La historia se construye como un puzle. A base de piezas que van encajando. Testimonios de la época, documentos encontrados, restos de edificios, objetos, monumentos y demás elementos artísticos o arquitectónicos que han dejado huella hasta nuestros días. Y, en ocasiones, algo tan corriente como el apellido de alguien es también una prueba de algo que pasó en el pasado. Los apellidos nos dicen mucho del pasado de una localidad, país o zona geográfica. Por ejemplo, ¿por qué hay en España casi mil personas con el primer apellido Japón y otras tantas con el segundo? La respuesta corta: la estancia de japoneses en Sevilla en el siglo XVII.
El pasado está repleto de curiosidades como esta. ¿Qué hacía una delegación de Japón en Sevilla hace cuatro siglos? El transporte por mar había empequeñecido el mundo tal y como era hasta entonces, pero los viajes en barco seguían siendo largos y costosos, en recursos y en vidas humanas. Pero hay más ejemplos así. En Nueva Zelanda, “más de veinte mil maoríes llevan sangre española”, tal y como cuenta el documental El clan español de Nueva Zelanda (2018). Pero esa es otra historia.
Hoy nos centraremos en un momento del pasado en el que territorios tan lejanos como los que hoy llamamos Japón y España estrecharon lazos por distintos motivos. Religión, economía y geopolítica, principalmente. Como resultado, centenares de vecinos de Coria del Río tienen el apellido Japón. Como primer o como segundo apellido. Es más. Según el Instituto Nacional de Estadística, diez españoles se apellidan Japón Japón. Y todos residen en Coria del Río. A continuación, viajamos al pasado para ver cómo el apellido Japón nos recuerda la expedición de japoneses en Sevilla varios siglos atrás.
Cómo empieza esta historia

La cultura japonesa y, por lo general, todo lo que tiene que ver con Japón, siempre ha llamado la atención de muchos occidentales. En España, el manga y el anime supusieron un antes y un después en la popularidad de ese país en las últimas décadas del siglo XX. Una tendencia que sigue hasta nuestros días y que es compatible con el más reciente éxito de la cultura k-pop y de la difusión de cine, literatura y manga coreanos.
Pero antes del manga, fue la tecnología. Automóviles de marcas como Toyota, Nissan, Honda o Mitsubishi. Y mucho antes, consolas y aparatos de juego, relojes, calculadoras, cámaras fotográficas y toda clase de dispositivos electrónicos que llegaron desde Japón para llenar el mercado español con marcas como Nintendo, Sony, Panasonic, JVC, Sharp, Sanyo, Toshiba, Casio, Canon o Nikon. Y los más veteranos recordarán marcas ya caídas en desgracia como Aiwa, Sanyo, Minolta, Kenwood o Akai.
Pero las relaciones entre España y Japón empiezan mucho antes. ¿Cómo llegaron los primeros japoneses a Sevilla? En la década de 1540, las coronas de Portugal y de Castilla están interesadas en este archipiélago. En ese entonces, ambas coronas se reparten medio mundo. Y el continente asiático no es una excepción. Portugal tiene puertos y posesiones en varios territorios. El más importante, Macao. Por su parte, el enclave más relevante de Castilla en la zona es Filipinas.
En aquel entonces, Japón estaba inmerso en un proceso de guerras civiles entre señores feudales y se acercaba la unificación de Nobunaga. No es de extrañar que en los primeros contactos entre europeos y japoneses, las primeras mercancías sean armas de fuego. Y, en paralelo, empiezan a llegar misiones católicas, especialmente de jesuitas.
La expedición de Tsunenaga

En 1612, se fragua una primera expedición japonesa a Europa. La idea surge de Date Masamune, señor feudal de Sendai, al noreste de Honshu, la isla principal de Japón. Masamune conoce al fraile franciscano Luis Sotelo. Y de este encuentro nace la idea de financiar un viaje para establecer relaciones comerciales. Aprobado el viaje por Tokugawa Ieyasu, señor feudal que en aquel entonces tenía más poder en Japón, la expedición se conoce con el nombre de embajada Keicho. Y la liderará el samurái Hasekura Tsunenaga, si bien el fraile Luis Sotelo tendrá un papel importante como intermediario, consejero y traductor.
La embajada Keicho zarpa en octubre de 1613 en la nave San Juan Bautista. El objetivo, enviar una comitiva de japoneses que pasarán por Acapulco, Ciudad de México, Sevilla, Madrid y Roma. Consta de 150 japoneses a bordo, aunque no es una cifra exacta. Aproximadamente 10 samuráis del shogun, unos 12 samuráis del señor de Sendai y promotor del viaje, Date Masamune, y más o menos 120 comerciantes, marineros y sirvientes, hasta completar la cifra de 150. Junto a ellos, 40 españoles y portugueses entre marineros y comerciantes.
El viaje tiene su primera parada en Acapulco, que en esa época era parte del Virreinato de Nueva España, es decir, parte de la corona de Castilla. Desde Acapulco, los miembros de la expedición viajan hasta Ciudad de México. Allí, Hasekura Tsunenaga y Luis Sotelo se enteran de que Tokugawa Ieyasu ha promulgado leyes contra los misioneros cristianos, lo que podría entorpecer la misión diplomática entre España y Japón. Sin embargo, deciden proseguir el viaje. Eso sí. Con una comitiva muy inferior a la inicial. De los 150 japoneses que zarparon de Japón, a tan solo unos 30.
Japoneses en Sevilla

El viaje termina en octubre de 1614, un año después. La embajada Keicho llega a Sevilla recibida con una gran recepción por parte del ayuntamiento. Hay que recordar que, si bien Madrid ya era la capital del Reino, Sevilla era una ciudad de gran importancia por ser el centro del comercio con América. En parte, por tener el monopolio legal del comercio de ultramar.
Así pues, la expedición sigue su viaje hasta Madrid en varios coches de caballos. Una vez allí, el Consejo de Indias recomienda a Felipe III desconfiar de las propuestas de Tsunenaga y Sotelo con el argumento de la prohibición del cristianismo en Japón. Que, como hemos visto, les sorprendió a medio viaje. Ante la negativa del rey, los expedicionarios prosiguen su viaje hasta Roma para encontrarse con el papa y así tratar de llegar a algún acuerdo comercial. El resultado es igual de infructuoso.
Como resultado, la maltrecha embajada Keicho debe volver a Japón sin haber logrado su propósito. Ni siquiera el fraile franciscano Luis Sotelo logra en Roma su objetivo personal de ser obispo en Japón. Lo único remarcable de este periplo es que, en su viaje desde Sevilla hacia Madrid y Roma, la expedición se quedó un tiempo en Coria del Río, parada obligatoria en el viaje por el río Guadalquivir para llegar a Sevilla. Una anécdota que no debería tener ninguna relevancia si no fuera porque, cuatro siglos después, esta población de 31.095 habitantes (datos del padrón de 2024) sigue recordando a esa comitiva de japoneses que llegaron a Sevilla con la intención de estrechar puentes entre España y Japón.
El legado japonés de Coria del Río

En la página oficial del Ayuntamiento de Coria del Río explican su longeva historia. El texto viene encabezado por una estatua en la que vemos a un ciudadano japonés vestido con las ropas tradicionales del siglo XVII. Y el texto que hace referencia al tema que nos ocupa dice así: “En octubre de 1614 se aloja en Coria del Río la Embajada Japonesa de Hasekura Tsunenaga, dejando en la localidad como recuerdo el apellido Japón, como resultado de su descendencia”. Un breve párrafo que, pese a parecer una simple anécdota, convierte a esta localidad andaluza en toda una curiosidad histórica.
Según el Instituto Nacional de Estadística, en España hay 973 personas con el apellido Japón en primer lugar. Y 993 con el apellido Japón en segundo lugar. Aunque están repartidos en varias provincias, destaca principalmente Sevilla. Y si vamos al detalle, la mayoría de vecinos de apellido Japón residen en Coria del Río, si bien también hay algunos en poblaciones aledañas como La Puebla del Río o Aznalcázar.
La explicación es sencilla. En aquella época, a los extranjeros que se quedaban a residir en el país se les daba un apellido que delataba su procedencia. Seis o siete miembros de la comitiva de Hasekura Tsunenaga decidieron quedarse en Coria del Río. Aunque hay quien sube la cifra a 30 japoneses. Y como habitantes de la zona, se pasaron a apellidar Japón, como indican documentos de la época. Desde entonces, sus descendientes han ido manteniendo el apellido hasta nuestros días. Descendientes de tripulantes o sirvientes que vieron en Coria del Río la oportunidad de empezar una nueva vida lejos de la situación del Japón de entonces.
Por su parte, Tsunenaga sí que volvió a Japón. Sabemos que llegó en septiembre de 1620 y que falleció dos años después, en 1622. Siete años después de su prometedor viaje a tierras castellanas. Eso sí. Desconocemos las causas de su muerte. Aunque no fue hasta finales del siglo XIX que Japón abrió sus fronteras y envió expediciones diplomáticas a países occidentales.
Para cerrar el círculo, recordar que en el paseo Carlos de Mesa de Coria del Río podéis encontrar un monumento a Hasekura Tsunenaga que fue cedido por las autoridades de la ciudad de Sendai, en Japón. Ambas poblaciones están hermanadas. Y en 2013, el entonces príncipe heredero de Japón, Naruhito, y actual emperador de Japón (desde mayo de 2019), visitó Coria del Río. Entre otras ceremonias, plantó un cerezo junto a la escultura de Tsunenaga. Y según la prensa del momento, “dio la mano” a muchos de los vecinos de Coria del Río “tras romper el protocolo”. Desde entonces, miles de japoneses visitan el pueblo sevillano cada año recordando el legado de aquellos primeros japoneses que llegaron a Sevilla.
