Scream 7 se estrena con un peso en el ala considerable. Por un lado, el escándalo que acompañó a su producción, que perdió a sus protagonistas y después a su director original en rápida sucesión. Al otro, batallar con el inevitable del tiempo (treinta años desde su primera entrega), que hace que su fórmula sea demasiado popular, para intentar ser original. Por lo que el director Kevin Williamson (guionista de la original), toma la decisión de hacer la película muy consciente de su legado. Una especie de reflexión sobre su propia importancia que no termina de funcionar, a pesar de la sucesión de muertes violentas y sátiras que ayudan a mantener el ritmo.
Para eso, el director y guionista (crédito que comparte con Guy Busick) convierte a la cinta, ya no tanto en un nuevo capítulo de la saga, sino en una revisión de su universo. Para eso y como se anunció con bombos y platillos, la trama se enfoca en Sidney Prescott (Neve Campbell), treinta años después de los sucesos del primer clásico. La decisión es arriesgada y se basa mayormente en la nostalgia. Pero durante el primer tramo de la película funciona, gracias al hecho de que Campbell, el rostro de la saga desde su llegada al cine, encarna su evolución. Muy lejos de su papel como víctima en perpetuo escape, ahora es una mujer serena, equilibrada y con una familia que cuidar.
Alejada de la horripilante historia que marcó su juventud, ahora vive en el pacífico pueblo de Pine Grove, lejos de Woodsboro. Allí, es una vecina cualquiera que atiende una cafetería con buen humor; está casada con el policía Mark Evans (Joel McHale). Además, cría lo mejor que puede a su hija adolescente Tatum (Isabel May). Uno de los puntos altos del guion es justamente ese. Sidney no regresa como un personaje que apenas sobrevive al pasado, sino como alguien que se sostiene en dos pies a pesar de eso. Lo que aleja, por ejemplo, del revival de Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) en la saga Halloween.
Un giro que no funciona del todo

No obstante, el intento de convencer de que Sidney es ahora feliz luego de tantas experiencias horrorosas, resulta forzado cuando no directamente artificial. Todo debido a que plantea una ruptura inmediata. Antes o después, ese equilibrio deberá romperse, sin dar indicios de cómo planea la trama mostrar el lado más fuerte y decidido de Sidney. Es evidente que el argumento supone que la audiencia sabe todo lo que hay que saber sobre su protagonista. Por lo que agrega poco contexto sobre su comportamiento, vivencias o temores.
De hecho, Scream 7 utiliza demasiados clichés sobre la víctima que todavía teme a lo que se esconde en la oscuridad de manera dispersa, desordenada y poco creíble. Por un lado, Sidney parece serena y muy lejos de la mujer que fue, solo para después, sacar a relucir sus temores y preocupaciones. Una escena especialmente compleja que muestra esa ambigüedad ocurre cuando descubre que Ben (Sam Rechner), el novio de Tatum, le hace una visita nocturna a la chica. Por lo que hay una discusión que trata de establecer los temores, angustias y preocupaciones de Sidney de manera hasta ridícula.

Claro está, se trata de una película que basó su efectividad en el mundo adolescente y cómo sus diversos personajes lograron enfrentar a un criminal brutal. Por lo que el giro de la Final Girl ahora en eterna vigilancia podría funcionar sin grandes problemas. El único inconveniente es que la trama (sencilla, sin mucho ritmo y con poco que ofrecer) se queda a medias en esa premisa. Más complicado todavía, parece tener problemas reales para lidiar y manejar la idea del terror al acecho (que no tarda en volver) de manera divertida y enigmática.
Misterios y secretos en ‘Scream 7’

Más parecida a un reinicio de la saga que a un capítulo de la franquicia, Scream 7 tiene evidentes problemas de tono y ritmo. Mucho, debido al hecho de que se aleja de la tensión de un asesino en busca de víctimas para plantear cosas nuevas. Pero no lo hace de manera hábil ni tampoco que sea realmente interesante. Por lo que parte del conflicto atraviesa el cómo Sidney lidia con mantener su pasado lejos de su hija de 17 años. También, su incapacidad para ocultar del todo lo ocurrido con Ghostface y Woodsboro.
Mientras todo eso ocurre, el argumento gravita con algunas escenas torpes acerca de cómo el mundo comprende a Sidney a la manera de la sobreviviente definitiva. En especial, en una época recargada de true crime, obsesión por los asesinos en serie y la violencia. Pero incluso, ese lado tan intrigante, termina por perder su capacidad para satirizar; la película parece más obsesionada con su propia mitología. Hay mucha nostalgia mal utilizada y peor construida, que apela a la saga como el ombligo del terror. Un giro sin gracia y mucho menos sentido en una franquicia que utiliza su propia capacidad para el absurdo a su favor.

Todo se vuelve peor cuando Sidney recibe la clásica llamada de Ghostface y se descubre la gran sorpresa de la trama. Pasando rápidamente de la llamada al video, nuestra heroína descubre de inmediato que quien le amenaza no es otro que Stu Macher (Matthew Lillard). Por supuesto, la explicación no es una resurrección súbita, sino la IA o el deepfake. Sin embargo, de nuevo, la cinta tiene verdaderas dificultades para luchar contra el peso de lo absurdo de lo que plantea. Sidney no parece tenerlas todas consigo para enfrentar otra vez a su clásico enemigo. En lugar de eso, parece desorientada y confundida, casi como la misma trama, incapaz de seguir luego de su gran revelación.
IA, asesinos y preguntas sin respuesta

Por supuesto, de inmediato Ghostface comienza su ronda de asesinatos, cada vez más exagerada, gráfica y sangrienta. Uno de los puntos más fuertes de la cinta, es precisamente ser mucho más cruel y desinhibida para mostrar a su asesino, de una brutalidad alucinante. No obstante, más allá de eso, la cinta fracasa estrepitosamente en ser algo más que un vehículo de nostalgia. Las puertas que se abren con lentitud, la oscuridad oculta a su asesino: Scream 7 copia de forma descarada, su propia fórmula. Pero lo que es más complicado de entender es lo simplísima de su trama.
Más allá de esa parafernalia gore, la película tiene muy poco que ofrecer. En particular, porque la historia se mete a sí misma en un callejón sin salida. El asesino es, por necesidad, un fallo central en medio de lo que Scream 7 plantea. De ser de nuevo Stu Marcher, la película sabotea su propia personalidad, premisa y mitología. Al otro lado, de ser únicamente deepfake, todo el entramado de nostalgia es solo un truco barato. Por lo que, para su segundo tramo, es evidente que cualquier solución será fallida, como de hecho, termina ocurriendo.
Asesinatos sin chiste para Scream 7

Una de las cosas más sorprendentes de Scream 7 es que, a pesar de su buena cantidad de sangre derramada de forma muy directa, los asesinatos son poco menos que copias genéricas. Ghostface aparece y desaparece, como si el director quisiera insinuar cierta naturaleza sobrenatural. Una decisión sin sentido, cuando la cinta previa, apostó a la crueldad de su asesino. Otro punto bajo es la completa falta de personalidad en sus puestas en escena, un error enorme después de haber convertido a Nueva York en un territorio de cacería para el asesino en Scream 6.
Al contrario, en esta ocasión, todo se siente falso, sin mayor profundidad y a mayor gloria de una colección de guiños metarreferenciales. Más complicado todavía resulta el hecho de que, en realidad, nadie de interés muere en el argumento. Eso, a pesar de las heridas, palizas, balas y puñaladas que sufren los personajes a lo largo del argumento. Para su final (aburrido, plano y anticlimático), Scream 7 deja algo claro. Lo que realmente asesinó a este nuevo (y controvertido) Ghostface fue la capacidad de la saga para burlarse de sí misma. Lo peor que puede ocurrir en una serie de películas conocidas por su burlón y siniestro sentido del absurdo.

