Ravalear, con seis episodios y firma española, llega a HBO Max para demostrar la calidad de las producciones del país. Pero sobre todo, por estar rodeada de una considerable expectación. Eso, debido a que antes de su estreno, fue incluida en la Sección Oficial del prestigioso Festival Internacional de Cine de Berlín. Concretamente en la vitrina competitiva Berlinale Special Series celebrada en febrero de este mismo año. Algo que no solamente resulta sorprendente para una serie, sino que avala la calidad de esta producción, destinada a marcar un hito en un tema complicado. Lo que ocurre cuando el poscapitalismo aplasta las pequeñas iniciativas y domésticas en favor de grandes proyectos empresariales.
No se trata de un punto común o que sea familiar para buena parte de la audiencia de HBO, pero uno de los elementos altos de Ravalear es precisamente profundizar en el tópico desde lo universal. Todo, a través de la capacidad de la producción para explorar en un conflicto local en un tono universal y accesible para espectadores del resto del mundo. Lo que le permite trascender las fronteras del idioma y las geográficas. Pero mucho más, demostrar que una buena historia será relevante incluso si relata circunstancias que solo atañen a un país o una localidad.
Que es el caso de Ravalear. La miniserie, ambientada en el corazón de Barcelona, explora las consecuencias psicológicas de la gentrificación urbana. Todo, mediante la crónica trágica del restaurante centenario Can Mosques. Este último, un icónico negocio del Raval que se enfrenta a un desahucio inminente tras la adquisición de su inmueble por un frío fondo de inversión transnacional. Pero lo que inicialmente se plantea como una inevitable y amarga derrota económica para la familia fundadora que regenta el local, pronto se convierte en algo más. En especial, cuando el vecindario reacciona a la medida y se convierte en un protagonista más de la tragedia.
Un hecho de la vida cotidiana que se convierte en historia universal

Por lo que todo lo que acontece alrededor del desahucio pronto se transforma en una espiral ascendente de hostilidad, violencia y resistencia civil desesperada. Todo, desde el momento exacto en el que el vecindario decide organizarse de forma autónoma para defender el espacio. Para eso, la trama mezcla el drama social de denuncia colectiva y el thriller psicológico criminal. A medida que los intentos de desalojo forzoso se intensifican por vías legales e ilegales, los protagonistas se ven empujados a cruzar fronteras éticas, morales y delictivas.
Mucho más, desde una perspectiva que jamás creyeron posible. Lo que plantea la desgarradora interrogante de hasta qué extremos existenciales es lícito llegar para garantizar la supervivencia de la memoria comunitaria. También, la identidad social frente al capital y el derecho fundamental a la vivienda digna. Todas las preguntas que la serie explora con sensibilidad, paciencia y una considerable capacidad para extrapolar un conflicto en miniatura a un contexto más amplio.
Creada y dirigida por Pol Rodríguez, Ravalear está basada en vivencias propias e historias reales del propio entorno vecinal barcelonés. El showrunner contó con la estrecha colaboración artística del galardonado cineasta Isaki Lacuesta, quien dirige los dos capítulos iniciales. El dúo de directores diseñó meticulosamente una puesta en escena deliberadamente incómoda. Eso utilizando la cámara subjetiva para lograr una sensación permanente de claustrofobia, urgencia social y ahogo psicológico. Que, de alguna forma, metaforiza la presión inmobiliaria sufrida por los personajes.
Una galería de personajes memorables para ‘Ravalear’

Para la ocasión, la serie cuenta además con un elenco de primera línea. El actor Enric Auquer interpreta a Álex, el hijo menor de la familia hostelera, cuyo descenso personal hacia la locura criminal se convierte en pilar de la historia.
Por otro lado, Sergi López encarna de forma magistral y sumamente perturbadora al hombre detrás de la compra agresiva del local de Álex y otros. Lo que le permite encarnar un tipo de codicia moderna que sirve de doloroso contexto para la producción. El reparto coral de primer nivel se completa con Maria Rodríguez Soto y Francesc Orella.
Uno de los puntos más altos de Ravalear es la capacidad de la producción para tocar temas como la inmigración desregulada y la okupación ilegal de inmuebles deshabitados. También, la especulación financiera y la crisis habitacional sistémica. Todo, en medio de una ciudad multiétnica en la que el español, el catalán, el árabe, el urdu y el inglés conviven en medio de todo tipo de debates sobre la riqueza y el fracaso social. Mucho más, al profundizar de manera realista en la identidad de la Barcelona moderna. Un punto de vista de enorme interés y lejos del melodrama que hacen de Ravalear una de las grandes series del año a tener en cuenta en HBO.

