Por fin se estrena en cines Karateka, la película española que busca convertirse en la tercera vía de un año dominado por La Bola Negra y El ser querido. Una ambiciosa producción que, en forma de drama deportivo, presenta al público una de las historias reales más fascinantes y épicas que ha dado la competición de alto rendimiento en nuestro país.
Karateka es la historia de Sandra Sánchez, una mujer que nunca dejó de creer y que desafió todas las convenciones. Enamorada del karate desde niña, por motivos personales tuvo que dejar su entrenamiento cuando era una de las grandes promesas del país. Pero su camino le llevó de ser descartada por el sistema a convertirse en la mejor karateka de todos los tiempos.
Con la guía de Jesús del Moral, su entrenador y compañero de vida, Sandra emprendió un viaje imposible. Para empezar, recuperar la chispa y su nivel. Y, sobre todo, conquistar el oro olímpico a los 39 años y redefinir el significado de la perseverancia en un deporte dominado por los japoneses y donde los más veteranos se retiran a los 30 años.

Épico drama deportivo de los de siempre
Empezaré diciendo que una película que arranca con una referencia a Goku y Dragon Ball ya tiene toda mi atención. Y es que Karateka sabe muy bien lo que busca: enganchar, en primer lugar, a todos los aficionados a las artes marciales y a los dramas deportivos en general. A partir de ahí, gracias a las propias vivencias increíbles de Sandra Sánchez, conquistar al resto de públicos.
Porque si algo tiene Karateka es que se estructura exactamente como tantas y tantas otras películas de su género. Y lo hace con solvencia. Es el clásico camino del héroe, una travesía complicadísima hacia la gloria, una historia de superación. Las hemos visto mil veces y nos siguen cautivando.

El filme nos presentan los baches que Sánchez tuvo que superar para alcanzar sus objetivos. Su talento innato, la gente que creía en ella y también la que no. Los reveses inevitables que da la vida y los sacrificios que tuvo que acometer. Personas que se convierten en villanos y también otras que se vuelven inesperados aliados... Karateka no busca un enfoque más llamativo ni distinto a otros dramas deportivos. Solo quiere hacer valer su propia historia y explotar sus virtudes a partir de ahí.
Si algo destaca en esta habitual receta es el meticuloso mimo que pone la película en todo lo relacionado con el karate. El trabajo de guion y también del director Aritz Moreno hacen que este deporte, para muchos desconocido, se convierta en algo fascinante incluso a ojos de quien jamás ha visto de cerca un tatami. Los rituales, la filosofía que hay detrás, su legado centenario. A este respecto, el filme ejecuta una kata precisa, impecable, inapelable.

Un ejercicio imperfecto
Hay que señalar, eso sí, que la película en su conjunto no es tan perfecta ni mucho menos. Su ritmo a ratos es irregular, con acelerones y frenazos drásticos que entorpecen el desarrollo de la trama. También hay un montón de cuestiones que se plantean solo de una forma muy velada y de las que apenas se intuye su solución. Así como otras de las que jamás se vuelve a saber, como el intrigante pasado de Jesús o el momento en el que uno de los compañeros de equipo levanta la voz por el trato favorable hacia Sandra.
No son errores groseros ni evidentes. No molestan. Entre tanto drama y tanta épica quedan totalmente camuflados y solo el espectador más tiquismiquis se quedará dándoles vueltas una vez que la película acaba. Pero es cierto que quizá algo más de equilibrio le habría sentado aún mejor a Karateka.

Dos protagonistas de lujo
Un último punto a favor de Karateka, y del que sí se hablará (o debería hablarse) es su magnífica dupla protagonista. Andrea Ros se mimetiza a la perfección con ese carácter a la vez fuerte y adorable de Sandra Sánchez. La interpretación que ofrece la actriz es de mucho nivel, se nota que se ha preparado a conciencia. Pase lo que pase en esa temporada de premios que pareciera que ya tiene nombres y apellidos, el trabajo de Ros quedará para siempre como una de las mejores actuaciones del cine español de 2026.
Y lo mismo puede decirse de Patrick Criado, que sigue demostrando lo mucho que está creciendo como artista. Está fabuloso como compañero de entrenamientos y de vida de la protagonista. El magnetismo del que ambos hacen gala, especialmente por la buena química que hay entre ellos, lleva en volandas toda la película. El mejor ejemplo de su sobresaliente esfuerzo se aprecia en los créditos, cuando los Sandra y Jesús reales aparecen en una breve escena y queda patente que Ros y Criado les han plasmado en la pantalla a la perfección. Ojalá se les reconozca como merecen.

En definitiva, Karateka es una película genial que enamorará a los fans del cine deportivo y de las artes marciales, pero que a la vez trascenderá al resto de públicos por su derroche de personalidad. Un drama sólido, vibrante y emocionante que lleva al cine una historia tan asombrosa como cierta. Pese a que no es perfecta, Andrea Ros y Patrick Criado brillan con luz propia y hacen del karate una experiencia cinematográfica magnífica.
Karateka se estrena en cines el 30 de octubre.

