Aunque la carrera por el Oscar 2026 parece decidida para Una batalla tras otra, hay una película que puede dar la sorpresa. Hablamos de Hamnet, el nuevo estreno de Chloé Zhao (Nomadland, Eternals) que lleva desde hace meses haciendo mucho ruido en la temporada de premios. Su reciente victoria en los Globos de Oro como mejor película dramática vuelve a darle alas a un proyecto que, casi seguro, le valdrá también el Oscar a Jessie Buckley como mejor actriz.
Hamnet nos descubre la poderosa historia de amor que inspiró la creación de Hamlet, la atemporal obra maestra de Shakespeare. En la película, un joven Will conoce a Agnes, una muchacha esquiva de su aldea con la que rápidamente comienza una relación amorosa. Ambos deberán aprender a sortear las vicisitudes de la vida, que no se lo pondrán fácil y que amenazarán constantemente con arrollarles con la tragedia.

Hamnet
Tras ganar el Globo de Oro y acumular 8 nominaciones en los Premios Oscar, Hamnet llega por fin a los cines para demostrar que es una de las mejores películas del año. Una sincera y humana reflexión sobre el duelo que abruma, un drama íntimo que se engrandece hasta convertirse en un brutal torrente de emociones que sacuden el alma. Jessie Buckley ofrece la interpretación del año. Una película monumental.
Un prodigio que atraviesa el alma
La historia de Hamnet puede resultar atractiva en un primer momento por el mito en el que se apoya. Una figura como la de William Shakespeare y una de sus mejores obras, Hamnet, despiertan la atención de cualquiera. Pero, de manera muy inteligente, Chloé Zhao no permite que este ingrediente se convierta en una losa. La cineasta construye con tremenda sensibilidad una historia puramente humana que se permite volar por sí misma, como el halcón de Agnes, sin ataduras de ninguna clase. Al margen o como complemento de la leyenda.
Con el tacto tan cercano que caracteriza a la directora, Hamnet nos presenta un drama universal, de esos más grandes que la propia vida. Una película inmensa que nos habla del amor, de la maternidad, de la distancia, del dolor... Y, sobre todo, del duelo y del poder curativo del arte. Todo cabe en la cinta, que lanza al espectador temas enormes ante los que es imposible no sentirse pequeño y apelado.
No nos engañemos, Hamnet es una película durísima y densa. Su guion, adaptación del libro Maggie O'Farrell, es una puñalada directa al corazón. Sus diálogos son punzantes, pero es con sus silencios con los que atraviesa el alma. El filme es capaz de vaciarse de palabras y convertirse en una obra contemplativa, incluso espesa, que destruye toda coraza y te deja vulnerable ante la pantalla. Una proeza que se eleva, sin duda, como una de las mejores películas del año.

Una película memorable
No solo es el guion lo que hace ella una película tan magistral. Chloé Zhao demuestra una veteranía inapelable para hacer que todos los elementos de los que dispone remen a favor de crear esa sensación de desasosiego. Planos eternos de cámara fija, una puesta en escena lúgubre y por momentos asfixiante, metáforas visuales demoledoras... Todo medido a detalle. Como ejercicio de cine, Hamnet es una maravilla que perdurará en el tiempo.
La directora construye un relato de tensión ascendente en el que siempre se intuye el drama, la tragedia que acecha en cada esquina hasta que, inevitablemente, llega y destruye todo a su paso. El filme se regocija en esos sentimientos terribles y dolientes hasta alcanzar su clímax con un final brutal, revelador, catártico, que derriba cualquier muro (si es que aún quedaba alguno). Es entonces cuando Hamnet zarandea emocionalmente a los espectadores como un torbellino, haciendo saltar las lágrimas sin remedio.

Jessie Buckley ganará el Oscar
Aunque Hamnet está abiertamente hecha para arrasar en esas noches de premios, este año lo va a tener complicado por el efecto arrastre de Una batalla tras otra. Sin embargo, hay un galardón que debería llevarse de calle. Y es que Jessie Buckley ofrece la interpretación del año. La actriz encarna con poderío arrasador la sensibilización de la mujer del Bardo antes de ser el dramaturgo más grande de todos los tiempos.
Su Agnes, personaje cuasimágico hasta el punto de que Chloé Zhao la significa con el bosque y lo salvaje, es lo mejor de toda la película. En sus miradas, sus sonrisas y sus gritos se esconde todo lo que la cinta pretende transmitir. En sus lágrimas está el corazón de una historia que desborda y abruma. Ella es la película, el enfoque y el tan clásico mensaje de que detrás de todo gran hombre siempre hay una gran mujer. Junto a ella, por cierto, un también extraordinario Paul Mescal que merecía muchísimo más reconocimiento del que se le está dando.

Hamnet es, en resumen y ante todo, un torrente de emociones. Un drama íntimo sobre el duelo que se hace grande, eterno, y que te sacude el alma con la fuerza de las grandes obras atemporales como de la que nace. De degustación lenta pero constante, poco a poco hace aflorar sentimientos hasta el punto de asfixiar al espectador, preso de lo que está viendo, consumando el hechizo con un acto final extraordinario. Una película monumental.

