En el corazón de la bestia, la amistad entre un perro y un veterano del ejército lo es todo. Una premisa que no es ni la más original ni tampoco la más llamativa. Pero el director David Ayer logra que el relato, que se extiende a una aventura que atraviesa todo tipo de situaciones límite, resulte intensa y brillante. Al menos, cuando decide ser un poco más espiritual que solo acción pura. Pero el realizador no parece decidirse por un único tono. Por lo que hay escenas en que la cinta parece una reflexión casi surreal de la nobleza de la naturaleza y del hombre, para después ser solo una edición rápida de pura acción. 

Una mezcla extraña que provoca que la cinta tenga un ritmo en ocasiones irregular. Sin embargo, esta historia en la que apenas hay diálogo, todo se basa en la empatía de una amistad entre especies. Un punto que tanto la visión de David Ayer sobre el paisaje como la conexión entre sus personajes llevan a lugares emotivos y profundos. Cuando la película se mantiene en esa dimensión, hará llorar incluso a los más cínicos. Pero cuando no, en el corazón de la bestia tiende a ser genérica y un poco torpe al contar su sencillísimo relato. Mucho más, cuando el director parece perder el pulso al tratar de mostrar capas de una aventura que es mucho más simbólica que práctica. 

Con todo, la travesía entre el sargento James Belmont (Brad Pitt) y Odin (un pastor alemán interpretado por cuatro perros distintos) no deja de emocionar. En especial, porque en el corazón de la bestia sabe exactamente cuál es su elemento más fuerte. Que es, por supuesto, mostrar la misteriosa, total y profunda conexión entre James y el animal que lo sostuvo en los peores de su vida. La cinta disimula muy poco que se enfoca en conmover con una simplicidad que emociona por las pocas pretensiones que tiene. Y de hecho, la premisa es más fuerte cuando solo enfoca todo su interés visual y narrativo en ese giro. Cosa que hace durante la primera hora del metraje y, por tanto, la mejor de la película. 

Una aventura que se cuece a fuego lento

Una de las grandes virtudes de El corazón de la bestia es que va directo al grano. Por lo que, durante los primeros minutos, quedan claros varios elementos de interés acerca de la historia. James sufre estrés postraumático, lo mismo que Odin, debido a su participación en diversas batallas en Irak y Afganistán. De modo que el perro no es solamente una mascota, un capricho de James ni tampoco un animal que cuidar. Es el centro de su recuperación y el lazo entre ambos se basa en una amistad tan humana como total. Un acierto de En el corazón de la bestia es evitar que esta sea solo otra historia de un hombre y su perro contra la adversidad.

Y aunque el giro no se desarrolla demasiado (y se echa de menos que no lo haga), la cinta tiene más interés que ser más sustanciosa que solo mostrar a Odín haciendo actos heroicos. David Ayer muestra la forma en que James y su perro conviven como una larga historia llena de horrores y emociones. Por lo que buena parte de la primera hora de la película se basa justamente en hacer creíble esta amistad improbable. Y mucho más, el motivo por el que James es capaz de arriesgar su vida por su perro.

Todavía más interesante, establece de inmediato que todo lo que ocurrirá en el intenso segundo tramo tiene un motivo. Junto con el destacado apartado visual, la decisión convierte a la historia, en apariencia sencilla, en un viaje de sentimientos profundos. Pero mucho más, en un relato que es más significativo a medida que el vínculo entre James y Odin se inclina hacia el inevitable sacrificio. 

Una amistad entrañable para hacer llorar en 'En el corazón de la bestia'

Brad Pitt plays James Belmont in Heart of the Beast from Paramount Pictures.

El guion de Cameron Alexander mantiene la idea básica de que James y Odin se rescatan mutuamente, incluso en momentos en que no es necesario subrayarlo. Por lo que en el corazón de la bestia insiste más de lo necesario en que hombre y perro solo se tienen el uno al otro.

En especial, en medio del paisaje hostil de Alaska que pronto se vuelve un enemigo a vencer. La cinta, que parece dividida en dos partes (y que de hecho comienza con un spoiler obvio), enfoca su fortaleza en esa unión. Pero termina por ser torpe al ser algo más que esa esforzada y cada vez más brutal idea sobre sobrevivir a cualquier costo. No obstante, el guion evita ser manipulador (aunque lo es en cierto modo) y dedica su interés a mostrar la importancia de Odín. No como un perro al servicio de su amo, sino un alma gemela del esforzado y heroico James. Un dúo de compañeros de infortunio que deben sobrevivir una última vez.

Una cinta que falla a pesar de su simplicidad

Parte del problema de En el corazón de la bestia es que, a partir de su segundo tramo, no sabe bien qué hacer con su premisa. Por lo que, luego de mostrar la belleza de Alaska y los flashbacks sobre las experiencias de James y Odin, se queda a mitad de camino. Más complicado todavía, cuando apenas hay otra aparición humana. La de Watkins (J.K. Simmons), un extraño casi accidental que permite entender qué tan aislados están Odin y James. De hecho, el personaje es apenas el segundo y último ser humano que mostrará la película más allá de James. Un giro que conduce después al centro del dilema (y la parte más dura) de la batalla de Odín y su amigo humano por sobrevivir. 

Por lo que, cuando el personaje de Pitt sufre un infarto (y desencadena una desgracia a gran escala), las piezas parecen caer en su lugar. James hará lo que sea por atravesar esta Alaska monumental y brutal, para salvar a su perro. A pesar de que eso pueda implicar su muerte. Y lo hace, mientras la cámara no duda en recordar al espectador que este paisaje inhóspito es tan bello como peligroso. Pero la cinta se vuelve un desorden de ideas que no llegan a ninguna parte. La travesía de James en busca de Odín se vuelve inverosímil y, cuando finalmente ambos se reencuentran, el trayecto a lugar seguro carece de sentido. 

Con todo, la trama de En el corazón de la bestia trabajó tanto para mostrar la amistad entre James y Odín, que la exageración importa poco. El sacrificio a toda prueba de James por su perro no solo se vuelve una emoción instintiva. También, se vuelve más real y dura a medida que la cinta llega a su inevitable conclusión. Pero mientras eso pasa, las escenas de enfrentarse con lobos, un oso grizzly, batallas por evitar ahogarse en ríos, enaltecen la aventura emocional. La cinta logra que, a pesar de sus momentos caóticos, la idea de un vínculo entre un hombre y un perro fiel sea valiosa. Y en realidad, más compleja de lo que podría suponerse. Por lo que, para su tramo final (que hará llorar a los amantes de los perros), la historia alcanza su punto más alto. 

A saber: demostrar que Odín es el protagonista amable de un relato sobre el bien. En especial, sin caer en los clichés habituales del perro heroico o tan humanizado como para perder parte de la magia salvaje. También ayuda que Brad Pitt brinde a James más capas de lo que podría suponer solo ser un veterano genérico. Pero el intérprete brinda a su personaje amabilidad, sinceridad y peso. Lo que hace que James (y su esforzada lucha por salvar a Odín) sea de una emotividad que por momentos sorprende. Por lo que la química entre este hombre herido y su perro es más que suficiente para enaltecer la historia. El punto más alto de este relato poderoso, que, a pesar de algunas fallas, sorprende por su sencillez y dignidad. 


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