Para finalizar esta pequeña reseña sobre el mundo de la fotografía en el cine, llega hoy el último artículo en el que hablaremos de algunos de los nombres que deberían figurar en la cabeza de todos los amantes del cine con letras de oro.
Las películas van surgiendo y creando historia, mitos y leyendas. Los hombres y mujeres de la calle enloquecen ante la aparición, en las salas de los cines, de los rostros de Greta Garbo, Ingrid Bergman, Marilyn Monroe, iluminadas según la forma de sus rostros por algunos de los más grandes maestros de la luz, muchas veces contratados por uno de los grandes estudios. Eran los tiempos de Arthur Ederson y su Casablanca (1941), con algunos de los planos más bellos de Ingrid Bergman; de William H. Daniels y su La gata sobre el tejado de zinc; de Robert Bucks y sus colaboraciones inolvidables con Hitchcock en Vértigo (1958), Atrapa a un ladrón (1955), La ventana indiscreta (1954), con la que consiguió su primer oscar... Grace Kelly nunca estuvo más bella en su primera aparición, cuando besa al pobre fotógrafo lesionado -ojalá hubiera sido yo-.
Pero el más grande de esta época fue Gregg Toland, y su trabajo en Ciudadano Kane (1941). Nunca se ha experimentado tan sabiamente como en esta película. Todo la fotografía está al servicio del guión: la profundidad de campo, una iluminación realista y justificada, unos encuadres modernos y necesarios... y en blanco y negro. Es el mejor curso de dirección de fotografía que se puede hacer.
Muy cerca anda Robert Krasker con El tercer hombre (1949), donde ganó un oscar por el blanco y negro más elegante que se recuerda. Se convierte en una parte más del guión, vuelve aún más agobiante el enrevesado argumento. Es la perfecta evolución del expresionismo alemán.
Y de Europa vino una nueva revolución visual, de la mano de la Nouvelle Vague, y de su mentor fotográfico Raoul Coutard. Este estilo cinematográfico, auspiciado por los chicos de la revista Cahiers du Cinema, se confiesan hartos de todas las complicaciones –tanto técnicas como económicas- para fotografiar una película, y apuestan por una manera de trabajar más sencilla. Los actores ya no tendrán que estar pendientes de la colocación de los potentes focos, pues se sustituyen por sencillas photofloods de 500 w rebotados al techo o se olvidarán de la luz artificial. Elegirán cámaras más ligeras que permitirán llevarlas al hombro, lo que permite al operador una mayor libertad de movimiento. Todo consiste en facilitar las cosas, con el fin de encontrar la naturalidad, y un presupuesto más ajustado. Los cuatrocientos golpes (1959) de François Truffaut, es uno de los grandes ejemplos de esta tendencia.
Desde entonces hasta la actualidad, no ha habido ninguna tendencia que realmente destaque sobre las demás, quizás la nueva estética propia del video clip, que sólo contribuye a crear confusión por el exceso de encuadres sin sentido, en busca de una mal entendida espectacularidad. Hay pocos buenos ejemplos, pero quizás podemos destacar Moulin Rouge (2001), de Donald McAlpine, una película original se la mire por donde se la mire.
El cine es imagen, y resulta curioso cómo se ha pasado de una sola cámara sobre trípode, a servirse del travelling, de los planos secuencia, del zoom, del uso excesivo del montaje... pero todas pueden llegar a aportar algo, y como reseña, las mejores fotografías de la historia de l cine según la encuesta de la revista Nickel Odeón:
- Ciudadano Kane.
- Amanecer.
- El Padrino (trilogía).
- La noche del cazador, El río.
- Barry Lyndon, El tercer hombre.
- Iván el Terrible I y II, Días del cielo, Doctor Zhivago.
- Lawrence de Arabia, El espíritu de la colmena, Blade Runner, Ordet, la palabra, El cuarto mandamiento, El gatopardo, El expreso de Shangai.
- Lo que el viento se llevó, Vértigo, Casablanca, Que el cielo la juzgue.
- Centauros del desierto, El sur, Nosferatu, La lista de Schindler, Luces de la ciudad, El mago de Oz, Laura, Muerte en Venecia, Azul, Blanco, Rojo, El último emperador, Deseando amar, El paciente inglés, La misión, El abuelo, Cantando bajo la lluvia...
En el cine español destacan los trabajos de José Luis Alcaine y Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), Néstor Almendros y Días del cielo (1978), Javier Aguirresarobe y Los otros (2001), Luis Cuadrado y El espíritu de la colmena (1973)...
Hay pocos estudios sobre el tema, alguna que otra biografía que merece la pena rescatar, como la de Néstor Almendros, o la de Vittorio Storaro, o el excelente monográfico de la desaparecida Nickel Odeón; pero la gran mayoría te dicen que esa película es muy bonita y que tiene planos muy interesantes.
Cuando recordamos una buena película, siempre nos viene a la cabeza alguna de sus escenas, y la fotografía es responsable que recordemos esa película toda la vida. Además, como fotógrafos, podemos aprender e inspirarnos con un plano que alguna vez nos haya cortado la respiración. ¿Cuáles son vuestras películas favoritas desde un punto de vista fotográfico?
