El catálogo de Netflix puede parecer interminable. En especial, porque buena parte de su contenido no suele ser tan publicitado. Por lo que algunas de sus mejores series están destinadas a pasar desapercibidas a pesar de su calidad. Mucho peor, volverse parte de numerosas colecciones que, a menos que el suscriptor sepa dónde buscar, jamás podrá encontrar. Uno de los problemas que suelen enfrentar con más frecuencia los servicios por suscripción y que provoca que lo mejor de sus historias pase desapercibido.
Es lo que ocurre con El caso Hartung, una de las series de Netflix que deberías ver si amas el thriller y el procedimental nórdico. Además, tiene la particularidad de contar sus historias en dos temporadas que funcionan de forma independiente y casi antológica. La primera entrega adapta de forma magistral el universo literario de Søren Sveistrup del mismo nombre. Y de hecho, toda la trama explora el llamado nordic noir, combinando un estupendo guion con un sobrio apartado visual.
Para eso, la trama de la serie de Netflix ambientada en Copenhague indaga en el truculento asesinato de una madre en un parque infantil. ¿Lo más siniestro? El cuerpo mutilado de la víctima se encuentra junto con un misterioso muñeco hecho de castañas y cerillas. Se trata de un hecho tan aterrador que requiere un esfuerzo extra para llevarse a cabo. Por lo que la investigación recae sobre la ambiciosa inspectora Naia Thulin (Danica Curcic) y su reacio nuevo compañero Mark Hess (Mikkel Følsgaard). Este último, un oficial temporalmente apartado de Europol.
Un caso que se vuelve mucho más macabro a medida que avanza

Pero todo se vuelve peor cuando varias situaciones en paralelo comienzan a impactar en el recorrido de los investigadores por encontrar la verdad. En particular, cuando el caso adquiere una dimensión política y mediática colosal. Eso, debido a que el laboratorio forense halla en el juguete de castañas la huella dactilar de Kristine Hartung (Celine Mortensen), esta, la hija desaparecida y presuntamente muerta de la ministra de Asuntos Sociales. Además, un hecho trágico y complicado que añade un peso extra al caso y lo convierte en un debate nacional y policiado sobre la validez de la prueba. Algo que fuerza a los agentes a desenterrar los cabos sueltos de un expediente que la policía ya consideraba resuelto. Mucho peor, debido a la confesión de un sospechoso encarcelado.
Así que, a lo largo de los seis episodios que conforman esta tanda inicial de El caso Hartung, la serie de Netflix explora un posible error legal. También, en una escalada de violencia que se vuelve cada vez más complicada debido al hecho que apunta a un hecho crítico. El asesinato que conmocionó a la ciudad no es el primero ni mucho menos, en una larga lista de crímenes atroces. Por lo que los inspectores Thulin y Hess se sumergen en una asfixiante carrera contrarreloj. Eso, frente a un asesino en serie psicópata y calculador. Cada nueva víctima es ejecutada siguiendo un sangriento ritual que expone la hipocresía del sistema, castigando a madres acusadas de negligencia o maltrato infantil.
Por lo que el final de temporada de la serie de Netflix (que sorprenderá incluso a los más curtidos amantes del thriller) deja claro que el criminal no es asesino común. Al contrario, encarna los vicios del sistema y el horror de los vacíos legales que favorecen el maltrato, el descuido y el horror. Lo que brinda a El caso Hartung su especial personalidad. También, su capacidad para resultar desconcertante y frenética a lo largo de seis capítulos que conservan la tensión y el tono tétrico sin perder solidez. Mucho menos, sin ser menos apasionantes en su complejidad y brillante diseño del suspenso.
Una segunda temporada inesperada para ‘El caso Hartung’

Pero El caso Hartung no deja de sorprender. Este año, se estrenó la segunda entrega de la serie de Netflix. Y además, dejó claro que la historia puede seguir indagando en crímenes misteriosos y terroríficos a lo largo de un futuro prometedor. Para eso, profundiza en el formato de antología. Así que la producción regresa y, aunque se desarrolla en el mismo universo de la primera temporada, esta vez el caso es por completo distinto. Titulada oficialmente El caso Holst (The Chestnut Man: Hide and Seek), sorprende por tomar una decisión audaz. Eso, al pasar de la trama más compacta y específica que adapta el libro de Søren Sveistrup a tomarse algunas libertades con el universo.
De modo que esta nueva entrega de la serie de Netflix, aunque vuelve a reunir a los carismáticos y conflictivos detectives Naia Thulin y Mark Hess, es más oscura que la anterior. Eso, al investigar la misteriosa desaparición de Zara Solak, una madre divorciada en medio de un caso inexplicable. Al parecer, se perdió todo rastro de ella tras subir a un autobús por la noche. Al analizar sus huellas digitales, las autoridades descubren con horror que estuvo siendo vigilada durante meses por un acosador invisible. El agresor jugaba con ella un forzoso juego de rol, atormentándola mediante el envío continuo de mensajes multimedia. También, de perturbadoras rimas extraídas de tradicionales canciones infantiles danesas.
Una vuelta de tuerca para 'El caso Hartung'

Así que la aparición del cuerpo sin vida de Zara confirma los peores temores policiales. Algo que transforma el rapto en una investigación por homicidio serial a gran escala por toda la capital danesa. Conforme Thulin y Hess examinan la evidencia tecnológica, descubren un hilo conductor que conecta este crimen directamente con un doloroso caso abierto del pasado.
Este, el del asesinato no resuelto de una adolescente de 17 años ocurrido hace dos años. Progresivamente, el psicópata convierte la ciudad de Copenhague en un tablero de juego real. Uno en el cual acecha, graba y provoca a nuevas víctimas inocentes a plena luz del día. Los detectives deben actuar de inmediato antes de que el depredador decida reiniciar su sádico método con su próximo objetivo seleccionado. Una mirada asombrosa a los habituales procedimentales que puedes disfrutar de un tirón ahora mismo en Netflix.

