Michael, de Antoine Fuqua, ha pasado por todo tipo de problemas para su estreno. De retrasos, reescrituras, anunciarse como un proyecto en dos partes (que después se resumió en una), hasta discusiones legales sobre su argumento. Lo cierto es que la cinta ha tenido que navegar por un campo minado de desafíos de todos los estilos. Lo que incluye obstáculos logísticos, éticos y técnicos que han complicado su realización desde el primer día. Mucho más, que transformaron a la filmación en una carrera contra el tiempo, a medida que el rodaje se hace complicado, interminable y cada vez más duro de sobrellevar.
Pero, claro está, el inconveniente más crítico ha sido la controversia pública y las implicaciones legales que rodean la figura del cantante. Algo que obligó al equipo de producción y al director a buscar un equilibrio entre el realismo y la ficción. Filmar en localizaciones reales, como la recreación de Neverland, implicó una logística masiva para evitar filtraciones de la prensa. También, lidiar con la presión de grupos que cuestionan el enfoque del guion respecto a las acusaciones de abuso, lo que generó retrasos en la obtención de permisos. A la vez que un aumento considerable en los costos de seguridad.
A esto se sumó el reto técnico de la transformación física de Jaafar Jackson, sobrino del Rey del Pop. El actor, sobrino real del fallecido cantante, posee un parecido natural asombroso con el icónico cantante. Pero a pesar de eso, requirió meses de entrenamiento intensivo para replicar la coreografía única y el timbre de voz del artista. Un proceso que detuvo la producción en varias ocasiones para ajustar prótesis y vestuario necesarios para las escenas de concierto.
Los problemas van y vienen

Como si eso no fuera suficiente, la producción se vio afectada por las huelgas de actores y guionistas en Hollywood, lo que paralizó el rodaje durante meses y obligó a reestructurar todo el calendario de posproducción. De modo que para su estreno este año, la película ya tendrá más de tres años en medio de distintos procesos y debe, además, justificar su costo.
Todo lo anterior, en medio de un debate sobre la figura, legado e importancia de Michael Jackson, cuyos detalles formarán parte de la película. También cinco situaciones que la trama deberá enfrentar, y te contamos a continuación.
Las acusaciones de abuso sexual contra Michael Jackson

Claro está, las acusaciones de abuso sexual contra Michael Jackson son el punto focal de una posible controversia alrededor de la película. En especial después del impacto que causó Dejando Nunca Jamás, el documental estrenado en 2019 y dirigido por Dan Reed. Como se recordará, la controversial producción narra los testimonios de Wade Robson y James Safechuck, supuestas víctimas del artista. Y aunque nunca se llegaron a probar en juicio, son un peso considerable al momento de narrar la historia del artista.
Por lo que el primer y más crítico desafío de la producción es cómo enfocar el tema. Originalmente, el guion de John Logan abordaba el asunto de frente, comenzando incluso con el registro policial de Neverland en 1993. Sin embargo, informes recientes de abril de 2026 indican que la producción invirtió aproximadamente 15 millones de dólares en reshoots para eliminar cualquier mención a estas acusaciones. Esta decisión responde a una cláusula legal en el acuerdo de 1994 durante el juicio que tuvo por centro a Jordan Chandler. En el acuerdo legal que cerró el litigio, se prohíbe su representación o mención en cualquier dramatización cinematográfica.
Claro está, la estrategia resulta controvertida por necesidad. Al eliminar este arco, la película corre el riesgo de considerarse un lavado de imagen o mera propaganda. Una situación complicada porque, si bien las acusaciones contra Michael Jackson jamás fueron probadas, ignorarlas plantea una posición sobre ellas. Por lo que se espera que la cinta levante un debate incómodo acerca de la pertinencia de los diversos juicios llevados contra el cante y cómo afectan su legado.
Sin objetividad para contar la historia

A lo anterior, se suma que probablemente el argumento de Michael pasará por alto cualquier controversia, polémica o crítica al cantante. Mucho más complicado, a la dura relación que el artista mantuvo con su familia y que provocó diversos enfrentamientos públicos. ¿El motivo? El control total que ejerce el Michael Jackson Estate sobre el proyecto. Por lo que los albaceas del patrimonio de Jackson supervisan cada detalle.
De sus hijos a sus hermanos, pasando por un abogado que vela por la integridad de la herencia como legado público. Lo cierto es que es poco probable que una historia que no beneficie la imagen del cantante llegue a la pantalla grande. Un punto que ha generado dudas sobre si el director Antoine Fuqua podrá ofrecer un retrato genuinamente humano o simplemente es una ficción más o menos creíble acerca del ídolo cultural.
Esta tensión se ha visto agravada por las declaraciones de Paris Jackson, hija del cantante, quien en abril de 2026 calificó partes del guion como mentiras totales. A la vez, criticó que la película “complace a una sección específica del fandom que vive en la fantasía”. Equilibrar los intereses comerciales y protectores de la familia con una historia que incluya las fallas del artista es una cuerda floja casi imposible de transitar sin alienar a una parte del público.
Cambios van y cambios vienen para ‘Michael’

Otro motivo de polémica es el radical cambio que Michael ha sufrido a lo largo de su muy extensa posproducción. Ante la imposibilidad legal de incluir a Jordan Chandler y el escándalo de 1993, la película se reconfiguró para terminar en el clímax de la carrera de Jackson, específicamente durante el Bad World Tour de los años 80.
Por lo que este recorte cronológico evita deliberadamente los años más oscuros y controvertidos de la vida del cantante. Un giro que podría despojar a la biografía de su contexto necesario. También de los momentos más duros en la vida de Michael Jackson y los que podrían brindar sustancia al relato. Peor aún, convertir un drama reflexivo y pesado en una celebración de grandes éxitos. Una, además, condenada a restarle profundidad artística y convertirla en una experiencia puramente nostálgica.
Por supuesto, se trata de un punto complicado en medio del cual suelen transitar los biopics Pero en especial, a los musicales se les critica por sus desviaciones históricas, como Bohemian Rhapsody. Ahora bien, el de Michael Jackson debe enfrentar, además, el peso de una vida que transcurrió frente a las cámaras. De modo que la pregunta es qué tanto puede contar una biografía del cantante, sin añadir sus momentos más duros y controvertidos.
Una familia violenta para un drama que intenta no despertar polémica

Otro punto a sobrellevar es mostrar las complejas dinámicas familiares de Michael Jackson. Especialmente la relación con su padre, Joe Jackson (interpretado por Colman Domingo). Un dilema que supone indagar en una larga historia de violencia doméstica, abuso de poder y explotación infantil.
Todo, debido a que la producción centra su tensión dramática en el entrenamiento riguroso y el control casi dictatorial de Joe sobre sus hijos. Sin embargo, este enfoque también es polémico, debido a que debe decidir cómo retratar a Joe y ninguna de las opciones es menos complicada. Por un lado, podría interpretarse como un visionario que forjó leyendas a costa de la salud mental y física de sus hijos. Al otro, como un padre abusivo que dejó cicatrices emocionales permanentes en Michael.
Por lo que presentar una versión suavizada de Joe Jackson podría enfurecer a quienes conocen los testimonios históricos de maltrato, mientras que un retrato demasiado crudo podría generar fricciones internas con el propio Estate que financia la película. Un enfrentamiento que podría resultar en que Michael sea apenas una mirada más o menos simple sobre una vida especialmente compleja.
Un ídolo que tuvo que lidiar con el dolor y el miedo

Michael enfrenta el reto de la representación física y médica de Michael Jackson a lo largo de las décadas. Esto incluye no solo su cambio de apariencia debido al vitíligo y las cirugías plásticas. También su adicción a los analgésicos derivada del accidente de Pepsi en 1984.
Así que la cinta debe mostrar de manera honesta cómo estos eventos alteraron su psique y su salud sin caer en el sensacionalismo de los tabloides de la época, pero también sin ocultar la realidad de su dependencia química.
Jaafar Jackson, sobrino de Michael, asume la carga de encarnar a su tío en medio de estas transformaciones físicas extremas. Un desafío técnico y actoral, que estará bajo lupa por millones de fans y detractores que esperan ver si la película humaniza al hombre o simplemente imita al ícono.

