El año 2025 culminó dejando a su paso un claro mensaje: el cine tiene mucho que dar de sí en adelante. Eso, a pesar de que la industria atravesó todo tipo de inconvientes, obstáculos y retos que transformaron al mundo del cine en más de una forma. Del auge y aparente caída del cine de superhéroes a la llegada de la competencia frontal del streaming. Pasando por la pandemia, problemas gremiales y la llegada de la inteligencia artificial, aplicada al mundo artístico.
Lo cierto es que el cine nunca será igual a esta época en la que los directores, guionistas y actores debieron comprender los alcances de una nueva era cinematográfica. Una en la que la experiencia en salas debe competir con la de la multipantalla, en la que las redes sociales juegan un papel esencial y que, paso a paso, avanza hacia nuevas tecnologías. Una evolución a todo nivel que ya empieza a hacerse notoria y que, sin duda, marcará un hito en las décadas siguientes.
Para explorar, te dejamos las mejores películas de los últimos 25 años. La lista, es una combinación de agregadores como Rotten Tomatoes, IMDb, Filmaffinity, diferentes listas de premiaciones y también nuestro criterio. Por lo que hay una gran variedad de opciones para profundizar no solo en el impacto de un cuarto de siglo de buen cine, sino también en su legado a futuro.
Gladiador (2000)

La película que trajo de vuelta al género Péplum de la mano de Ridley Scott, es una combinación entre la épica, el drama y una brillante visión sobre el espectáculo cinematográfico. Eso, mientras sigue a Máximo Décimo Meridio (Russell Crowe), un general romano caído en desgracia que busca venganza tras el asesinato de su familia.
Emocionante, con escenas de acción brillantes y con un final conmovedor, la cinta sorprendió y conquistó al mundo del cine. Por lo que se volvió, un buen comienzo para el cine del milenio.
El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (2001)

Luego de años de obstáculos financieros y creativos, la adaptación de la obra fundacional de la fantasía épica llegó al cine en tres partes, destinadas a hacer historia. La primera se estrenó en 2001 y rebasó cualquier expectativa, al crear una visión del mundo de J.R.R. Tolkien que sorprendió por su belleza y detalle.
Pero fue la manera en que supo contar una travesía heroica para una nueva generación, lo que sorprendió y cautivó. Algo que hizo de la película un hito en el género fantástico y el comienzo de una larga saga que todavía, despierta considerable interés.
El pianista (2002)

El controvertido Roman Polanski dirige esta durísima historia sobre el Holocausto que, en palabras del mismo director, tiene mucho de autobiográfico. En especial, porque Władysław Szpilman (Adrien Brody, en el papel que le valió su primer Oscar) batalla no solo contra los rigores de la Segunda Guerra Mundial. También, contra el horror del olvido y la violencia.
Por lo que la cinta es una combinación de un drama histórico con una visión filosófica sobre el bien y el mal humano. Incómoda y cruel, esta película inolvidable se convirtió en parte de la historia del cine de los últimos 25 años.
Mystic River (2003)

Clint Eastwood dirige esta desgarradora cinta, en la que un suceso brutal termina por marcar para siempre la vida de cuatro amigos. Pero en especial, la de Dave Boyle (Tim Robbins), la víctima de un suceso horroroso que deberá además demostrar su inocencia en un crimen brutal.
Densa, oscura y pesimista, Clint Eastwood dedica tiempo a explorar en la oscuridad interior de sus personajes. Pero a la vez, en relatar un drama generacional que sorprende por su dolorosa belleza. Una joya del cine de este cuarto de siglo.
Kill Bill. Volumen 2 (2004)

La brutal venganza de La novia (Uma Thurman), comenzó en 2003, pero fue su continuación al año siguiente la que sorprendió y encumbró a la película como pieza de arte cinematográfica. En especial, porque el director Quentin Tarantino, convirtió el acto final de su historia en una batalla de voluntades entre enemigos jurados que celebra lo mejor del cine.
Excesiva, barroca y con la mejor banda sonora de la década, la película sorprendió y confirmó el lugar de su director como visionario del séptimo arte. Razones más que suficientes para ocupar un más que merecido lugar en esta lista.
Brokeback Mountain (En terreno vedado) (2005)

Esta trágica, angustiosa y conmovedora historia de amor entre dos vaqueros en una época y mundo hostil, sorprendió desde su estreno. No solo por la forma en que el director Ang Lee narró el relato a través de un aire naturista, frontal y lleno de escenas memorables.
También, por las memorables actuaciones entre Heath Ledger y Jake Gyllenhaal, como la pareja de amantes que intenta sobrevivir al sufrimiento, lo que todavía conmueve. Con un final que hizo llorar al público, la cinta marcó huella en el cine de la primera década del siglo.
Infiltrados (2006)

Martin Scorsese tomó la historia de un grupo de policías corruptos y la convirtió en una sátira oscurísima sobre el mal contemporáneo. Pero para eso, además, agregó dobles y terceras lecturas sobre la ética, la violencia y la brutalidad policial. Todo con un reparto de lujo encabezado por Leonardo DiCaprio, Jack Nicholson, Matt Damon y Mark Wahlberg.
El resultado es una de las mejores películas del longevo director y una visión contemporánea sobre sus habituales obsesiones. Para los anales de las grandes películas del siglo XXI.
Pozos de ambición (2007)

Paul Thomas Anderson hizo de esta historia sobre la explotación petrolera a principios del siglo XX, una proeza cinematográfica. Eso al combinar el relato del camino al éxito del granjero Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis), con una reflexión sobre la avaricia y la violencia financiera.
Pero la cinta no es un drama sentencioso o sermoneador. Antes que eso, explora la idea retorcida del mal como parte de la naturaleza humana. Con actuaciones brillantes y un final traumático, la película es unánimemente considerada de las mejores del siglo.
El caballero oscuro (2008)

Christopher Nolan exploró en la historia de Batman (encarnado para la ocasión por Christian Bale) como mejor lo sabe hacer. Por lo que dotó a la película de un aire de realismo urbano y frío, además de convertir a su antihéroe en símbolo de coraje e integridad.
Pero fue su perspectiva sobre el Joker (interpretado por el fallecido Heath Ledger), lo que marcó un antes y después en la cronología del personaje. Una épica brillante que todavía sorprende por su sobriedad y profundidad.
Bastardos sin gloria (2009)

Quentin Tarantino tiene un claro desprecio por la historia oficial, algo que le permitió subvertir el relato sobre la Segunda Guerra Mundial, en una osada ucronía. Pero más allá de seguir a un grupo de cazadores de nazis que atraviesan Alemania en una aventura demencial, la cinta hace saltar por los aires cualquier expectativa.
Singular en toda su potencia y con un final que marcó época, es una obra de ruptura que reflexiona en todos los sentidos sobre el sentido de la violencia. Y mucho más, con el estilo tan conocido —y ya icónico— del director.
La red social (2010)

David Fincher exploró el nacimiento de la plataforma Facebook para analizar el papel y rol de las redes sociales de nuestra época. Pero además, indaga en cómo ese punto radical de no retorno en la forma contemporánea de comunicarse cambió la historia de la cultura y la sociedad.
Para eso, convierte a Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg), en un personaje lleno de luces y sombras, signado por la ambición y el deseo de cambiar el mundo a su modo. Retorcida y en ocasiones incómodas, es la primera gran película sobre el fenómeno de la hipercomunicación de nuestra época.
Midnight in Paris (2011)

Woody Allen logró que esta fantasía sobre el talento, la creatividad y la aspiración por la trascendencia se convirtiera, además, en una de sus películas más recordadas. Pero también, en un testimonio sobre la capacidad de la literatura para ser un vehículo espiritual y una herramienta para ideas emotivas.
Para eso, sigue a Gil (Owen Wilson), un ocasional y accidental viajero en el tiempo, que tiene la oportunidad de conocer a los grandes talentos de la historia y aprender de ellos. Conmovedora, nostálgica y humorística, es una rara mezcla que, sin duda, le brinda un lugar entre lo mejor de este siglo.
Lo imposible (2012)

Juan Antonio Bayona hace de esta película de supervivencia una reflexión sobre el amor, la lealtad y la capacidad del ser humano para sobrevivir a las peores condiciones. Eso, a través de una de las tantas historias reales y dolorosas ocurridas durante el tsunami del océano Índico de 2004.
Pero más allá de la experiencia verídica de la doctora española María Belón y su familia en el cataclismo, el director logró explorar en el sentido del sufrimiento y la redención. Algo que hace de esta película una pieza de arte rara y singular, con un lugar especial en esta lista.
El lobo de Wall Street (2013)

Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio), corredor de bolsa y decidido a triunfar a cualquier costo, fundó la empresa de corretaje Stratton Oakmont antes de los 20 años. Pero en el trayecto, la ruta hacia el triunfo se convirtió también en una travesía a través del terreno minado de la corrupción y el exceso.
En otra de sus exitosas colaboraciones, Leonardo DiCaprio y Martin Scorsese exploran con salvaje entusiasmo la decadencia del mundo de las finanzas y la avaricia. Todo, con una visión más que inquietante sobre el capitalismo y sus vicios.
Interstellar (2014)

Christopher Nolan analiza la ciencia ficción desde un viaje imposible y una epopeya científica que atraviesa tres líneas de tiempo distintas. Eso, mientras la supervivencia de nuestra especie cae en las manos del intrépido astronauta Joseph Cooper (Matthew McConaughey).
Este, parte del equipo que deberá atravesar un agujero de gusano para alcanzar un planeta que pueda acoger a la población de nuestro planeta. Pero lo que no imagina es que la misión le hará replantearse la sustancia de la realidad, la naturaleza misteriosa del amor y el enigma del tiempo.
Mad Max: Furia en la carretera (2015)

George Miller retomó su célebre saga de 1970 para seguir a un personaje misterioso: Furiosa (Charlize Theron). Sobreviviente al apocalipsis de la desaparición del petróleo y a las Guerras del Agua, el personaje debe ahora afrontar su mayor reto. Enfrentar a un tiránico cacique y escapar con sus esposas cautivas, para encontrar un futuro mejor.
Todo, con la complicidad de Mad Max (Tom Hardy), un renegado pesimista y violento, que se unirá a la misión a regañadientes, para dar una última oportunidad a la humanidad.
Luz de luna (2016)

Quizás recuerdes más a la película por el altercado sobre el escenario del Oscar al año siguiente que por su premisa. Pero lo cierto es que esta reflexión intimista sobre el dolor, la esperanza y el amor dirigida por Barry Jenkins sorprendió en su momento por su sensibilidad y potencia emotiva.
A la vez, por su ternura al indagar en la vida de un hombre negro y gay, que lucha contra el prejuicio y su propia angustia existencial para encontrar su lugar en el mundo. Brillante y sincera, es una de las grandes películas independientes de esta lista.
Dunkerque (2017)

Durante la Segunda Guerra Mundial, un batallón aliado queda atrapado en las playas de Dunkerque. Por lo que deben ser evacuados lenta y metódicamente de la playa, en una operación complicada y de alto riesgo, que involucró a civiles y militares.
Christopher Nolan tomó lo anterior y exploró en la lealtad, el tiempo y el poder de los ideales, empleándose al máximo para convertir a la cinta en una joya visual y argumental. Una joya para los amantes del género bélico que marcó un hito en el cine de estos últimos 25 años.
Spider-Man: Un nuevo universo (2018)

Miles Morales es un viejo conocido para los amantes del universo comiquero de Marvel. Por lo que su salto al cine animado de la mano de Sony fue el paso natural para un personaje de su relevancia. Pero además, el estudio exploró en la vida del vecino amistoso de Nueva York, con una animación experimental que asombró y deslumbró.
Con la historia convertida en trilogía y celebrando por todo lo alto lo esencial del universo de Spider-Man, esta película es un hito en el género de animados. Pero también en el de superhéroes, al que brindó una bocanada de aire fresco.
Parásitos (2019)

Bong Jong-Ho mostró los rigores de la pobreza, la diferencia de clases y la violencia del poscapitalismo en esta obra de ruptura que, de alguna forma, cerró un ciclo en el cine antes de la pandemia. Con la historia de dos familias que coexisten en el mismo espacio pero separadas por las clases y los prejuicios, la cinta sorprendió.
Pero fue la violenta crítica social en el subtexto, lo que hizo de la cinta un punto subversivo que conquistó al público y después a la crítica. Para la historia del cine de nuestra época.
Nomadland (2020)

Chloe Zhao exploró en esta cinta incómoda la pobreza del primer mundo desde una perspectiva durísima y emotiva. Pero antes de caer en el sermón ético o ideológico, se concentró en los millones de norteamericanos que recorren el país cada año como nómadas modernos. Unos en busca de empleo, otros huyendo del dolor y el pasado.
No obstante, la cinta está muy lejos de ser un homenaje a un estilo de vida. Antes que eso, es una obra contemplativa y cuidadosa sobre el dolor y la búsqueda de la redención. Una rareza digna de englobar esta cinta.
Dune (2021)

La gran saga de ciencia ficción de Frank Herbert parecía inadaptable hasta que Denis Villeneuve comenzó a crear un universo pausado, contemplativo y colosal, que comenzó con esta cinta. A una escala que todavía sorprende por su ambición, una secuela que mejoró incluso el tono y el ritmo y una esperadísima tercera parte a estrenarse este año, es una pieza de arte.
Pero además, es una revisión del género en tono elegante que desafía los clichés y puntos comunes de cintas semejantes. Una delicia para los fanáticos de la saga original y el fanático casual.
Todo a la vez en todas partes (2022)

Esta chifladura monumental, creada en edición y explorando el concepto del multiverso al máximo, llegó para desafiar al Hollywood más sobrio. También, para conectar con una generación más joven, adicta a la multipantalla, se reconoció en esta historia transgeneracional de madres e hijas, contada a través de la ciencia ficción. Frenética, confusa por momentos, pero desafiante en discurso y apartado visual, es una de las películas más atípicas de la década.
Barbie/Oppenheimer (2023)

Ninguna lista de películas de este cuarto de siglo podría estar completa sin este dúo, que se fusionaron en el más inexplicable fenómeno de la cultura pop. El Barbenheimer mezcló fanáticos de todas las edades y géneros, para convertir a dos cintas radicalmente distintas en una única experiencia cinematográfica.
Pero juntas o por separado, Barbie de Greta Gerwig y Oppenheimer de Christopher Nolan son piezas cinematográficas de enorme relevancia cultural. La primera, por convertirse en una reflexión sobre el papel de la mujer en clave de sátira burlona y por momentos incómoda. Por su parte, el biopic del científico más controvertido del siglo XX exploró los terrenos complicados de la bioética y la responsabilidad científica.
Con temas tan dispares, no parecía haber conexión entre ambas. Pero resulta que su estreno en la misma fecha, logró establecer un vínculo inesperado y exitoso. Uno que, además, enloqueció a Internet y se tradujo en una taquilla masiva, el resurgir de la experiencia en salas y un hito cultural de largo alcance. Una experiencia como pocas, que demostró que la industria de Hollywood tenía mucho que aprender de su público.
Anora (2024)

Esta fábula dolorosa sobre la pérdida de la inocencia y el sufrimiento parecía la cenicienta en medio de grandes títulos cinematográficos. Pero Sean Baker convirtió a su historia en una batalla íntima contra el prejuicio y al final, en un relato capaz de indagar en la pobreza y la violencia desde ángulos distintos. Una joya diminuta que asombró y conmovió a partes iguales desde su estreno.
Una batalla tras otra (2025)

Paul Thomas Anderson tomó por asalto el cine este año con una historia subversiva que combina distopía, un retorcido sentido del absurdo y el humor brutal. Todo para contar una revolución que murió al nacer, en un futuro en el que Norteamérica es rehén de sus propios ideales extremos.
No es un relato sencillo ni quiere serlo, por lo que el director disfruta de convertir a su conflicto en una reflexión sobre el racismo, la pobreza, los ideales y el absurdo, cada vez más gamberra y dura. Un cóctel que brinda a la cinta sus mejores momentos y su estatus de instantánea obra de culto.

