Los testamentos son la esperada secuela del universo distópico iniciado por la exitosa y recientemente finalizada El cuento de la criada. Pero más allá de eso, es también una perspectiva más profunda acerca del tétrico estado teocrático de Gilead. Eso, debido a que la trama no explora solamente el espeluznante proceso legal y cultural en una época y lugar en que las mujeres perdieron todos sus derechos. También, la forma en que este territorio de pesadilla se transformó en un enemigo contra toda forma de libertad. Un giro que la trama de la serie explora a cabalidad y de manera detallada.

Basada en el libro del mismo nombre de Margaret Atwood publicado en 2019, la producción continúa explorando el régimen teocrático. Pero bajo una lente generacional distinta que se aleja del protagonismo de June Osborne (Elisabeth Moss). Bajo la dirección creativa de Bruce Miller, quien también lideró la serie original, esta adaptación busca expandir el lore de la franquicia. Eso, mientras mantiene la atmósfera opresiva y el comentario social que la caracterizan. Pero mucho más, logra algo que El cuento de la criada no logró del todo: mostrar que Gilead es posible de derrotar. 

Para eso, la trama se ambienta 5 años después del final de la sexta temporada de la serie original. Este salto temporal permite observar un Gilead más institucionalizado y, a la vez, vulnerable ante las grietas internas causadas por la corrupción y la resistencia clandestina. De modo que el argumento ya no se centra únicamente en la supervivencia individual de una mujer adulta, sino en el destino entrelazado de tres protagonistas con perspectivas opuestas sobre el régimen.

Terror, miedo y redención en ‘Los testamentos’

Pero además, los testamentos evitan ser únicamente una secuela espiritual de la exitosa historia de origen, por lo que desarrolla su propio mundo. Desde su primer capítulo, la producción muestra que el tiempo en Gilead no solo está erosionando el mecanismo político que lo sostiene. También, sacudiendo las bases de las creencias colectivas, que sostienen de una manera u otra todo el violento gobierno dictatorial. Por lo que el argumento explora la idea de que cada régimen violento desarrolla una resistencia que le enfrenta con las mismas armas de violencia. Una lucha total que cobra víctimas de lado y lado.

Claro está, de la misma forma que el libro en que se basa, el libro no olvida sus conexiones con el universo original. Por lo que uno de los pilares fundamentales del elenco es el regreso de Ann Dowd como la tía Lydia. En esta etapa de la historia de Gilead, el personaje muestra una faceta más compleja y ambigua. 

Eso debido a que, tras décadas de servir al sistema con crueldad, Lydia comienza a recopilar secretos incriminatorios sobre los comandantes para asegurar su propia supervivencia. Y posiblemente, orquestar la caída de Gilead desde adentro. De hecho, su testamento es la crónica de una mujer que conoce los pecados del régimen mejor que nadie y decide que es momento de utilizarlos como arma. 

Una joven heroína para una historia complicada

Pero los testamentos también se enfocan en qué ocurre dentro del mismo estado represor y su vida cotidiana. Para eso, se enfoca en Agnes (Chase Infiniti de Una batalla tras otra), quien representa a las Hijas de Gilead. Es decir, la primera generación de niñas criadas íntegramente bajo la doctrina represora del Estado totalitario. Agnes es la versión joven de Hannah, la hija mayor de June, quien ha crecido en el privilegio de las familias de los comandantes, ignorando su verdadero origen. A través de sus ojos, la serie explora la educación de las niñas en la Escuela Vidala, donde son preparadas para ser esposas dóciles bajo la estricta supervisión de las Tías, mientras comienzan a surgir en ellas dudas sobre la justicia de su mundo.

En paralelo, la serie sigue a Daisy (Nicole, la hija menor de June), interpretada por Lucy Halliday. Daisy vive en Canadá bajo una identidad falsa, protegida por miembros de la resistencia de Mayday. Y de hecho, desconoce que es el símbolo de esperanza más buscado por los agentes de Gilead. Pero cuando una tragedia la obliga a descubrir su pasado, se infiltrará en el territorio enemigo como una Chica Perla. A saber: misioneras que el régimen envía al extranjero para atraer conversos.

La serie promete profundizar en la Escuela Vidala, un escenario clave donde se muestra cómo el régimen adoctrina a la nueva generación de mujeres de élite. A diferencia del horror físico directo de El cuento de la criada, en Los testamentos el conflicto es psicológico y social. Por lo que profundiza en la competencia entre hijas de clase alta del estado y el miedo al matrimonio forzado. Pero en específico, revelación de que las mujeres que las precedieron fueron sometidas a atrocidades que ellas consideraban mitos o castigos divinos justificados.

Diez capítulos para luchar por la libertad

La primera temporada de Los testamentos tendrá 10 episodios que se lanzarán de forma semanal tras un estreno inicial de tres capítulos el 8 de abril de 2026. Aunque se trata de una secuela directa, los creadores han enfatizado que la serie tiene una identidad propia y puede ser comprendida incluso por espectadores que no hayan visto las seis temporadas anteriores de El cuento de la criada

No obstante, las conexiones emocionales con June Osborne y su lucha por recuperar a sus hijas actúan como el motor invisible de gran parte del conflicto. De modo que la serie no solo busca cerrar los hilos narrativos pendientes sobre el destino final de Gilead. También reflexionar sobre cómo los regímenes autoritarios son finalmente socavados por la misma juventud que intentaron moldear a su imagen y semejanza.


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