Animales de Netflix, protagonizada, dirigida y coescrita por Ben Affleck, recuerda el motivo por el cual el actor es uno de los más destacados de Hollywood. Algo que no se debe solo a su versatilidad o al hecho de que, siendo todavía muy joven, fue reconocido por la Academia como mejor guionista. También, se trata de que a lo largo de los años consolidó una de las carreras más respetables y sorprendentes de la industria detrás de las cámaras. Lo que demostró que su verdadero control creativo surge cuando asume el rol de realizador.
Aunque inicialmente saltó a la fama internacional como actor y escritor, su transición formal a la dirección le permitió ganarse el respeto de Hollywood. Como cineasta, se caracteriza por un pulso narrativo firme, una impecable dirección de actores y una profunda afinidad por los thrillers de tensión sostenida. Mucho más, con las historias de trasfondo criminal y los dramas intensos basados en dinámicas humanas reales. Algo que cimentó su filmografía en la silla del director como una constante experimentación sobre diversos temas y tópicos.
Algo más que evidente, con el estreno de Animales, un thriller político en el que reflexiona sobre los abusos del poder, el miedo y los límites del control. Pero además, la cinta, que ya se cuenta entre los estrenos más esperados del año en Netflix, deja claro que Ben Affleck va más allá de lo obvio en lo que la dirección se refiere. Un punto que queda más que demostrado en la cinta y en especial en su profundidad como reflexión sobre el bien y el mal contemporáneo. Pero además, una de las producciones imperdibles de la plataforma por las tres razones que te dejamos a continuación.
Un thriller de suspenso de alta tensión moral

Ben Affleck parece más que interesado en un tipo de historia capaz de analizar lo más oscuro de la naturaleza y la mente humana. Una decisión que demostró en Argo o The Town. Pero en Animales, esa inclinación es más obvia que nunca y el director encuentra una nueva dimensión a su peculiar punto de vista sobre esos temas. Por lo que el realizador asume el rol de Mark Kimball, un carismático candidato a la alcaldía de Los Ángeles. Uno, cuya idílica vida y ambiciosa campaña política saltan por los aires cuando su hijo es secuestrado repentinamente en plena contienda electoral.
Affleck se vale de un libreto milimétrico, coescrito junto a Connor McIntyre y el nominado al Oscar Billy Ray, para analizar varios elementos intrigantes. Por un lado, la ambición y la contraposición de la codicia con el amor familiar. Al otro extremo, la forma en que un político de carrera maneja un incidente que va más allá de sus conocimientos de campaña o de comunicación. De hecho, la trama Animales está más interesante en la asfixiante cuenta atrás de apenas unas horas para pagar el rescate que en otra cosa. Pero además, en la forma en que el paso del tiempo erosionará las decisiones y convicciones del candidato.
Por lo que la dirección de Affleck somete a los protagonistas a una demoledora olla a presión emocional y ética. El realizador dosifica la intriga de tal manera que cada decisión desesperada que toman los padres para salvar a su hijo destroza algo más. Pero en especial, desmorona de forma progresiva la fachada pública y privada que construyeron con tanto esmero. Por lo que los arrastra a una red de engaños mutuos donde el fin justifica los medios. El resultado es una lección de ritmo narrativo arrollador que mantiene una tensión implacable y claustrofóbica. Lo que obliga al argumento a cuestionar constantemente hasta dónde sería capaz de llegar bajo el yugo de una desesperación tan real y primitiva.
Una disección sobre el matrimonio, la ambición política y la hipocresía social

Uno de los puntos más interesantes de Animales es que el verdadero corazón del largometraje no es el rapto en sí mismo. Más bien, es la deconstrucción despiadada de las dinámicas matrimoniales y los pactos ocultos que sostienen a las parejas poderosas de la alta sociedad actual. Cuando la mediadora Dayle (Gillian Anderson) les advierte que para rescatar a su hijo deben confesar cada secreto, la trama da un giro total.
Por lo que el desgarrador drama psicológico de confesiones cruzadas se vuelve turbio y angustioso. La trama aprovecha este escenario límite para explorar de forma brillante la metáfora que da título al filme. La delgada línea que separa la racionalidad civilizada de los instintos puramente animales y primitivos. Estos últimos, inevitables cuando nos arrebatan lo que más amamos.
Además, el guion entrelaza con gran valentía y de manera orgánica discursos de candente actualidad en Estados Unidos. De la corrupción sistémica de las élites financieras al juego sucio de las campañas de marketing político. Eso, pasando por la mercantilización xenófoba de la crisis de los migrantes indocumentados. De modo que el secuestro destapa las miserias morales y la profunda hipocresía de unos personajes obsesionados con las apariencias.
El magnético duelo interpretativo de un elenco internacional de primer nivel

Pero además de sus protagonistas, Animales reúne a un reparto coral sumamente talentoso. Junto a Ben Affleck, Kerry Washington brilla al encarnar a Abigail, la esposa del político. Y además, construye un personaje complejo dotado de una enorme fortaleza, pero repleto de matices oscuros y vulnerabilidades profundamente humanas. El reparto también incluye a Steven Yeun, quien aporta una ambigüedad moral fascinante a la historia.
No obstante, uno de los mayores atractivos para el público hispanohablante es la acertada inclusión del talento mexicano de primer nivel. Este, encabezado por el polifacético Luis Gerardo Méndez y la ganadora en el Festival de Cannes, Adriana Paz. La dirección de Affleck huye conscientemente de los estereotipos clichés y de los tropos redundantes de Hollywood. Por lo que ofrece a los actores latinos personajes con peso real dentro del engranaje criminal de la trama en Los Ángeles. Uno de los puntos más interesantes de la producción.

