El año pasado, una película terrorífica e inclasificable causó sensación en Cannes. Y ahora puedes verla en Movistar+. Se trata de Alpha, escrita y dirigida por la aclamada cineasta francesa Julia Ducournau. Un desgarrador drama de terror corporal y suspenso psicológico que impactó a la audiencia del renombrado festival. Pero también abrió un debate acerca de la forma en que se pueden narrar ideas tan complicadas como la identidad de género y la sexualidad contemporánea. Lo que provocó críticas divididas, ardientes debates y, al final, una controversia que acompaña a la película allá donde va. 

Para eso, la cinta se enfoca en Alpha, una adolescente problemática de 13 años interpretada con una ferocidad perversa por la joven actriz Mélissa Boros. La joven vive bajo el estricto cuidado de su madre soltera, una respetada médica encarnada por la célebre actriz Golshifteh Farahani. El frágil equilibrio de la diminuta familia colapsa la tarde en que Alpha regresa de la escuela portando un enigmático tatuaje casero en el brazo. Pero la trama aprovecha este aparente acto de rebeldía juvenil para narrar ideas más complicadas. 

Eso, cuando enciende una mecha de paranoia absoluta en su comunidad. Todo, ante el temor generalizado de que la aguja utilizada la haya contagiado de una nueva, extraña y letal enfermedad transmitida por la sangre. Una además, que comienza a propagarse silenciosamente por los márgenes de la sociedad. Con este juego de metáforas, Alpha analiza la idea del prejuicio, la discriminación y el racismo de manera sugerente y extraña. Pero a la vez, logra que su trama sea algo más que una metáfora más o menos cuidadosa de esos temas. Eso, al ser más subversiva y complicada de lo que pudiera esperarse. 

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Una cruel mirada al miedo en ‘Alpha’

Todo se vuelve aún peor cuando Amin (Tahar Rahim), el tío de Alpha, se muda temporalmente a la habitación de la adolescente. Eso para intentar superar una severa adicción a la heroína. Es en este espacio claustrofóbico donde la película desata su verdadero terror psicológico y corporal. Por lo que obliga a la niña a presenciar de manera directa y sin supervisión los crudos síntomas del síndrome de abstinencia de su familiar. A partir de este encierro forzado por la sobreprotección materna, Alpha comienza a manifestar extrañas sudoraciones, temblores e inquietantes mutaciones físicas.

Todos los síntomas que desdibujan la línea entre la empatía psicológica inconsciente y los verdaderos estragos biológicos del temido virus. La directora utiliza esta dinámica para tejer una poderosa metáfora social. Una particularmente inspirada en los inicios de la epidemia del VIH/SIDA de las décadas de 1980 y 1990. Lo que le permite el estigma, la vergüenza, el aislamiento moral y el implacable ostracismo colectivo. Todo aplicado al sufrimiento al que se enfrentan los cuerpos que la sociedad considera repentinamente contaminados o peligrosos. Mucho más, que se vuelven símbolos del prejuicio en la rigidez cultural de ciertos estratos de nuestra época. 

Julia Ducournau, que ya ganó la Palma de Oro por Titane, brinda a Alpha una estética densa, realista, nostálgica y profundamente lúgubre. Filmada en locaciones industriales para plasmar un universo desaturado y frío. La puesta en escena se enfoca firmemente en las texturas de la piel, la crudeza de los fluidos y la transformación de los enfermos. Todo mediante metáforas visuales perturbadoras, como cuerpos que parecen mutar hacia la rigidez del mármol. Lo que la convierte en una rara pieza de body horror

Una película incómoda para paladares selectos

Por supuesto, Alpha es mucho más que solo su estética retorcida y por momentos repulsiva. De hecho, uno de los grandes triunfos de la película es analizar el odio discriminatorio a través de la idea de que la sociedad escoge sus chivos expiatorios. Por lo que los enfermos de la cinta no son tanto símbolos del miedo como del rechazo y la deshumanización que la cinta maneja como un tipo de oscuridad moral. 

Algo que hace de Alpha la obra más íntima, política, profunda y divisiva en la notable trayectoria de Julia Ducournau. Al utilizar los códigos del cine fantástico y el terror biológico como un espejo histórico de la crisis del SIDA, Alpha es más que solo terror. También es una reflexión cuidadosa de las partes más terribles y terroríficas de la naturaleza humana.

Algo que queda más que claro con su perturbador desenlace y su firme negativa a dar respuestas moralistas o digeribles. En especial, porque Alpha está más interesada en visibilizar los traumas históricos de la salud pública a través del lente del arte más radical y vanguardista. Un giro aterrador que brinda a la película su especial personalidad. 


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