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Entrevista a Amarna Miller: «Hay personas en Internet que me odian con todo su ser»

y - Oct 22, 2019 - 8:00 (CET)

Ficha del entrevistado

Amarna Miller

Estudió Bellas Artes en la universidad Europea de Madrid. Empezó como directora en la industria de la pornografía con 19 años y, tras dedicarse ello también como actriz, a los 26 la abandonó para trabajar creando contenido digital.

Actualmente, financia sus proyectos artísticos a través de la plataforma Patreon y cuenta con un gran número de seguidores en las redes sociales, siendo sus preferidas YouTube e Instagram.

En 2015 publicó el libro Manual de Psiconáutica (Lapsus Calami), donde mezcla textos en clave poética con fotografías analógicas.

Con la frescura y la vitalidad de quien se siente libre, Marina, nombre real de Amarna Miller, llega al café con paso inocente, casi infantil. Cargada de energía y con un capuchino descafeinado entre manos nos habla de su nueva vida, lejos de las fronteras del porno, con un discurso muy particular y todavía en construcción.

Te criaste en Vallecas, eres hija única y cuentas que tu entorno familiar te exigió comportarte como una adulta siendo aún muy pequeña, una situación cada vez más frecuente en la actualidad. ¿Cómo nos enfrentamos a una sociedad que le arrebata la niñez a las generaciones más jóvenes?

Yo creo que hay que entender cada etapa dentro de su contexto, no podemos exigir a los niños que sean adultos, ni a los adultos que sean niños. Creo que hay que respetar, un niño es un ser humano y tiene que ser tratado con la misma igualdad que con la que tratarías a otra persona más mayor, pero a su vez respetando que su contexto es el de la frescura, la improvisación, que no hay compromisos, que no tiene estrés. No hay que inculcar todas las cosas que están en nuestra mente de adultos a los niños pequeños, porque eso hace que se deforme mucho su interacción y sus vínculos futuros con otros seres humanos.

Yo es algo con lo que incluso ahora, y ya hago 29 años, sigo enfrentándome, aunque soy una persona extrovertida y me considero una persona sociable, tengo un puntito de apatía social o de ansiedad social que no tienen otras personas de mi entorno y que creo que es consecuencia de haberme exigido desde muy pequeña una interacción para la que a lo mejor no estaba preparada. Enfrentarte a situaciones de adulta siendo una niña, que son situaciones que tampoco comprendes, crea un pequeño cortocircuito. De alguna manera, arrebatas un período de la vida a alguien que realmente no tiene ningún tipo de responsabilidad.

Además, como mujeres nos pasa más.

Con las mujeres yo creo que también es el tema de los cuidados. Desde niñas a nosotras se nos inculca que tenemos que cuidar al resto, tenemos que ejercer el papel de madres, pero incluso desde pequeñas. Te ponen un bebé en las manos desde que naces y también está el tema de las cocinitas, todos los juegos de niñas en realidad tienen que ver con el cuidar y eso también afecta a la manera en la que te vinculas con los otros cuando vas creciendo.

No es para nada raro que tengas una relación de pareja con un hombre o con una mujer en la que estableces tu papel como madre, estableces un papel de cuidadora, y eso también es otro cortocircuito más.

El uso cada vez más temprano de las nuevas tecnologías llega incluso a sustituir una socialización cara a cara, haciendo que se configuren nuevos modelos de relación. Muchos niños aprenden en Internet no solo a relacionarse socialmente sino también sexualmente. ¿Cómo afecta esto a largo plazo?

Creo que todavía no tenemos una respuesta y tengo muchas ganas de leer estudios al respecto. Es tan nuevo el hecho de que haya nativos digitales, niños que desde que son bebés han interactuado con iPads, con iPhones, con ordenadores... Yo la primera vez que cogí un ordenador a lo mejor tenía 16 o 17 años, ya tenía más o menos una ligera idea de qué iba la vida, pero esto a lo que nos estamos enfrentando es extremadamente nuevo. Hace poco vi el documental de El gran hackeo sobre el tema de los datos y de Cambridge Analytica, y sobre el derecho que tenemos a que los datos que compartimos en Internet sean tratados como derechos humanos, que yo los vendo si quiero y si no, pues no. Existe mucho desconocimiento y todavía hay que hacer estudios para saber de qué manera nos está afectando.

A nivel individual yo creo que las redes sociales tienen una parte muy tiránica, muy obsesiva, que puede realmente joder la manera en la que te vinculas con el resto, la manera en la que ligas o en la que te relacionas. Pero también me parece que abren un universo de posibilidades que es increíble y la gente no suele hablar sobre esta parte maravillosa, nos quedamos mucho con la tiranía del móvil. Es cierto que si ves cuántas horas al día estás mirando la pantalla son 4 o 5 horas, que es que es una absoluta locura, pero luego también está todo lo increíble que es la democratización de una serie de perfiles que antes no estaban a pie de calle. Las personas súper potentes que hay ahora mismo en el panorama español, como Jadet o Soy una pringada, gente que se sale de los convencionalismos, no hubiesen tenido espacio en el mass media si no hubiese sido gracias a las redes sociales. Todo el movimiento LGTBI que está habiendo en personas muy jóvenes, en personas adolescentes, no habría podido suceder sin que las redes sociales hubiesen dado voz a gente con perfiles que no fuesen hegemónicos.

Para mí no es casualidad que esta nueva ola de feminismo que estamos viviendo haya surgido a la vez que el gran boom de las redes sociales. Una de las cosas buenas que yo creo que tienen las redes sociales ahora mismo es que han podido conectar a muchas mujeres en todo el mundo, conectar sus experiencias, conectar sus vivencias, y ver que lo que te pasaba a ti no era una cosa única, que no eres una excepción, sino una norma dentro de una regla patriarcal. Y creo que eso está absolutamente vinculado con el tema de las redes, y que todavía no se está estudiando porque lo estamos viviendo.

¿Te refieres a movimientos como #MeToo o #TimesUp?

Exactamente. Pero eso es como la crítica, decir que he sido abusada o agredida y ver que no soy la única persona que está en esa situación y que podemos analizarlo como una cosa estructural y no como un caso aislado o como un acto de lujuria espontánea, sino que esto es algo que atraviesan todas las mujeres a lo largo de su vida. Pero incluso en otro tipo de temas, como la maternidad. Ahora en Instagram, por ejemplo, muchas de las chicas que estoy siguiendo se están quedando embarazadas, están teniendo hijos, y yo estoy pudiendo vivir una maternidad ajena a través de las redes sociales. Eso también es una forma de aprendizaje y algo que es muy interesante de las redes y sobre lo que no se habla.

Últimamente, los políticos hablan mucho del aumento de la natalidad como una forma de “corregir” esta epidemia de hogares con hijos únicos. Algo que nos toca de manera directa a las mujeres en un terreno, el de la maternidad. ¿Cómo crees que nos afecta a las mujeres el peso de la maternidad en una sociedad como la actual?

Creo que los hijos son el gran tema pendiente de los estados contemporáneos, no únicamente de España. Muchos partidos políticos se están centrando en que no hay niños y que las tasas de natalidad son muy bajas, cuando en lo que habría que centrarse es en por qué la gente no quiere tener hijos. La respuesta es muy clara: la precarización del mercado laboral, no hay dinero ni para comprarte un piso y hace falta que los dos padres estén trabajando para llegar a fin de mes, cómo vas a plantearte tener un bebé. La crisis no ha afectado únicamente a los bolsillos, la crisis ha afectado a la manera en la que entendemos nuestra vida social, y eso está afectando al Estado. Todos los partidos se empeñan en enfocarlo de una manera que no es la correcta. Lo que habría que hacer es estudiar qué medidas harían falta para poder animar a la gente a tener hijos, porque yo creo que no es que la gente no quiera tener hijos, sino que los que quieren tenerlos no pueden y los que pueden los tienen en un sistema tan precario que están en unas condiciones muy malas. Cuando tú lo ves como reflejo, por supuesto que no quieres meterte ahí.

A todo esto hay que añadirle todo un movimiento social en el que ahora mismo la mujer no tiene una presión tan heavy como podían tener nuestras madres a la hora de quedarse embarazadas según se casaban. Por supuesto, es todo un mix que tiene que ver con la cultura y con la sociedad, pero yo creo que el tema principal ahora mismo es que la gente tiene hijos muy mayor porque antes de los 30 años no puedes planteártelo, y cuando empiezas a planteártelo lo haces con papel mojado en las manos, sin saber muy bien si vas a poder realmente llevarlo adelante o no.

Siempre te has autoproclamado feminista, y dentro del feminismo hay una curva de aprendizaje personal en la que es fundamental la reflexión. ¿Cómo ha evolucionado tu feminismo durante los últimos años?

Ha evolucionado muchísimo. Yo al principio no me consideraba feminista, en las primeras entrevistas que di, cuando me preguntaban sobre el tema no sabía lo que era y decía “ni machismo ni feminismo, igualdad” y estas cosas horribles que dice la gente cuando no tiene ni idea del tema. Pero mi feminismo ha ido evolucionando mucho y además lo ha hecho gracias a las voces de las personas que se han parado a explicarme qué huecos tenía mi discurso o en qué cosas estaba siendo, sin quererlo, putofóbica o tránsfoba.

A veces tienes pensamientos construidos desde la más tierna infancia que asumes como lógicos y normales, a los que no les has dado una segunda vuelta, y necesitas que sea alguien externo que te lo apunte. Poco a poco, con todas estas llamadas de atención y leyendo libros e informándome gracias a las redes, he ido construyendo un discurso que creo que cada vez está más configurado. También hay cosas que van cambiando, y me parece que tiene que ser algo de lo que te sientas orgulloso. Yo no quiero tener el mismo pensamiento que hace un año, ni dentro de un año tener el mismo pensamiento de ahora, o sea que mi feminismo incluso ahora está evolucionando.

Leo muchos libros de feminismo con los que no estoy de acuerdo y creo que es algo que me ha hecho crecer mucho, aprender a entender la visión de otros tipos de ramas dentro del feminismo, dentro del movimiento. Porque otro error que cometemos es hablar de un feminismo cuando en realidad son los feminismos, ya no hay una corriente principal, sino que hay muchos sectores diferentes que, además, se unen con otras ideologías y se hace como una amalgama.

Dentro de todo este caos, la idea es ir separando con qué cuestiones te sientes más afín, con cuáles te sientes afín, pero les darías una vuelta de tuerca e ir reflexionando y creando tu propio discurso con las cosas en las que tú personalmente crees. Por eso creo que tampoco estoy muy de acuerdo cuando la gente intenta hacer una clasificación muy clara y muy establecida, “eres radical o eres liberal”, porque hay cosas de una rama con las que a lo mejor estás de acuerdo, aunque no compartas todo. Creo que ya nos hemos diversificado de tal manera que lo que hay que hacer es una mezcla. Creo que el feminismo ganador de verdad, el que conquista espacios, es un feminismo que es plural y cree en la empatía y en entender a los que no piensan como tú, sobre todo desde el respeto y de la no agresividad, que es una cosa en la que el feminismo está fallando mucho últimamente.

¿Por qué lo dices?

Porque está muy polarizado, porque hay una crítica que es muy elitista: “o estás conmigo o estás a favor de la opresión de la mujer”. Eso es totalitarismo, eso no te deja espacio a la disidencia, no te deja espacio a un pensamiento que no sea el pensamiento hegemónico, y ¿cuál es el pensamiento hegemónico en un movimiento que es tan transversal, que tiene tantos sectores, tantas facciones diferentes? Por supuesto que no vamos a estar de acuerdo en todo, pero ese no estamos de acuerdo en todo creo que hay que tomarlo desde la construcción, desde el “ vamos a ver en qué estamos de acuerdo y a partir de ahí construimos”. Y habrá cosas en las que no estemos de acuerdo, pero si entramos en el discurso radical, no radical feminista, sino polarizado, el discurso que es blanco o negro, o estás conmigo o estás a favor de que las mujeres vuelvan a la Edad Media, ahí no llegamos a ningún sitio.

A la polarización de los discursos también contribuyen mucho las redes sociales.

Depende qué redes, sobre todo Twitter, yo por eso me he alejado de Twitter. Sin embargo, Instagram y YouTube las veo espacios maravillosos para la reflexión y el debate, y de hecho son espacios en los que me siento muy cómoda. Yo estoy prácticamente centrada en YouTube, porque puedo decir mi discurso sin que me lo corten y peguen de ninguna manera, puedo decir las cosas de la manera en la que yo quiero decirlas, y se abren debates en los comentarios. Y en Instagram, aunque el espacio para el debate es corto porque es la fotografía lo que tiene más importancia, la gente se esfuerza en darle una vuelta de tuerca, como no es tan fácil de escribir y tienes que pensarlo un poco antes de lanzarte a escribir el comentario, veo que hay un poquito más de reflexión, que no es esa lucha de zascas en la que se ha convertido Twitter, que es muy agresivo.

Cuando Podemos saltó a la palestra política, le diste públicamente tu apoyo al partido. Ahora que ha habido una escisión en su seno, ¿con cuál de los candidatos a la presidencia del gobierno descansan tus lealtades? ¿Por qué?

Yo me siento muchísimo más afín a la sección errejonista de lo que era Podemos. Lo veo más moderado, veo un discurso que nace desde el respeto y desde el entendimiento y la diplomacia, que creo que también es muy importante, la idea de ir conquistando batallas, no intentar pasar del punto A al punto B. En cualquier movimiento social, en cualquier cuestión que incluya a más de un individuo, ir del punto A al punto B es absolutamente imposible, lo que hay que ir haciendo es conquistando pequeñas batallas. Creo que ahora mismo su partido es el que más cumple esta línea de pensamiento y con el que más afín me siento.

Dicho esto, estoy bastante decepcionada, en general, con la política española y también con la manera en la que se ha estado desarrollando durante los últimos, diría meses, pero en realidad son años. Creo que es un poco la apatía en la que estamos todos sumidos para bien o para mal, pero sí iré a votar.

En los últimos meses, la extrema derecha ha marcado la agenda política en temas tan fundamentales para la sociedad como la violencia machista. Tú fuiste víctima de esta violencia en una de tus primeras relaciones de pareja, ¿qué opinas de la instrumentalización de la violencia machista que están haciendo los partidos políticos?

Me parece que cuando un tema es importante, es importante que esté en los medios y que se hable de ello, se hable de la manera en la que se hable. Es decir, por mucho que se instrumentalice y por mucho que, a priori, se trivialice el tema de la violencia machista, el hecho de que la gente esté hablando de ello y de que los medios estén hablando de ello ya me parece una batalla ganada, ya me parece algo importante, porque es algo que hace 20 años ni siquiera estaba sobre la mesa. Si hubiésemos sacado este tema en los años 80 o 90, probablemente se habrían reído de nosotros, entonces, el hecho de que se esté hablando sobre ello, aunque sea para instrumentalizarlo, ya per se me parece algo positivo, porque significa que tiene la suficiente importancia como para que los partidos políticos lo tengan dentro de sus puntos clave.

Por otra parte, el hecho de que se utilicen juegos dialécticos para pormenorizar temas que son per se extremadamente importantes es, obviamente, algo horrible, que me parece inherentemente malo. Creo que la presencia y el debate de todos estos temas debería estar en las asociaciones de apoyo a las víctimas, en las personas que han sufrido este tipo de violencia de primera mano y en las maneras fácticas y reales de solucionarlo, no en si debería llamarse violencia de género, machista o intrafamiliar, porque, al fin y al cabo, todo eso es la burbuja que cubre el problema y lo que deberíamos estar es centrándonos en el problema.

Echando la vista atrás, desde tu propia experiencia ¿qué le dirías a las mujeres que se sienten juzgadas por la sociedad por decisiones que tomaron en el pasado?

Creo que hay experiencias y decisiones que por sí mismas son importantes y tienes que reflexionar mucho antes de acceder a ellas, pero que si, una vez has pensado en ello y sabes que eso es lo que realmente quieres hacer, te encuentras con una presión social o con una negación o un rechazo por parte de tu entorno, tienes que tener la fortaleza suficiente como para saber que has hecho lo que tú considerabas correcto y mantenerte fiel a ello. Creo que estos dos factores son muy importantes, por una parte el pensarlo bien y por otra parte el ser fuerte, y creo que si no se dan los dos la cosa siempre acaba mal. Tienes que saber desde el principio que vas a tener la suficiente valentía, agallas, fortaleza, la suficiente resiliencia como para poder llevar a última instancia una decisión que sabes que a lo mejor no cuadra con lo que la sociedad espera de ti. Y eso se aplica a mil millones de temas.

El otro día en Instagram vi una discusión sobre una mujer que había decidido ser madre a los 36 en la que la gente opinaba “eso es muchísimo”, “te estás arriesgando a que tu hijo nazca con problemas”, “cuando llegas a ciertas edades no puedes”, y yo estaba pensando “estoy segura de que esta persona se lo ha pensado mil veces a la hora de tomar esta decisión y una vez que la ha tomado se va a tener que enfrentar, y lo sabe, a ese rechazo”. Lo que hay que hacer es tener muy claro que te vas a enfrentar al rechazo y tener la resiliencia, la fuerza interna y el suficiente equilibrio interior como para poder enfrentarte a esas críticas desde la calma y la tranquilidad, desde la posición de una guerrera y no desde una víctima.

Porque es muy fácil que te victimicen, cuando tomas una decisión que se sale de los estándares sociales y haces algo con lo que la gente no está de acuerdo, solamente eres redimida, como en la parábola del hijo pródigo, si dices que lo has hecho mal. “Me arrepiento”, y si te arrepientes ya todo está bien. Si dices públicamente que eres una víctima, entonces no hay problema, pero si tú realmente piensas que lo que has hecho es correcto y decides no cumplir ese papel, decides mantenerte en tus trece, entonces eres rechazada socialmente. Y creo que cuando llega ese punto, que no quieres ser víctima porque realmente no te sientes así, lo que hay que hacer es tomar la otra posición, decir “soy una guerrera, he llegado aquí porque realmente quería llegar hasta aquí”, y ya está. Y si no queréis asumirlo, es vuestro problema, no el mío.

¿Crees que el estigma le afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres?

Creo que depende mucho del área de la que hablemos. Las mujeres tenemos un estigma muy grande en ciertas áreas, por ejemplo, la sexualidad o la maternidad, pero creo que los hombres se enfrentan al estigma dentro de otras áreas, por ejemplo, la expresión de la identidad. Un hombre heterosexual que decide ir con falda, por ejemplo. El romper la normatividad desde la normatividad, no desde la periferia, es muy poderoso.

El otro día en Twitter se hablaba de las típicas revistas masculinas, lo que era la difunta Interviú y lo que puede ser Playboy, y de cómo no es una ruptura el hecho de mostrar una mujer desnuda en la portada de una revista. Pero yo estaba pensando que realmente eso se puede jugar desde otra perspectiva y hay muchas cartas que se pueden poner sobre la mesa. ¿Y si en una revista como la que era Interviú, normativamente masculina, sacas a una mujer transexual desnuda? De repente estás usando el mismo lenguaje de esta normatividad sexual para pegar un cambio absoluto y radical y para levantar muchas ampollas y remover muchas conciencias. Por eso digo que es muy poderoso el cuestionar lo hegemónico desde lo hegemónico, porque cuestionarlo desde la periferia es muy guay, pero al final te quedas un poco ahí, dando vueltas en lo que es la teoría, y ahí es donde se crean las cosas, donde empiezan a bullir, pero para que realmente cale en la sociedad tienes que ir adentro.

El síndrome del impostor lo sufren de manera especialmente sangrante a las mujeres. ¿Cómo podemos combatir ese sentimiento de inferioridad que nos domina?

Creo que desde que somos pequeñas a las mujeres se nos bombardea con la idea de la complacencia, que tenemos que agradar a la otra persona, especialmente a los hombres, pero agradar en general, tenemos que tener esta personalidad fácil, sencilla. Y a veces de tanto agradar acabamos poniendo nuestras propias necesidades y nuestros propios deseos en posiciones secundarias, como si lo nuestro valiese menos que lo del resto. En el sexo se ve mucho, “yo disfruto a través del placer de mi compañero” es una frase muy femenina, porque todo este sentimiento de complacencia y de querer agradar hace que pongamos nuestro deseo y lo que realmente queremos hacer siempre en una posición secundaria. Tenemos que ser conscientes de ello, reflexionar al respecto es el paso número uno, y el paso número dos es empezar a destruir esos mecanismos, poco a poco, empezar a deconstruir la idea de que lo nuestro es secundario, empezar a tomar espacios.

Hay una palabra en inglés que me gusta mucho y que no sé cómo traducir que es la de entitlement, que es sentir que tienes el derecho a algo. Los hombres, en la mayoría de espacios, por cómo han sido educados, se sienten con derecho a las cosas que tienen. Las mujeres normalmente no nos sentimos con derecho a las cosas que tenemos, pensamos que ha sido una casualidad, que hemos tenido muy buena suerte o que justo conocimos a alguien que nos presentó a alguien y hemos acabado ahí, pero siempre hay ese sentimiento de impostora que comentabas. Creo que tenemos que ser conscientes de que si estamos en la posición en la que estamos es porque nos la habremos ganado y empezar a aprender de ese entitlement masculino, la idea de que tenemos derecho, que nos merecemos lo que tenemos.

Tienes un discurso muy centrado en combatir la precarización, que no solo afecta a las trabajadores sexuales, sino también a las camareras de piso o a las cuidadoras, entre otras. ¿Qué herramientas tenemos para poder luchar contra esa precarización que nos condena?

Creo que, aparte de todas las medidas gubernamentales que se pueden establecer al respecto a un nivel político, hay que analizar por qué ciertos sectores están feminizados y de qué manera dar otras posibilidades laborales a esas mujeres para que se dediquen a otros ámbitos. Hay que hacer caso y escuchar a los colectivos concretos del trabajo doméstico, por ejemplo, que es un trabajo especialmente feminizado, y ver qué es realmente lo que quieren conseguir, cómo han acabado allí, y analizar las circunstancias y el contexto, no únicamente buscar otras salidas. Se obvia mucho en todo el discurso que tiene que ver con el ámbito laboral cómo han llegado hasta ahí, cuál es el contexto de falta de educación o de situación inestable a nivel familiar, que ha llevado a esas personas a escoger un trabajo que a lo mejor no era el que querían y que es obviamente precario. Hay un colectivo aquí muy guay que se llama Las Kellys, y yo aprendí mucho del tema del trabajo doméstico escuchándolas a ellas, mucho más que escuchando a cualquier político que hablara sobre el tema, porque son las protagonistas y te pueden contar cuál es el verdadero problema y por qué las soluciones que les están dando tampoco les sirven, por qué para salir de un trabajo precarizado no te pueden ofrecer otro trabajo precarizado, porque entonces, ¿cuál es la gracia, no?

En el seno del feminismo se están desarrollando debates de suma importancia. ¿Crees que estamos siendo víctimas de “discursos edulcorados” que buscan blanquear prácticas o modelos de relación perjudiciales para las mujeres como colectividad?

Desde hace unos años el feminismo se ha puesto de moda, es algo trendy, y que haya camisetas de Zara con la palabra feminismo es un buen ejemplo de ello. Pero creo que el hecho de que se haya hecho conocido y sea algo trendy ahora mismo tiene su parte negativa y su parte positiva. La parte negativa es que hay discursos que se blanquean, que se trivializan y se edulcoran, pero la parte positiva es que está en boca de todos, que gente que de ninguna otra manera podría haber llegado a ese discurso ahora puede hacerlo muy fácilmente.

Cuando se hablaba en su momento de que Beyoncé estaba sacando unos espectáculos con la palabra feminist detrás nos preguntaban “¿es aceptable que una persona que se lucra con el discurso que está lanzando utilice el movimiento feminista como un arma para poder vender más?” Yo creo que ese tipo de preguntas están mal encaminadas, la verdadera pregunta es ¿cuánta gente escucha a una teórica feminista que tenga un libro llamado El radicalismo sexual en el siglo XXI y cuántas personas escuchan a Beyoncé? Esa es la verdadera pregunta. Que una persona que está alcanzando las masas esté dándote la posibilidad de que el feminismo sea algo cool, algo trendy, divertido y no sea algo para mujeres solteras de 50 años que viven con gatos, que es la idea que nos han vendido desde pequeñas de lo que es el feminismo, eso es muy poderoso y me parece positivo.

En esas ambivalencias y ambigüedades está también una parte de lo que debería ser el éxito feminista y sobre lo que deberíamos reflexionar, a lo mejor situaciones que no son per se feministas abren una puerta a algo que sí lo es. El tema de las Kardashian yo lo toco mucho porque sé que son mujeres que no son feministas, que se lucran y sacan un rendimiento económico siguiendo un modelo que es muy hegemónico, el de la mujer guapa, atractiva que se casa con alguien muy famoso y tiene bebés, que es como toda la idea estereotípica de lo que una mujer debería hacer. Pero, por otra parte, son un imperio de mujeres, únicamente mujeres, que son famosas por ser mujeres, y que además son racializadas, no tienen una belleza normativa. Que de admirar a Miley Cyrus, Kate Moss y Adriana Lima, que eran todas palillitos diminutos, rubias y preciosas, con un tipo de belleza muy caucásico, de repente hayamos pasado a admirar a unas chicas con una belleza súper racializada es muy potente y es la primera vez que pasa en la historia actual. Creo que en estas ambivalencias hay lecciones que con tanta crítica se nos olvidan o dejamos pasar y son lecciones poderosas.

Hay que ver el poder que tienen ciertos discursos hegemónicos; que Beyoncé esté haciendo un show con la palabra feminismo por detrás es poderoso, por mucho que luego aparezca en una publicación en tetas. Otra cosa de la que hay que hablar, de la idealización de los iconos y las celebrities como si fuesen a representar a todo el movimiento. Yo creo que hay que pensar más en referentes, personas con las que se comparte un tanto por ciento de su discurso, es muy poco probable que haya alguien en el mundo con el que se esté 100% de acuerdo en todo. Cada vez que una celebrity dice “soy feminista”, dejemos de lanzarla a los cielos para luego lanzarla a los avernos cuando da un traspiés porque va a pasar, todos nuestros ídolos feministas en algún momento van a hacer algo que no sea coherente con el feminismo porque somos humanos.

En otras entrevistas te has declarado a favor del arte como activismo, ¿en qué consiste esta idea?

Desde sus orígenes, o por lo menos durante todo el siglo pasado y lo que llevamos de este, el arte se ha utilizado como medio reivindicativo, como una manera de cuestionar la realidad contemporánea y de plantear nuevas posibilidades, nuevas alternativas. Creo que el arte puede ser un arma y en muchas ocasiones se ha usado como tal. El Guernica de Picasso es un buenísimo ejemplo, que una personalidad del tamaño de Picasso en su momento hiciese una crítica a los bombardeos que estaba habiendo aquí en España es un arma política.

Yo a veces lo uso como arma y a veces no, a veces es meramente estético. Creo que también hay que reivindicar eso, que muchas veces el arte no tiene porqué tener un mensaje detrás, a veces las cosas simplemente son bonitas porque son bonitas. Yo lo veo mucho en el cine, la gente se queja “esta peli tenía una dirección de fotografía espectacular, pero luego el argumento no decía nada” y eso no es un “pero”, es un “además”. No todo tiene que decir algo, no todo tiene que tener un mensaje. Yo para Patreon, una plataforma que utilizo para sacar adelante proyectos artísticos, mando unas postales todos los meses y a veces tienen un doble giro, me he visto inspirada por una poesía y he decidido hacer una foto que simboliza algo que quiero comunicar, y hay veces que simplemente me apetece probar a pintar con acrílicos encima de acetatos. Creo que ambas cosas son igualmente valiosas y que el arte debe llamar a las entrañas de la persona que lo está viendo, a veces le llamas porque estás lanzando un discurso y a veces simplemente porque hay algo que te está produciendo un escalofrío. Pasa lo mismo con la poesía o con otras representaciones artísticas, la poesía me mola mucho porque son como píldoras de conocimiento y una misma poesía puede ser leída por una persona y dejarla indiferente y por otra y ponerse a llorar, para mí el arte es lo mismo.

Tú ahora estás enfocada en nuevos proyectos, pero mantienes un perfil digital muy público ¿cómo te enfrentas al tema de la privacidad y los ataques en las redes sociales?

Creo que es duro, cualquier persona que se dedique a los medios digitales que diga que no es duro está mintiendo vilmente, yo no encuentro una manera de poder sobrellevar las críticas constantes. Supongo que depende del perfil, pero a mí me han caído muchas críticas. Yo me considero una persona muy resiliente, cojo las críticas y las observo y no les hago caso, y me siento muy orgullosa haber trabajado mi inteligencia emocional hasta ese punto, pero hasta que he llegado ahí ha sido un proceso y he llorado mucho por las redes y por la imagen distorsionada que la gente tiene de mí, viendo que hay personas que realmente me odian con todo su ser. Pero nunca llueve a gusto de todos.

También es estadística, si lanzas tu mensaje a diez personas puede que a todas le guste, pero si lanzas un mensaje a un millón de personas seguro que hay alguien a quien no le gusta, que no lo entiende o que está tan alejado que no puede empatizar de ninguna manera contigo, y hay que asumirlo como tal. Para mí sigue siendo un trabajo constante de decir “voy a darle la misma importancia a los comentarios positivos que los comentarios negativos”, porque lamentablemente no lo hacemos, recibes cien comentarios bonitos y uno malo y siempre te quedas con el malo. Es un trabajo constante que alguien te diga algo bonito y pensar “esto va dirigido hacia mí, no hacia una idea aleatoria que esta persona tiene de mí”. Y ahí sigo.

Has comentado anteriormente que enfrentarte a las críticas ha supuesto un duro trabajo de entrenamiento personal y un largo proceso. ¿Cómo te has preparado para todo eso?

Creo que en mi caso tengo suerte, para mí soltar las cosas que tengo dentro es una suerte de terapia. Con el maltrato, que antes lo hablábamos, para mí supuso una terapia el poder hacer un vídeo para YouTube, poder hablar de ello abiertamente era una manera de reconocer que había pasado, no estaba dentro de mi cabeza, que era algo real, y que haya gente que te contacte porque ha vivido lo mismo con la misma persona, obviamente, ayuda. Tengo la suerte de que para mí es muy liberador contar las cosas que me pasan, creo que también me gusta el tema artístico porque es una manera de sacar hacia afuera cosas que tengo dentro con diferentes medios. Por eso, cuando me defino a mí misma me veo como comunicadora, no únicamente porque quiera que los otros me escuchen, sino porque a mí me sirve para contarlo. Si no tuviese esa personalidad la verdad es que no sé muy bien cómo lo haría.

Este último mes hemos podido ver en las redes “Mujeres que cuentan”, la serie de podcast que has dirigido para Storytel, háblanos un poco de este proyecto.

Mujeres que cuentan es una serie de cinco capítulos, de más o menos una hora, en los que voy hablando con diferentes mujeres que son relevantes en su área. La idea detrás de este podcast es dar voz a las mujeres dentro de un contexto, de un relato cultural que ha sido mayoritariamente contado por hombres, para que nos expliquen desde su perspectiva el ámbito al que se dedican, que puede ser el medio audiovisual, las nuevas tecnologías, el deporte de élite o la religión. Los temas son tantos como cosas enfrentamos en la vida, y es una manera de contrarrestar un relato cultural mayoritariamente masculino y empezar a dar la oportunidad a las mujeres para que nos cuenten desde su perspectiva cómo tienen sus vivencias como mujeres dentro de su área específica.

A mí me resultó totalmente novedoso hablar con Lourdes Mohedano, que es finalista olímpica, porque no tenía ni idea de lo que suponía dedicarse al deporte de élite siendo mujer. En otro de los capítulos hablé con Cuentos Rosales, una modelo musulmana que hace modelajes que contienen desnudos, y pude preguntarle cómo vive la interacción de sus creencias con su trabajo y su familia, y cómo se enfrentó al rechazo social. Todo esto son cosas que yo nunca antes había oído, y soy una persona que lee bastante sobre feminismo. Tengo muchas ganas entrevistar a una chef, a alguna mujer que se dedique a temas de supervivencia extrema, a una mujer trans... La idea es dejar esa puerta abierta para poder conocer más de diferentes ámbitos desde la perspectiva femenina.