Agatha Christie: Las siete esferas acaba de estrenarse en Netflix y ya es otro de los éxitos de Netflix. Y razones no faltan: esta nueva adaptación de la llamada Reina del misterio no solo convierte a la novela de origen en un apasionante thriller de suspenso. A la vez, demuestra que sus obras continúan siendo mecanismos impecables que siguen cautivando la imaginación de sus seguidores. Eso, por su capacidad para sorprender por sus giros, la complejidad de sus personajes y los exóticos escenarios en que transcurren las historias.
Pero además, la novela en que se basa la miniserie de apenas tres episodios es una rareza dentro de los enigmas de Agatha Christie. Para comenzar, no está protagonizada por la clásica señora Mapple o el bigotudo Hercule Poirot. En esta ocasión, la complicada investigación corre por cuenta de la detective aficionada y valiente aristócrata Lady Eileen Bundle Brent. Un cambio notorio que brinda frescura a la historia y que, además, permitió a Christie innovar en la forma de narrar sus propios enigmas. Por lo que la historia, en apariencia sencilla, acaba por tener un giro asombroso que destaca en las enrevesadas ficciones de la escritora.
La producción hereda todo lo anterior y lo convierte en una trama en la que nada es lo que parece y que, de hecho, se hace más intrincada a medida que pasan los capítulos. Mucho más, que a pesar de basarse en una obra cuyo final es obvio y que no es un secreto para fanáticos y lectores, no deja de ser entretenida y fascinante. El resultado es una adaptación que sorprende por mostrar las posibilidades de las novelas de autora para una nueva generación de fanáticos. Y en particular, por explorar de manera novedosa en el mundo ya conocido de su autora.
Un drama complejo que va de menos a más

Agatha Christie: Las siete esferas comienza como cualquier otra adaptación reciente de la autora: mostrando una muerte inquietante. Inmediatamente después, la acción salta a Inglaterra en el año 1925. Eso, para recorrer una mansión campestre convertida en escenario para una fiesta de disfraces exagerada, cargada de terciopelo, plumas y miradas largas. Al centro de todo este movimiento se encuentra Lady Caterham (Helena Bonham-Carter), viuda rica, cansada del teatro social y con una sonrisa ensayada que aparece solo cuando es estrictamente necesario.
Desde una escalera, ligeramente apartada del espectáculo, observa Bundle Caterham (Mia McKenna-Bruce), hija única, con una mente rápida y curiosidad afilada. La fiesta hace las veces de una presentación coral y como declaración estética: lujo, artificio y un pasado que pesa más de lo que aparenta. Pero de inmediato el argumento va a su punto central. Un posible asesino se esconde entre la multitud enmascarada y decadente.

Algo que se comprueba a la mañana siguiente, cuando uno de los invitados, (Corey Mylchreest, aparece muerto en su habitación. La explicación oficial llega rápido y con tono definitivo: su pasado como soldado en el Somme durante la Gran Guerra habría desembocado en un suicidio tardío. El caso queda cerrado antes de empezar, al menos para las autoridades y para los adultos que prefieren evitar preguntas incómodas. Pero Bundle, en cambio, nota algunas grietas en el relato. Por lo que decide investigar por su cuenta, acompañada por Jimmy Thesiger (Edward Bluemel), amigo leal y entusiasmo algo imprudente. A partir de allí, la historia toma el vigor y la personalidad de cualquier otra de Agatha Christie, mientras todos los personajes intentan descubrir al asesino entre ellos.
‘Agatha Christie: Las siete esferas’, sencilla y adictiva

La serie avanza entonces no solo para resolver su misterio, sino para dejar claro que cualquiera puede ser un sospechoso real. Por supuesto, es una fórmula habitual en las historias de Agatha Christie, pero la serie de Netflix la convierte en un gigantesco juego del gato y el ratón. Pronto queda claro que los dos asesinatos mostrados en la trama están relacionados y en más de una forma. Por lo que puede haber no solo un criminal, sino dos, además de enfrentados por razones complicadas.
Aunque se echa de menos un poco de riesgo narrativo —cualquier fanático de Christie descubrirá al malhechor pronto—, lo cierto es que Agatha Christie: Las siete esferas es brillante y entretenida. Como en la obra original, la adaptación celebra el humor negro, la observación social casi satírica y un misterio que se despliega de manera ingeniosa. Algo que hace de la producción no solo una versión para el nuevo milenio de uno de los libros poco conocidos de la autora, sino también una serie capaz de cautivar. Una combinación que la hace una de las mejores producciones de Netflix ahora mismo.

