Él y ella, uno de los estrenos más exitosos de Netflix de las últimas semanas, parte de una premisa terrorífica. La de indagar qué es lo que ocurre cuando un crimen provoca que todo un pueblo deba revelar sus secretos más dolorosos y sucios. Basada en el libro del mismo nombre de Alice Feeney, esta miniserie de 6 capítulos cuestiona la naturaleza de la verdad desde la hipocresía social. También, la forma en que un hecho de violencia puede sacudir todo lo que creemos cierto en maneras trágicas y dolorosas.
Por lo que, de la misma manera que el libro, el argumento se enfoca en los misterios que guarda el pueblo de Dahlonega, Georgia, un lugar donde todo el mundo se conoce. O eso cree, hasta que un asesinato deja claro que hay un punto oscuro en medio de la historia que todos comparten. No solo porque el crimen es violento, excesivo y personal. También porque involucra a buena parte de los habitantes del pueblo en una trama que viaja al pasado y cuestiona su comportamiento. Más allá, la posibilidad de que el vecino al que conoces de toda la vida sea un brutal criminal capaz de los peores horrores.
Todo desde la perspectiva del hallazgo del cuerpo de Rachel Hopkins (Jamie Tisdale), que no se presenta como un simple punto de partida, sino como una imagen que persiste. El cadáver, atravesado por una violencia reiterada, aparece en un entorno natural que contrasta con la brutalidad del acto. No hay ambigüedad posible: alguien quiso hacer daño. Sobre esa imagen se superpone la voz de Anna (Tessa Thompson), que encarna la premisa central de la serie. Toda historia tiene múltiples versiones y alguien siempre miente. Un punto que desencadenará la trama en adelante.
El miedo, el dolor y los secretos en ‘Él y ella’

Además, Anna trae consigo una especie de vuelta trágica al pasado. Después de sufrir un duelo del que apenas puede recuperarse, el personaje (una periodista en una cadena televisiva), se encuentra entre dos aguas. Por un lado, recuperarse emocionalmente de lo sucedido. Por otro, tratar de retomar el curso de su trabajo, en horas bajas en todo su proceso de luto. De modo que la noticia de un asesinato en su pueblo natal es una especie de detonante que la obligará a volver a la acción.
En paralelo, conocemos a Jack Harper (Jon Bernthal), sheriff del condado, figura de autoridad local y aparente ancla moral del relato. Eso, gracias a su vínculo paternal con su sobrina Meg (Ellie Rose Sawyer), la preocupación constante por su hermana Zoe (Marin Ireland), y una vida que parece organizada alrededor del deber. Pero la trama se apresura en mostrar que está lejos de ser un referente ético. En especial, porque en su vida hay muchos más grises de lo que podría suponerse.

Un punto que el asesinato de Rachel parece dejar claro. Mucho más, al mostrar que Jack tiene más que esconder de lo que cualquiera podría suponer. Todo se vuelve aún peor con la llegada de Anna, que no es solo una periodista cubriendo el caso, es la esposa separada de Jack. A partir de ahí, la investigación deja de ser profesional y se vuelve íntima. Cada interrogatorio tiene doble filo. Cada encuentro arrastra historia previa. La serie entiende que el verdadero misterio no es solo quién mató a Rachel, sino qué ocurrió entre estas dos personas antes de que la sangre apareciera en el bosque.
El pasado como arma

A medida que avanzan los capítulos, el argumento de Él y ella desplaza el foco del crimen, a los conflictos, dolores y retorcidos misterios que rodean a los personajes. De modo que el crimen es mucho más un catalizador, de una serie de revelaciones inquietantes. En específico, los sinsabores y puntos agrios que esconde la relación entre Anna y Jack.
Ambos personajes cargan un trauma compartido que los separó físicamente, pero los mantiene atados de manera inevitable. Paulatinamente, la historia indaga en cómo un suceso trágico no solamente les separó como matrimonio, sino que les envió a lugares distintos del éxito y el reconocimiento. Esa asimetría profesional y emocional alimenta la tensión entre ellos. Cada conversación está atravesada por reproches no dichos y verdades a medio camino.

Un recurso que Él y ella explora a través de flashbacks, especialmente aquellos que reconstruyen la adolescencia de Rachel y su entorno escolar. Por lo que la producción logra que los recuerdos de Anna, los temores de Jack y su vida en común sean también contexto acerca de lo que la víctima vivió antes de ser asesinada. También, los constantes saltos al pasado, reordenan la información que el relato brinda. Por lo que pronto es obvio, que lo que se recuerda no solo no es real, sino una porción parcial y tramposa de algo más complejo.
Al final, todos son culpables en ‘Él y ella’

Para su final, la serie descubre sus secretos, pero no lo hace de forma sencilla o apelando a la sorpresa solo para dejar boquiabierto al posible espectador. Antes que eso, intenta explorar en la sensación de que la verdad completa siempre se escapa. Por lo que este diálogo misterioso entre lo que Anna recuerda y Jack esconde, termina por mostrar un terreno movedizo marcado por la mentira.
Con su reconstrucción novedosa de la historia original —pronto es evidente que todos mienten de una manera u otra— Él y ella sorprende. Pero también deja claro que la historia es mucho más que descubrir la identidad de un asesino. Antes de eso, se trata de explorar la idea de la culpa, la responsabilidad y la violencia como un escenario capaz de unir a todos los que tienen un pasado en común. El punto más interesante de la nueva serie de Netflix.

