Los demonios de Ken Russell tienen una merecida fama de escandalosa y blasfema. Y además, ser una de esas películas que causan impacto ahí en donde se estrena. Algo que se demostró este mes, cuando finalmente la cinta venció años de señalamientos y críticas. Todo para volver a los cines y convertirse en un hito del cine de terror, casi por segunda vez desde su estreno en 1971. Lo cierto es que la obra maestra de Russell ha resucitado oficialmente en los cines tras décadas de censura feroz. Todo para felicidad de los amantes de lo terrorífico, pero sobre todo, del llamado cine maldito. 

Además, desatando un furor sin precedentes gracias a su nueva restauración en 4K. Catalogada históricamente como una de las películas más provocadoras e iconoclastas de la historia de Hollywood, la cinta sufrió censura extrema por parte de Warner Bros. Y como si eso no fuera suficiente, provocó un escándalo masivo desde su estreno. Todo debido a su salvaje combinación entre blasfemia, sangre, sexo y mensaje político. Un evento cinematográfico que sacudió los cimientos del cine de terror y se volvió, casi de inmediato, un punto de discusión para todo amante del género.

De hecho, Los demonios de Ken Russell fue prohibida en múltiples países bajo la presión del Vaticano. Mucho más, se le consideró como una pieza perdida del cine extremo, sometida a la presión del conservadurismo y diversas leyes regionales. Por décadas, la película pasó a ser una especie de obra de culto en ausencia, ante la posibilidad de encontrarse en cualquier formato. Pero ahora, finalmente, la cinta encontró no solo su lugar de honor entre el mundo del terror. También, un revival que celebra lo mejor de su retorcido y sangriento universo. 

Una obra nacida para escandalizar

Estrenada el 16 de julio de 1971, Los demonios se volvió de inmediato uno de los mayores escándalos de la historia del cine moderno. Y la polémica comenzó de origen. Por un lado, está basada en la novela de Aldous Huxley sobre un caso real de histeria colectiva y posesión demoníaca. Todo ocurrido en la Francia del siglo XVII. Algo que permitió al director crear una especie de cápsula de horrores dentro de las paredes de un convento. Pero mucho más, crear una especie de salvaje sucesión de escenas entre repulsivas, impactantes y blasfemas que desconcertaron no solo a la audiencia. También a la crítica que la tildó de experimento barroco, ultraviolento y repugnante, inclasificable. 

Como era de esperarse, la cinta enfureció al Vaticano y a sectores conservadores. Eso, debido a su explícita mezcla de fanatismo religioso, sexualidad y tortura extrema. Protagonizada por Oliver Reed y Vanessa Redgrave, la obra fue calificada con una restrictiva clasificación X tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos. Más complicado todavía. La crudeza de sus imágenes provocó protestas masivas, piquetes en los cines y desmayos entre los espectadores. Lo que llevó a que al menos 17 ayuntamientos británicos prohibieran su exhibición local. Mientras que países como Finlandia la vetaron por completo durante más de treinta años, hasta noviembre de 2001. 

Pero la verdadera pesadilla de la obra radicó en la feroz mutilación estructural que sufrió a manos de los comités de censura. Antes de su debut en 1971, la British Board of Film Censors (BBFC) y el propio estudio Warner Bros unieron fuerzas. Todo para forzar la eliminación de escenas clave. Lo que terminó destripando a la película en su versión original. La colección de secuencias censuradas (y aparentemente destruidas) incluía la esencia escandalosa de la cinta. Por lo que abarcaban desde la infame secuencia de la Violación de Cristo, en la que las monjas desnudas profanaban un crucifijo, hasta la masturbación explícita. 

Censura y escándalo en 'Los demonios'

Por si eso no fuera suficiente, cuando el largometraje cruzó el Atlántico, la MPAA estadounidense recortó tres minutos adicionales. Eso, para rebajar la dureza del metraje, reduciendo la versión original de 111 minutos a un caótico corte de 108 minutos.

Uno, además, que el propio Ken Russell describió desolado como incomprensible y desarticulado. Pero el trayecto de Los demonios como obra de culto no paró ahí. En 1973, aprovechando el impacto comercial de El Exorcista, Warner Bros. Volvió a editar la cinta para su reemisión norteamericana. Por lo que eliminó sutiles alusiones lésbicas y primeros planos de tortura física para acomodarla a una clasificación R.

‘Los demonios’ y la batalla por llegar indemne al cine

Durante décadas, los fragmentos eliminados de Los demonios se consideraron completamente perdidos. Peor aún, destruidos deliberadamente por el estudio para evitar repercusiones legales. Sin embargo, la persistencia del crítico Mark Kermode dio frutos en 2002. Por lo que terminó por hallar los rollos originales en los archivos olvidados de Warner Bros. Esto permitió ensamblar un primer corte del director presentado en Londres en noviembre de 2004. 

Tras más de medio siglo de censura y debates sobre la libertad artística, la restauración definitiva en formato 4K se estrenó mundialmente este año. Y para que fuera más sorprendente, en la sección de clásicos del Festival de Cannes. Finalmente, Los demonios llegó a las salas comerciales de Estados Unidos el 16 de octubre de 2026. Seguida, además, por el Reino Unido el 30 de octubre del mismo año. Distribuida por el sello Clockwork, esta versión íntegra recibió una clasificación estricta de NC-17. Algo que permite al fin que el público contemporáneo aprecie la obra maestra política y transgresora tal como Ken Russell la concibió originalmente. 

¿‘Los demonios’ está basado en un caso real?

Por si te lo estás preguntando y te preocupa el tema: Los demonios está basada parcialmente en una historia real. La trama se basa en el infame caso real de las posesiones demoníacas de Loudun de 1634. Un conflicto de larga data que estalló originalmente en 1632. Todo, en un convento de monjas ursulinas liderado por la madre superiora Juana de los Ángeles. Las religiosas, confinadas bajo una estricta reclusión monástica, comenzaron a manifestar extrañas convulsiones, blasfemias y comportamientos lascivos. 

Presionadas por los exorcistas eclesiásticos, las monjas terminaron por hacer frente común para un objetivo. Acusar de haberlas embrujado y poseído mediante un pacto satánico al carismático párroco local, el padre Urbain Grandier. Este último era un hombre sumamente atractivo, culto y elocuente que gozaba de una abierta promiscuidad. Lo que provocó que tuviera numerosos enemigos locales tras seducir a varias mujeres de la alta sociedad del pueblo. Todo para después embarazar a la hija del propio fiscal de la ciudad. La frustración sexual de la superiora por el rechazo espiritual del clérigo detonó la delirante acusación. 

Sin embargo, el motor definitivo del trágico desenlace no fue espiritual, sino estrictamente geopolítico y de Estado. Loudun era una rica ciudad fortificada de mayoría protestante que defendía su autonomía frente al absolutismo real. Urbain Grandier se opuso firmemente a las órdenes del poderoso primer ministro, el cardenal Richelieu. En especial, porque este exigía demoler las murallas locales para neutralizar cualquier amago de rebelión hugonote. 

Viendo una oportunidad de oro para deshacerse del rebelde sacerdote, Richelieu envió a sus comisionados reales para manipular los exorcismos públicos. De modo que los convirtió en un circo político. A pesar de que las pruebas presentadas consistían en ridículos contratos firmados de puño y letra por el mismísimo Lucifer, el tribunal declaró culpable al párroco. Tras sufrir brutales torturas físicas en las que le aplastaron las piernas, Grandier mantuvo su inocencia hasta el último segundo de vida. Todo, para después ser quemado vivo en la hoguera el 18 de agosto de 1634. Un contexto ideal para una obra tan convertida como Los demonios.


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