El Drama, la nueva película de Zendaya y Robert Pattinson, es mucho más que un romance. Que lo es, en sus momentos más íntimos. Pero desde el inicio, la historia juega con las reglas del género, para brindar a la historia un aire de ligera incomodidad que nunca desaparece. Un elemento que deja claro desde el inicio. Cuando Charlie (Pattinson) conoce a Emma (Zendaya), el encuentro parece signado por una serie de pequeñas torpezas. Mucho más, se vuelve una combinación entre la evidente atracción física entre ambos, pero salpicada de interpretaciones, preocupaciones y un aire neurótico.
Esa serie de malentendidos definirá en adelante el tono de toda la película. Por lo que la esencia de El drama va más allá de contar una historia de amor y se enfoca en las dificultades (algunas surrealistas) que impiden que fructifique. Así que buena parte del guion escrito por el también director Kristoffer Borgli reflexiona sobre la idea de todo lo que pasa en realidad, bajo la apariencia de armonía de cualquier pareja. La idea se hace más complicada a medida que esa doble percepción (lo que ella ve, lo que él comprende) se vuelve más retorcida y dura.
En especial, porque el argumento es brillante al reflexionar sobre la idea de que el territorio del amor y las relaciones de pareja puede volverse hostil con rapidez. A medida que la cinta avanza y deja a su paso toda la historia de Emma y Charlie, el romance se vuelve más agrio y doloroso. Por lo que, entre escenas de recuerdos y conversaciones, el drama explora una premisa angustiosa. En la idea de que la vida en pareja es, en realidad, una serie de memorias distorsionadas y promesas a punto de romperse. Por lo que muchas de estas escenas están conectadas con los intentos de Charlie por escribir su discurso de boda. Lo vemos obsesionado, repitiendo frases, descartando ideas, buscando una forma de capturar lo que siente por Emma. Solo para descubrir que en el amor nada es fácil.
Una pareja destinada al fracaso

Emma, por su parte, parece ser alguien más estable, aunque no completamente transparente. El drama reflexiona con elegancia en la concepción de los engaños sutiles, verdades a medias y trampas, que inevitablemente forman parte del romance. Pero en lugar de caer en el amor idealizado o, en cualquier caso, en una reflexión sobre temas complejos como la lealtad y la sinceridad, va a nuevos lugares. Algunos, muy poco comunes en argumentos semejantes.
A medida que Emma muestra su verdadero rostro y Charlie se asombra por lo que descubre de ella, el drama se vuelve más ingenioso como premisa. En especial, porque el director enfoca toda la atención del argumento en cuestionar lo que creemos saber del amor e incluso lo que tememos puede ser. Paso a paso y de una forma profundamente dura, la cinta parece obsesionada con desmenuzar la posibilidad de la felicidad futura, por un hecho obvio. En una relación, buena parte de la vida en común está basada en el temor de amar demasiado a alguien que no corresponde del todo, o solo a una idea falsa sobre el deseo.

Por lo que el director parece interesado en desmontar la idea de la conexión perfecta. En su lugar, muestra una relación que avanza porque ambos deciden seguir, incluso cuando las cosas no encajan del todo. Y aunque todo apunta hacia una boda, también se percibe una pregunta flotando en el aire: ¿qué pasa cuando lo que no encaja deja de ser ignorado? Mucho más complicado, la película aprovecha la química entre sus personajes para atravesar terreno peligroso. En especial, cuando toda esta relación idílica, en apariencia perfecta, pende de un hilo.
Confesiones que arruinan la sobremesa

La película cambia de temperatura en una escena que, en cualquier otra historia, sería un simple momento social sin consecuencias. Emma y Charlie organizan una cena para definir detalles de su boda. Por lo que deciden invitar a Mike (Mamoudou Athie) y a Rachel (Alana Haim), quien además será la dama de honor. El ambiente comienza relajado, con ese tipo de entusiasmo ligeramente forzado que acompaña a los preparativos matrimoniales. Hasta que alguien propone un juego. La dinámica es sencilla: cada uno debe contar la peor cosa que ha hecho en su vida. Una idea pésima, como suele pasar con los juegos que parecen inofensivos después de varias copas.
Mike comparte una anécdota incómoda pero manejable. Charlie hace lo propio, con cierta vergüenza calculada. Pero lo que Emma revela no es un hecho consumado, sino algo que estuvo cerca de hacer en su pasado. El argumento de El drama está más interesado en las reacciones que en realmente la naturaleza del secreto de Emma, por lo que la sola posibilidad resulta suficiente para alterar el ambiente y para profundizar en un giro que la película ya asomó. Cualquier pareja guarda secretos inconfesables.

Ese momento marca un antes y un después en El drama. Lo que hasta entonces era una relación con pequeñas imperfecciones se transforma en un terreno inestable. A partir de esa revelación, la mente de Charlie se convierte en el verdadero escenario del conflicto. No hay discusión abierta, sino una obsesión silenciosa. Borgli traduce este proceso interno en imágenes que rozan lo surrealista. Charlie empieza a imaginar versiones del pasado de Emma que nunca conoció. También, una buena cantidad de situaciones que nunca ocurrieron. Algo que conduce a una progresiva toma de conciencia acerca de sus miedos, dolores y miserias.
El dolor, el fracaso y el miedo en ‘El drama’

Atípica, siniestra y la mayoría de las veces inquietante, El Drama se esfuerza por ser un romance agrio en el que nada es lo que parece. En especial, gracias a las actuaciones de sus actores. Zendaya construye a Emma con una mezcla de firmeza y vulnerabilidad que resulta especialmente efectiva. Su personaje no se derrumba de forma espectacular, sino que resiste, insiste, intenta mantener en pie algo que claramente se está desmoronando.
Robert Pattinson, como Charlie, asume un rol más ingrato, pero igual de complejo. Su personaje es el epicentro del conflicto, no por lo que hace, sino por lo que no puede dejar de pensar. Pattinson traduce esa espiral mental en pequeñas variaciones de comportamiento: miradas que se alargan más de lo necesario, pausas incómodas e intentos fallidos de normalidad.
Su interpretación se mueve entre lo absurdo y lo doloroso, especialmente cuando el guion lo empuja hacia situaciones donde su obsesión roza lo ridículo. Y aun así, nunca pierde credibilidad. Hay algo profundamente humano en su incapacidad de soltar. Al final, la película es cruel y compleja por su capacidad para ser frontal y honesta. Nada es lo que parece en el amor y todo lo que rodea al romance puede estar contaminado de dolor. El punto más duro de El drama y el que mejor desarrolla su guion.

