Industry, que acaba de estrenar nueva temporada en HBO Max, apuesta de nuevo por lo que mejor sabe hacer. Por lo que combina un escenario frenético, incómodo y pesimista con una óptica audaz sobre la ambición contemporánea. Claro está, una de las series más singulares del amplio catálogo de la plataforma, siempre logró reflexionar sobre nuestra época desde lugares elegantes.
Así que, aunque al inicio parecía un melodrama laboral sofisticado, con jóvenes intentando sobrevivir en una economía rota, pronto mostró sus colores como thriller financiero. Mucho más cuando, con el paso del tiempo, la serie reconfiguró su ambición y decidió explorar en el escenario corporativo como territorio de amenaza. La cuarta temporada confirma esa transformación: ahora juega en la misma liga emocional que Succession, pero con una energía más sucia y menos aristocrática. El cambio es evidente en el tono, en el ritmo y en la crueldad con la que los guiones observan a sus criaturas.
La clave está en el punto de vista. Antes, los personajes aprendían las reglas sutiles del mercado y trataban de subvertirlas a toda costa. Ahora, las escriben ellos mismos, con consecuencias imprevisibles y la mayoría de las veces desastrosas. Así que la temporada cuatro transforma la identidad de Industry con cuidado y le brinda mayor sustancia a sus dilemas.

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Las primeras entregas funcionaron, en retrospectiva, como un largo prólogo: un entrenamiento emocional para el espectador. Ahora, el juego del gato y el ratón se vuelve más veloz, más incómodo y mucho más reconocible para cualquiera que haya leído titulares financieros recientes. Industry deja de imitar al mundo real y empieza a reflejarlo con una precisión inquietante.
Poder, ausencia y nuevas jerarquías

La cuarta temporada de Industry marca un hito en la estructura de la serie y, de hecho, uno de sus mejores elementos es renovarse sin perder su identidad. Por lo que la salida de Robert Spearing (Harry Lawtey) brinda un punto de inflexión al argumento . Su ausencia, como antes ocurrió con Gus Sackey (David Jonsson), podría parecer una pérdida estratégica, pero en realidad libera espacio narrativo. Así que la serie, que fue criticada por su exceso de personajes en función del argumento, ahora tiene oportunidad de simplificar su premisa de manera satisfactoria.
De modo que el centro de gravedad se desplaza hacia el conflicto entre Harper Stern (Myha’la) y Yasmin Kara-Hanani (Marisa Abela), ambas en posiciones de poder que chocan de frente. La serie entiende que las amistades no se rompen por traición directa, sino a través de una serie de dilemas, que la trama explora como una retorcida ambición compartida.

Por un lado, Harper dirige su propia firma con la ayuda de Sweetpea (Miriam Petche) y Kwabena Bannerman (Toheeb Jimoh), formando un ecosistema donde la intuición financiera convive con la paranoia constante. Yasmin, en cambio, navega un matrimonio sombrío con Sir Henry Muck (Kit Harington), un ex-CEO atrapado en una espiral depresiva tras su fracaso político. Su intento de rescatar la relevancia de Henry los conduce hasta Whitney Halberstram (Max Minghella), director financiero de Tender, una startup de pagos que huele a problema desde el primer plano.
La tensión entre ambas protagonistas sostiene la temporada. Comparten objetivos, enemigos y cicatrices. Esa simetría las empuja a orbitar al mismo depredador financiero, incluso cuando saben que el desenlace será incómodo. Industry entiende que el poder no elimina las heridas previas; en el peor de los casos, la convierte en un punto oscuro con el cual lidiar.
Alianzas peligrosas y viejos fantasmas

Uno de los elementos más interesantes de la nueva temporada es que logra profundizar en un giro que siempre le resultó complicado a Industry. La de combinar la vida privada y corporativa de sus personajes. Ahora lo hace con facilidad. Harper cree reconocer el tipo de hombre que es Whitney Halberstram (Max Minghella). Su historial con figuras dominantes le da una falsa sensación de ventaja. Esa seguridad la empuja, otra vez, hacia Eric Tao (Ken Leung), una presencia tan brillante como imprevisible. La nueva entrega profundiza en su vida familiar rota y en una conciencia que ya no distingue entre estrategia y supervivencia.
Minghella explora en Whitney como una figura magnética y perturbadora, un ejecutivo contemporáneo que sonríe al mismo tiempo que calcula el daño colateral. Siempre parece un paso adelante, incluso cuando finge vulnerabilidad. Su trato con Henry Muck resulta especialmente cruel.

Particularmente, porque Henry nunca fue un personaje diseñado para la empatía, pero la forma en que Whitney explota sus inseguridades genera una incomodidad difícil de ignorar. En el universo de Industry, la aparición de alguien como Whitney no se siente forzada. De hecho, la trama deja claro que la velocidad con la que nacen y mutan las startups justifica su ascenso meteórico. La serie no convierte a Whitney en un villano caricaturesco, sino que profundiza en sus conflictos como un producto lógico del sistema que habita. Eso lo hace más peligroso, creíble y cercano.
Un personaje a tener en cuenta

Para su cuarta temporada, Industry consolida a Rishi Ramdani (Sagar Radia), Vice President at Pierpoint, como una presencia incómoda. Su agresividad verbal y su necesidad constante de confrontación lo convierten en un lastre dentro del nuevo círculo de Harper. El choque inmediato con Sweetpea (Miriam Petche) deja claro que la serie no protege a sus personajes por lealtad previa.
Mucho más, gracias a que el arco de Rishi gana profundidad cuando la temporada lo obliga a enfrentar las consecuencias de sus propios impulsos. Deja de ser un ruido de fondo para convertirse en un reflejo incómodo de cómo el cinismo puede volverse autodestructivo. Al mismo tiempo, esta fricción permite que Sweetpea crezca como personaje. Sus motivaciones, marcadas por trauma y autoaversión, aportan una capa emocional inesperadamente potente. Petche interpreta esa fragilidad con valentía y la dota de una complejidad que se convierte en uno de los puntos más altos de la temporada.

Por lo que Industry mantiene una mirada fría sobre el mundo de las inversiones, pero no es indiferente al costo humano. Un punto recurrente al que la serie vuelve en varios de los momentos más duros de la temporada.
Además, la trama y en un giro brillante, añade hechos reales para brindar contexto a sus distintas historias. Así que buena parte de la historia incluye el impacto del segundo mandato de Donald Trump y las secuelas del Brexit como puntos complicados del tablero financiero. Una decisión que brinda todo tipo de segundas lecturas a la serie y convierte a la nueva temporada en una de las mejores de producción hasta ahora.

