All Her Fault, la nueva serie de SkyShowTime con Sarah Snook (Succession), comienza por un punto de partida inquietante. La desaparición de un niño, sin que nadie parezca saber qué ocurrió. Pero mucho peor, que abre la puerta a la posibilidad de que el culpable no sea un desconocido o, mucho menos, alguien fuera del círculo familiar. Un punto que se plantea desde la primera escena, que muestra cómo Marissa Irvine (Snook) acude a buscar a su hijo Milo (Duke McCloud) tras una cita de juegos, solo para descubrir que el niño se ha esfumado.
Lo siguiente es una vertiginosa y a menudo torpe combinación de situaciones. Marissa tratará de aclarar quién secuestró a su hijo y el motivo por el cual lo hizo, solo para descubrir que el crimen es un secreto estremecedor. Por lo que la serie entiende el miedo cotidiano y lo amplifica a una dimensión más dura. La desaparición del pequeño Milo es la punta del iceberg de lo que parece un evento cada vez más doloroso y siniestro. También, de la identidad de un criminal de cuya identidad hay pocos indicios, a pesar de la oleada de situaciones brutales que va dejando a su paso.
Lo más interesante es que la premisa de All Her Fault se apoya en el clásico todos saben algo, con vecinos, familiares y autoridades orbitando alrededor de Marissa como satélites inquietantes. Lo más intrigante es que los diversos trozos de información se enlazan entre sí para mostrar un territorio retorcido. Milo podría ser la más reciente víctima de un hecho cada vez más siniestro. O, en cualquier caso, indicar que cada persona en el entorno de Marissa es sospechosa de ser culpable de un hecho atroz, lo que lleva la serie a terrenos complicados y oscuros.
Culpa, dolor y maternidad en ‘All Her Fault’

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, Marissa además debe afrontar la culpa que le provoca lo ocurrido. En específico, porque el personaje parece hacerse las inevitables preguntas acerca de si pudo evitar —o no— lo que sea que haya sucedido con Milo. Ese giro, la vincula con Jenny (Dakota Fanning), madre de una amiga de Milo, que comparte con Marissa una vida profesional exigente. Ambas ocupan puestos de responsabilidad y cargan con expectativas sociales que pesan más que sus logros.
Abrumadas, agotadas y a menudo violentamente autocríticas, Marissa y Jenny se mueven entre reuniones laborales y compromisos escolares, siempre con la sensación de llegar tarde a todo. Esa tensión cotidiana ofrece una lectura más rica que el propio misterio, que se desarrolla a su propio ritmo en paralelo. Por lo que la historia explora el hecho de una sociedad que valora a estas mujeres por su rol doméstico y minimiza su aporte económico. Jenny, pese a su éxito, enfrenta un matrimonio donde su trabajo se percibe como insuficiente.
Fanning y Snook tienen una química notable, por lo que la empatía entre sus personajes se siente genuina, libre de suspicacia. Jenny acompaña a Marissa desde un lugar de cuidado sincero, sin dobles intenciones. Esa amistad se presenta como un refugio emocional en medio del caos. La serie roza aquí una reflexión potente sobre maternidad, ambición y juicio social. Eso, mientras la desaparición de Milo presiona sobre la vida familiar de Marissa y también, sobre todo lo que considera importante.
Secundarios de lujo en una historia compleja

El caso alrededor de Milo se hace más complicado cuando es evidente que el secuestrador no espera dinero ni un trato. Algo que lleva al detective McConville (Michael Peña) a deducir que la desaparición del niño toca el terreno de algo más retorcido. ¿Se trata de un criminal cualquiera que vio la oportunidad de cometer un delito sencillo o de una situación inexplicable? All Her Fault no da detalles inmediatos y parte del éxito de la serie es explorar en un terreno espinoso de hipótesis y medias verdades.
Al otro extremo, Carrie (Sophia Lillis), un personaje misterioso que cobra cuerpo e importancia con rapidez, se convierte en el centro del lado más oscuro de la trama. Eso, cuando su conexión con el secuestro de Milo se haga evidente, aunque no tanto sus motivos. Paso a paso, All Her Fault pondera sobre el sufrimiento, la furia y la violencia desde ángulos novedosos.
Por lo que, cuando finalmente tanto Marissa como el detective comiencen a comprender hacia dónde conducen todos los indicios, la serie alcanza no solo su mejor momento. También, la habilidad de desmontar cualquier teoría previa. De hecho, el misterio de Milo resulta atractivo mientras permanece abierto, cuando cada personaje puede ocupar el lugar de sospechoso y la duda se reparte con generosidad. Pero la respuesta a la incógnita es todavía más incómoda de lo que podría suponerse en primer lugar.

All Her Fault triunfa en su capacidad para sorprender, al evitar fórmulas sencillas para contar una historia que podría resultar tópica. En específico, al no convertirse en un procedimental que solo quiere unir piezas para conducir a una respuesta. Por lo que la idea de un crimen sin violencia inmediata pero de consecuencias trágicas sorprende por su oscura capacidad para conmover. Nada es lo que parece en este drama con un culpable roto por el miedo y un delito que abarca más que una sola familia. El punto más fuerte de la producción.

