Beth Noveck: “Los datos deben ser importantes para la toma de decisiones en los gobiernos”
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Beth Noveck: “Los datos deben ser importantes para la toma de decisiones en los gobiernos”

Por 23/11/17 - 09:00

Ficha del entrevistado

Beth Noveck

Beth Simone Noveck está actualmente a los mandos del Governance Lab(GovLab) y su red de investigación MacArthur sobre apertura de gobierno. También es profesora de la Red Global Jerry M. Hultin en la Escuela de Ingeniería Tandon de la Universidad de Nueva York. Con estudios en Yale y Harvard, Noveck ha participado en el Gobierno de Obama para implantar proyectos de Gobierno Abierto.

Especialista en relaciones institucionales, Beth Noveck formó parte de la primera experiencia de Gobierno Abierto en Estados Unidos durante la primera legislatura de Obama. Un proyecto fallido del que, nos cuenta, aun así pudieron extraerse buenas conclusiones y experiencias a futuro. En el marco del ConsulCon17, para hablar sobre las innovaciones tecnológicas vinculadas al contacto de los ayuntamientos con sus ciudadanos, Noveck ha analizado el estado del gobierno abierto en España vs. el mundo y su experiencia en la primera legislatura de Obama y Reino Unido.

La definición de Gobierno Abierto, al menos en teoría, está clara: la forma de relacionarse entre la Administración Pública y los ciudadanos, que se caracteriza por el establecimiento de canales de comunicación y contacto directo entre ellos mediante sistemas vinculados a la tecnología. Sin embargo, la práctica suele distar de las propias definiciones de manual. ¿Cuál es el estado actual del Gobierno Abierto?

Creo que, globalmente, hemos hecho un tremendo progreso en el tema del Open Data y el Gobierno Abierto. Especialmente haciendo públicos muchos más datos recolectados por parte de las instituciones. Sin embargo, creo que estamos bastante mal en dos áreas específicas. La primera de ellas: cómo ayudamos a los gobiernos a mejorar el uso de los datos extraídos del Big Data. En las grandes compañías se usan constantemente para crear más negocio, por ejemplo startups, cómo hacer traking de esos datos... Quizá menos en España, pero en Estados Unidos, Corea o Australia las compañías usan datos del propio gobierno para crear negocio. Y esto es una gran historia de éxito de la que deberían aprender los diferentes países. Hay muchos ejemplos que se pueden dar sobre este tema en el que el uso de los datos de gobierno abierto han tenido grandes resultados, porque supone un gran impacto.

El reto más grande es cómo hacer que el gobierno use mejor los datos extraídos del Gobierno Abierto. Se han hecho grandes conferencias, la última en Barcelona, que trataban sobre smart cities y cómo las ciudades están implantando dispositivos que recolectan datos que tienen el objetivo de mejorar la circulación o incluso temas de salud. Fue una gran experiencia para saber cómo aprovechan las empresas estos datos, y qué pueden aprender los gobiernos de ellos, e incluso de las propias empresas que los usan.

Cómo crear una cultura en la que los datos sean importantes para tomar decisiones para los gobiernos es un objetivo esencial. Tenemos un montón de progreso que hacer por delante, especialmente en coger la dinámica para que la gente resuelva sus problemas. México, por ejemplo, está trabajando en el compromiso para conectar a las gobernantes con sus ciudadanos para resolver problemas. Obviamente es una excepción. En la capital existe un gran proyecto para mapear los autobuses que no forman parte del servicio público de transporte de la ciudad con la ayuda de los propios ciudadanos que los usan.

Sin embargo, todas las experiencias que hablas son a nivel local...

Creo que a nivel local hay grandes progresos, principalmente en Madrid y Barcelona con miembros en los ayuntamientos que están trabajando por el compromiso de centrarse en los datos y crecer en el Gobierno Abierto. A nivel nacional, ahora mismo tienen otras cosas que hacer especialmente aquí en España que están a otras cosas. Pero hay que mirar seriamente el tema de los plebiscitos. Es peligroso que sea el único mecanismo para recurrir a los ciudadanos cuando, por norma, hay decisiones muy importantes que se toman a lo largo de los cuatro años de legislatura.

España tiene una situación muy poco clara, pero pongamos el caso de Reino Unido. Preguntaron a sus ciudadanos si querían o no estar en la Unión Europea con una simple pregunta de sí o no. Y el tema era mucho más complicado. Porque, qué significa quedarse o irse, cuáles son las opciones, ¿hay condiciones? ¿Qué significa quedarse? ¿Qué circunstancias existen?... Fue una forma muy simplista de resolver las cosas, porque lo único que podía hacer la gente era decir sí o no. Muchos no participaron y no todo el mundo quería participar, pero lo que está claro es que se perdió una gran oportunidad. Cuando tienes una empresa o una startup creas una tecnología para que la usen, o una plataforma, pero también creas maneras para obtener feedback sobre lo que haces. Creo que la analogía con la comunidad tecnológica puede ayudar a entender que votar una vez cada cuatro años esta muy lejos de la experiencia de cuando voy a mi teléfono y abro Google o Amazon. Que quizá, sin preguntarme, me están haciendo un test completo de mi perfil para decidir qué me enseña. Usar los datos puede ayudar a diseñar qué preguntar o cómo hacerlo mejor para alcanzar esa precisión.

¿En todo esto, qué papel juega la tecnología?

La tecnología ayuda a compartir información. Es cierto que no todos están conectados y hay que pensar en cómo llegar a esas personas que no están conectadas y dar voz a esos grupos. Pero para un gran número de personas es mucho mejor participar de forma online. Esta participación no sólo es face to face. Hay personas que trabajan, que cuidan a sus hijos, que tienen cosas que hacer o que no tienen tiempo estar en un sitio, pero que quieren una manera para colaborar. Por ejemplo, usando el móvil. Esto ayuda a gente ocupada a entrar en el juego de la participación ciudadana de su comunidad. Y solo hay que ver lo que pasa con Facebook o Twitter, si la gente tiene tiempo para eso, tiene uno o cinco minutos mientras va al trabajo o hacer la colada para participar. Imagino el caso de Alexa que me habla sobre las decisiones del alcalde de mi ciudad, y preguntándome qué me parece y qué me gustaría hacer. Y no tengo que mover las manos nunca más.

¿Cómo se crea ese ambiente de confianza?

De nuevo, necesitamos compromiso por parte de los gobiernos para crear ese ecosistema. Hay que hacer entender que la participación política y opinar no es una cosa única de la clase política. Hay que concentrarse en crear más expertise dando información sobre cómo se toman decisiones, eliminar ese miedo a lo político. Los partidos de la oposición siempre impulsan el compromiso o la transparencia porque ellos quieren cualquier cosa que desacredite al partido que gobierna. Al final, las tecnologías empleadas en la participación tienen que ser seguras para los ciudadanos y eficientes para los gobiernos. Cualquier empresa tecnológica, como Google o Facebook, quiere mi feedback y diseña su apariencia para que sea fácil hacerlo. A nivel político, podemos hacer lo mismo seleccionando gente que creen estas experiencias de usuarios y desarrollen mecanismos de participación. Sabemos dónde están los profesores, sabemos dónde están los ingenieros y sabemos dónde está la gente, especialmente ahora que es mucho mas fácil contactar y llegar a la gente.

Has comentado en varias ocasiones tu experiencia en la Administración Obama. Especialmente con el tema de las propuestas solicitadas a los ciudadanos y que, tras recibir más de 80.000 comentarios, todos cayeron en saco roto por no poder procesar la información. En cualquier caso, ¿cómo fue la vivencia?

El 31 de octubre, el ya presidente Obama, formó una conferencia en Chicago con líderes y representantes de los Estados Unidos con el objetivo de ofrecer y estimular la creación de compromiso y más activismo en la sociedad civil. El Obama Summit se llamó.

Creo que Obama fue una persona muy activista que llegó al gobierno con la idea de crear cosas que le diferenciasen del resto. Pero de nuevo, él estaba en la oposición y desde ahí se ve todo diferente. Estaba luchando contra Bush, del cual la gente ahora se ríe pensando en que no iba a haber nada peor que él y ahora no suena tan mal, todo es relativo. Pero él luchó por una oposición de transparencia, más compromiso, más ideas, pero francamente no creo que la clase política entendiese lo que esto implicaba y lo que quería hacer. La Administración Obama era muy lista y objetiva en dar voz a los problemas y entender la casuística; algo parecido a lo que hizo Clinton en su momento. Cuando este llegó todos en la campaña eran jóvenes, de 25 años, y al principio esto creó una gran desorganización. No tenían experiencia, muy jóvenes... Y cuando Obama llegó tenían tantas cosas que hacer, implementar y mejorar y se encontró una administración que ya tenía una edad.

Muchos partidos alternativos, como Podemos en España luchan por la transparencia durante la campaña pero cuando llegan al gobierno se dan cuenta de que es mucho más complicado de lo que parecía y tenemos lo mismo. Era el momentum de la campaña, pero el día después tenían que luchar con las mismas herramientas: batallas políticas, lo que pasa detrás de las puertas. Es decir, las nuevas técnicas se relajas. Pese a todo, el open data es una historia de éxito, que continúa ahora incluso con Trump aunque se le haya dejado de lado, pero ahí está.

En definitiva, hemos hecho un tremendo progreso, pero hay lugares que han tomado la agenda y la han aplicado mucho más rápido, como Argentina o Reino Unido que han entendido cómo aplicar la participación. Pero la realidad es internacional, a nivel nacional es todo muy lento y a nivel local toda la actividad es mucho más fácil y se están logrando cosas.