erradicar pero por eso no podemos permitirnos que haya bolsas en el super y botellas pequeñas por todas partes. Y a nivel individual tenemos que utilizar bolsas de tela y, en la medida de lo posible, intentar comprar a granel y no una lechuga envuelta en una bolsa de plástico. Es un esfuerzo que, si hacemos todos, ayudamos al mar directa e indirectamente hablando.

¿Cual es el siguiente paso en tu carrera para seguir investigando sobre tiburones?

Mi idea es no dejar nunca la ciencia, pero a la vez no quiero dedicarme solo a ella porque considero que la ciencia sin la divulgación no es nada. Si nosotros como científicos generamos conocimiento y dejamos que se quede dentro del mundo científico, es un círculo sin cerrar. Yo me siento con el deber de hacer que estos conocimientos lleguen a todo el mundo, no solo a los científicos. Allí es cuando se genera el cambio. Parte del problema de la humanidad es el desconocimiento y el mundo submarino es un gran desconocido. ¿Cómo va a querer las gente proteger algo que no conoce? Si las investigaciones las traducimos a un lenguaje apto para todos los públicos, incluyendo niños, podremos llegar más lejos.

¿Qué te han enseñado los tiburones?

Me han enseñado un montón de cosas y me siguen enseñando cada día. Lo que más me gusta de los tiburones es como nos ponen en nuestro lugar a nivel de ser humano porque nos creemos que controlamos todo. El mar es la forma en la que la naturaleza mejor se manifiesta por la fuerza que tiene el mar, las olas, los temporales y la vida que tiene dentro. Estoy muy metida en el mundo de la apnea, el buceo a pulmón y, para mí, estar aguantando tu respiración a 20 metros en un espacio tan inmenso y rodeada de esos animales te hace sentir pequeñita y te hacen darte cuenta que realmente no somos tanto como creemos. Me gusta que el mar y los tiburones me pongan en mi lugar y me hagan ver que solo soy una pieza. También me han enseñado a no prejuzgar, porque fíjate la idea que tenía yo antes de ver a un tiburón y la que tengo ahora. Quién me iba a decir que iba a sentir amor hacia estos animales y hay veces que hasta me emociono y les veo esa mirada y me parece hasta tierna. La gente se ríe porque a veces subo fotos en las que digo que el tiburón está sonriendo. Me han enseñado a tener perspectiva y a ver que las cosas, a veces, no son lo que parecen.