La momia de Lee Cronin no es una reinvención del mito del monstruo clásico. O al menos, no exclusivamente. Antes que eso, la película (que el director titular también escribe) es una reflexión sobre el dolor paralizante de un duelo. También, de cómo el hecho físico de la muerte puede resultar tan perturbador, aterrador y abrumador como la premisa más oscura y sobrenatural. De hecho, la trama basa su efectividad en el hecho de qué haría cualquiera ante la muerte de un hijo, qué podría soportar por tenerlo de vuelta. Y por último, qué horrores guarda cualquier tipo de relación con el misterio y las entidades que se acechan en lo oculto.
Claro está, no es una premisa novedosa. Devuélvemela (2025), de los hermanos y youtubers Danny y Michael Philippou, la exploraron en una de las películas más dolorosas del año pasado. También lo hizo el remake de Cementerio de animales de Dennis Widmyer y Kevin Kolsch de 2019, planteando la idea del horror desde el duelo de un niño que muere. No obstante, Lee Cronin no se atiene solo a la idea de la angustia, el miedo y la búsqueda de consuelo. Antes que eso, no intenta que su película sea más dramática o con un contexto abrumador sobre la pena y el duelo, sino que opta por algo más macabro.
Tanto, que sus últimos 45 minutos son directamente repulsivos y grotescos. Pero para Cronin (que viene de dirigir la violenta Evil Dead: El despertar), la idea de la muerte no es un intento de elevar el terror a la reflexión filosófica. Antes que eso, convierte a toda la historia de una niña dada por muerta que desaparece en un angustioso, depravado y poco sutil descenso a los infiernos.
Una historia que se vuelve intolerable

Sin embargo, la decisión es correcta en la medida en que evita ser sutil, melodramática o incluso tener un final que apunta a la redención. Antes que eso, la momia de Lee Cronin celebra su conexión con un tipo de body horror retorcido, perverso y no apto para todo público. También, un trasfondo cruel, brutal y deshumanizante que transforma toda la película en una experiencia poco común.
Para eso, el guion plantea una tragedia que se vuelve con una siniestra rapidez un hecho sobrenatural. Por lo que la trama sigue a Charlie Cannon (Jack Reynor), un periodista cuya hija pequeña, Katie (Natalie Grace), desaparece sin dejar rastro. Todo, durante un viaje al desierto egipcio. Por curioso que parezca, la mención al lugar y a la cultura de la muerte egipcia deja a un lado el aire enigmático que comúnmente se le atribuye en Hollywood. Antes que eso, la historia tiene muy en cuenta que el trasfondo de una historia tan densa y oscura como la que cuenta no puede ser mitológico.
Por lo que Lee Cronin aprovecha su experiencia con la saga Evil Dead para convertir al Egipto faraónico en un misterio más repulsivo que apasionante. Buena parte del éxito de La momia de Lee Cronin está en crear una atmósfera que se vuelve más agobiante por momentos.
Muerte y más muerte en una película tenebrosa

También, en el hecho de traducir las habituales preocupaciones sobre la muerte, el horror de la desaparición física en símbolos de algo más grande y violento al acecho. Cronin tiene la idea clara de que plantear una posible doble lectura de los mitos de embalsamiento y muerte egipcios pasa por subvertirlos. Mucho más, hacerlos más macabros y sanguinarios. Algo que logra sin problemas en los primeros diez minutos de la película.
La cinta avanza rápido hacia su conflicto central. Ocho años después de la tragedia, cuando la familia ha perdido toda esperanza, la niña reaparece inexplicablemente en su hogar. Pero Katie ya no es Katie o, peor aún, es una versión de la desaparecida que no ha envejecido ni un solo día y su cuerpo muestra signos de una extraña y antigua transformación física tenebrosa. Lee Cronin asume el hecho de que la vida después de la muerte es un estado irreversible y que, por lo tanto, el regreso de Katie es todo menos un milagro.
Terror del bueno para fanáticos del body horror

De nuevo, no son ideas originales, aunque sí lo es la manera en que Lee Cronin lo plantea. La cinta crea un monstruo que nace en el cuerpo de una niña pequeña que comienza a degradarse físicamente. También, a convertirse en vehículo para algo más oscuro y tenebroso. En específico, porque el lento proceso que hace que la familia comprenda que Katie es en realidad una entidad maligna es lento, aterrador y repugnante. Lee Cronin convierte a la cinta en una pesadilla de terror que sobrepasa el mero sobresalto físico y lo convierte en una experiencia inmersiva.
En específico, porque el director toma la decisión de seguir el proceso en una serie de tomas explícitas que muestran vómitos, putrefacción, aterradoras contorsiones físicas. Paso a paso, Katie se convierte no solo en un monstruo, sino en una puerta orgánica de una energía maligna que terminará por contaminar a toda la familia.
Pero además, que construye la posibilidad de un secreto que es quizás el mejor subtexto para esta nueva versión de La momia. Una y otra vez el guion insinúa que el horrible proceso de Katie es solo el comienzo de algo más. El principio de una lucha sin cuartel contra una entidad maligna, poderosa e imparable que mostrará sus capacidades de manera brutal.
Un espectáculo sangriento para fanáticos con estómago fuerte

Lo que se agradece de La momia de Lee Cronin es apartarse de cualquier límite y convertir la experiencia de la película en algo enfermizo. Mucho más, que toma el monstruo clásico para reconvertirlo en un mito completo, que enlaza con la idea de algo más cruel. El giro hace que incluso los símbolos egipcios, conocimiento de la cultura pop sobre rituales y otras tantas cosas, tomen una dimensión macabra inusitada.
Para su segunda mitad y en especial sus aterradores últimos 45 minutos, la película se desinhibe por completo. De la misma manera que en Evil Dead: El despertar, Lee Cronin lleva a un nuevo nivel el horror corporal y lo convierte en una pieza orgánica y fluida que atraviesa la historia por completo.
Algunos fallos en forma y de fondo para ‘La momia de Lee Cronin’

Con todas sus virtudes, La momia de Lee Cronin tiene dificultades para mantener su ritmo, sobre todo a lo largo de sus innecesarios 133 minutos. En varios momentos, el director abusa directamente de la capacidad de la cinta para causar asco. También es evidente su apuesta por el impacto de lo viscoso, lo pútrido y larguísimas escenas de violencia. Además, hay momentos en que la tensión se diluye por efectos de cámara que tratan de mostrar diferentes perspectivas sobre un mismo hecho. Lo que termina por romper la atmósfera en medio de litros de sangre derramada, apariciones y muertes trágicas.
Con todo, son elementos menores para el triunfo que supone tomar un monstruo clásico de Hollywood que siempre ha estado cerca de la parodia. Ahora, con un trasfondo oscurísimo y aterrador, La momia de Lee Cronin reconstruye la idea de un mal total capaz de influir en lo físico y le agrega elementos culturales. También, una mitología propia que se vuelve cada vez más retorcida, que abre la puerta, quizás, para un recorrido hacia un terror novedoso. Un punto que hace que la cinta sea una destacada adición al cine de terror del año y, probablemente, de las mejores de la década.

