Euphoria concluye su paso por la cultura pop con una tercera temporada cargada de problemas, polémicas y dejando como legado opiniones divididas. Siete años y 26 capítulos después de su estreno, la producción que marcó un récord de atención en las redes sociales y ganó 9 Emmys deja un sabor agridulce como cierre. Eso, a pesar de haber convertido a su elenco en un grupo de estrellas en ascenso y dejar una huella indeleble en el mundo del entretenimiento.
Pero Sam Levinson parece no haberlas tenido todas consigo para culminar su historia a la altura de su celebrada primera temporada. Mucho menos dar profundidad (y respuestas) a varios de los temas más impactantes que formaron parte de la trama de la tercera. De la enrevesada historia de narcotraficantes que no llegó a ninguna parte a la deshumanización de Cassie (Sydney Sweeney), convertida en controversia. Euphoria culmina como siempre en el punto más alto para generar polémica, pero sin que su guion le acompañe en la audacia.
Peor todavía, dejando a su paso un puñado de interrogantes y cabos sueltos. Tampoco, sin que la trama haya resuelto de manera satisfactoria los arcos de sus personajes. Por lo que la despedida también pone punto final a un fenómeno colectivo, pero lo hace de manera irregular, incompleta e insatisfactoria. A pesar de eso, la serie también demostró su cualidad como hito en la forma de analizar la generación Z en cine y televisión. Por lo que el saldo de su despedida es tanto positivo como negativo y lo analizamos a continuación.
Lo bueno de ‘Euphoria’
Una revolución en su enfoque sobre una generación en crecimiento

Euphoria se consolidó como un hito televisivo gracias a su crudo y estético retrato de las adicciones, la salud mental y las crisis de identidad. A lo largo de su recorrido, las mayores virtudes de la producción residieron en la dirección de Sam Levinson.
Que incluyó un magistral uso de la cinematografía y la innovación visual. Lo que brindó a la serie una identidad visual que marcó un antes y un después. Especialmente recordado es el uso del film Kodak de 35 milímetros para su rodaje, algo que obligó a la icónica empresa a producir negativo exclusivamente para la serie. Pero también, Euphoria logró convertir su propuesta estética en todo un mensaje para narrar la óptica de una generación educada por internet.
Algo muy notorio en su tercera temporada, convertida en un western contemporáneo de paleta cromática saturada y planos innovadores. Durante los ocho capítulos de la entrega cierre, Sam Levinson muestra la gradual caída en el desastre de sus personajes, con una perspectiva retorcida y barraca. Que culminó con una escena a mayor gloria de Quentin Tarantino y una exploración sobre la fe, a través de un plano conmovedor que hizo llorar a los fanáticos.
Madurez para sus personajes

A pesar de sus errores, esta entrega final rompe con los esquemas del drama adolescente tradicional. Todo, al ejecutar un arriesgado salto temporal de cinco años en el futuro. No funcionó del todo bien, pero supo capitalizar el crecimiento y madurez de sus actores hacia lugares nuevos. También obligó a sus icónicos pero autodestructivos personajes a confrontar las consecuencias de sus elecciones de juventud. Ahora desprovistos de la burbuja protectora de la preparatoria.
Por lo que el principal de la temporada final se encuentra en el descarnado abordaje de la madurez de Rue Bennett (Zendaya). La serie se sumergió en una atmósfera mucho más sombría. Una además, en que los protagonistas luchan directamente contra el problema del mal y la búsqueda de redención. El desgarrador destino final de Rue (que fallece por una sobredosis accidental de fentanilo) concluye su arco evitando la redención sencilla.
Por lo que, al evitar los finales complacientes, Euphoria da a la magnífica actuación de Zendaya una dimensión trágica. Una también que honra la dura realidad de miles de personas. Por lo que convierte su desenlace en una profunda y dolorosa elegía sobre la fragilidad humana.
La despedida a un querido miembro del elenco

Levinson manejó la trágica muerte real del actor Angus Cloud (Fezco), incluyéndolo en una escena emotiva. Para eso, el desenlace de Euphoria utiliza secuencias oníricas bellamente logradas para incluir imágenes inéditas del actor.
Por lo que transforma el último adiós de la serie en un emotivo homenaje tanto para él como para quienes no logran tener una segunda oportunidad en la vida real. De este modo, Euphoria se despide no solo como el retrato estético de una generación, sino como una advertencia inolvidable sobre el peso de nuestras propias decisiones.
Lo malo de ‘Euphoria’
Un buen tema mal ejecutado

Euphoria culminó en medio de controversias debido a decisiones creativas y de producción que terminaron por mermar la calidad de su esperada entrega final. El principal problema radicó en el salto temporal de cinco años (una decisión necesaria), que se sintió desconectado de los arcos argumentales previos. Al saltar drásticamente hacia la adultez, el creador Sam Levinson cortó de raíz la resolución natural de las tensiones acumuladas en la preparatoria.
Por lo que dejó tramas fundamentales completamente en el olvido. De modo que el recurso pareció más un giro para enfrentar el envejecimiento del elenco que una evolución orgánica de la historia. Más preocupante todavía es el hecho de que la vida adulta de los personajes se volviera cliché del fracaso contemporáneo. O lo que es aún peor, un puñado de situaciones en apariencia complejas que no terminaron por resolverse del todo.
Un guion lleno de agujeros

El punto más bajo y criticado de este desenlace fue la alarmante caída en la calidad del guion. También, el viraje hacia un nihilismo excesivo, coronado por el trágico final de Rue. El fallecimiento de la protagonista tuvo mucho de porno de miseria y una reinterpretación total de la idea central de su redención. Tras años de acompañar a Rue en su doloroso camino de recuperación, la decisión de otorgarle un final tan desolador y punitivo se percibió como un acto de crueldad narrativa gratuita. En especial, porque a pesar de la audacia de tomar la decisión de matar a su protagonista, la trama no exploró el tropo con suficiente profundidad.
Uno además, que destruyó cualquier mensaje de esperanza sobre la salud mental. Este pesimismo extremo, sumado a la trágica muerte de Nate Jacobs (Jacob Elordi), convirtió a la serie en un retrato monótono donde la redención era imposible. Algo que, además, sustituyó la complejidad emocional del pasado por un melodrama de choque.
Ausencias notables para el final de ‘Euphoria’

Finalmente, la temporada final sufrió enormemente debido a las notables ausencias de personajes clave. También, a una atmósfera de caos detrás de cámaras que se tradujo directamente en la pantalla. De enfrentamientos públicos entre Zendaya y Sam Levinson a la abrupta salida de figuras esenciales como Kat Hernández (Barbie Ferreira). Eso, pasando por los notorios retrasos en la producción que rompieron por completo la química del elenco.
La combinación de elementos provocó una caída de calidad en la producción a nivel general. Además, si bien el show intentó rendir un respetuoso homenaje al fallecido Angus Cloud (Fezco), el resultado fue caótico. De hecho, la resolución de su destino y el de su hermano Ashtray (Javon Walton) se sintió apresurada, confusa y desprovista del impacto emocional que merecía.
Al final, Euphoria también sufrió por la renuencia de Sam Levinson a contar con una mesa de escritores externa. También, su obsesión por la provocación visual. Lo que terminó por ahogar el verdadero potencial dramático de la serie.
Lo feo de ‘Euphoria’
Caos a todo nivel

Euphoria pasará a la historia por haber sido una de las producciones más caóticas y envueltas en polémicas detrás de cámaras de la televisión moderna. Desde sus inicios, el set de rodaje fue descrito por múltiples reportes como un entorno de trabajo hostil y extenuante. Uno, además, caracterizado por jornadas laborales de hasta 18 horas que provocaron quejas formales ante el sindicato de actores (SAG-AFTRA).
Sin embargo, la crisis se agudizó drásticamente durante la preparación de su accidentada temporada final. Los constantes retrasos en la escritura de los guiones por parte de Sam Levinson, sumados a la huelga de Hollywood, afectaron la solidez de la entrega. Por si eso no fuera suficiente, las agendas superpuestas de superestrellas globales como Zendaya, Sydney Sweeney y Jacob Elordi crearon un ambiente de incertidumbre total. Lo que postergó la producción durante años, desgastando la relación entre el elenco y la cadena productora.
Sam Levinson, el dictador

El foco principal de las controversias creativas recayó sobre la figura de Sam Levinson. Al escritor se le acusó reiteradamente de ejercer un control inflexible al negarse a implementar una sala de escritores tradicional. La actitud derivó en choques frontales con varios miembros del elenco que discrepaban abiertamente con el rumbo hipersexualizado y autodestructivo de sus personajes.
El caso más sonado fue la abrupta salida de Barbie Ferreira (Kat) tras supuestas discusiones con el director sobre la degradación de su arco narrativo. Lo que provocó que su personaje fuera eliminado de la temporada final sin ninguna explicación lógica.
Asimismo, la filtración de borradores descartados para la tercera entrega desconcertó. En especial, porque incluían ideas perturbadoras como convertir a Rue en una madre sustituta o tramas de violencia explícita innecesaria. Lo que demostró la falta de rumbo del programa.
Al final, Euphoria se despidió empañada por un amargo historial de disputas contractuales, un descontento generalizado de sus propios actores con el guion final y la sombra de haber sido una producción que colapsó bajo el propio peso de sus excesos, su falta de organización y sus tragedias internas.
Cassie, un fenómeno aparte

La hipersexualización de Cassie Howard, interpretada por Sydney Sweeney en Euphoria, es uno de los ejes más controvertidos y analizados de la serie. En especial, porque desde la primera temporada, el guion deshumanizó e infravaloró al personaje. Cassian aprende tempranamente que su valor social y afectivo está condicionado por su atractivo sexual, lo que la lleva a someterse a rituales de belleza extremos.
Pero fue en la tercera temporada cuando el punto llegó a su momento más escandaloso al profundizar en Cassie como una creadora de contenido adulto. Una, además, hipersexualizada y prostituida. Para el capítulo final, la trama no llega a ninguna conclusión, más allá de mostrar la soledad de Cassie. Lo que parece confirmar que Euphoria abandonó la calidad por el impacto.

