En el pasado, para muchas personas los tatuajes eran algo propio de piratas y ex presidiarios. Lógicamente, esto no era exactamente así, pero era la visión propia de una mezcla de prejuicios y falta de costumbre. Porque si hay algo cierto es que muy pocas personas decidían tatuarse. Hoy en día, en cambio, lo difícil es encontrar pieles vírgenes de tinta. Por eso, porque se ha convertido ya en algo muy habitual, cada vez son más los estudios que analizan si hay algún riesgo detrás de los tatuajes.
Lo cierto es que no hay conclusiones sólidas, pero sí que hay una evidencia cada vez más robusta de que, posiblemente, los pigmentos se filtran desde la piel hacia los ganglios linfáticos. Lo que ocurre una vez allí no está del todo claro. La mayoría de estudios al respecto se han llevado a cabo en ratones o células cultivadas en laboratorio. También se han realizado unos pocos en humanos, pero no se tienen en cuenta datos como los efectos a largo plazo o la influencia de la superficie tatuada.
Si analizamos todas esas investigaciones, parece ser que, al concentrarse en los ganglios linfáticos, podría verse afectada la capacidad del sistema inmunitario para combatir infecciones. Incluso recientemente se ha publicado un estudio en el que se señala una posible influencia en la eficacia de vacunas como la de la COVID-19. Esto, desde luego, puede ser una llamada de atención para las personas que deciden cubrir toda su piel de tinta. Sin embargo, también es cierto que todo debe leerse con mucha cautela.
¿Qué sabemos actualmente sobre los efectos de los tatuajes en la salud?
Los ingredientes presentes en la tinta de los tatuajes son muy variados. Para empezar, no son lo mismo las tintas negras que las de color. Estas últimas, según muchas investigaciones, contienen más alérgenos que pueden causar sensibilidad en la piel de algunas personas.
Por otro lado, se conoce que muchas tintas pueden tener cantidades importantes de metales pesados o compuestos orgánicos susceptibles de causar efectos en la salud. Si bien no hay evidencia científica concluyente de que a las dosis que se encuentran en la tinta puedan ser tóxicos o cancerígenos, sí que es cierto que en algunos casos, sobre todo cuando no se sigue la normativa vigente, pueden ser perjudiciales. Por eso, lo primero que deberíamos comprobar a la hora de hacernos un tatuaje es si cumple con todas las normas sanitarias necesarias.
También se ha visto que, cuando se exponen a las radiaciones ultravioleta solares, los pigmentos se pueden descomponer, liberando algunas de esas sustancias más perjudiciales. Por eso, lo segundo que debemos contemplar es la importancia de cuidar la piel tatuada del sol.
Finalmente, la literatura científica que apunta a los efectos de los tatuajes sobre el sitema inmunitario es cada vez más amplia.

¿Qué es lo que dicen esos estudios?
Cuando nos tatuamos, los macrófagos, que son las células del sistema inmunitario que detectan una amenaza y la destruyen mediante fagocitosis, acuden inmediatamente a la zona tatuada, ya que detectan la tinta como algo extraño que podría hacernos daño. Intentan fagocitar las partículas de tinta, pero son tan grandes que no logran destruirlas por completo. Finalmente, estas quedan fijadas en la piel. Por su parte, esos macrófagos que no lograron fagocitar del todo la tinta ya están inservibles, por lo que mueren por apoptosis. Todo esto es un claro proceso inflamatorio que se produce siempre tras un tatuaje. La zona de la piel que se ha coloreado muestra enrojecimiento e inflamación.
Sin embargo, la situación no acaba ahí. Lo que se ha observado en varios estudios, sobre todo en animales de laboratorio, es que muchos de esos pigmentos se acumulan en los ganglios. Estas son unas estructuras del sistema inmunitario que se encargan de filtrar posibles patógenos, como virus y bacterias. Cuando se produce ese proceso de filtrado, tiene lugar de nuevo una inflamación, normal cuando está habiendo una respuesta defensiva del organismo.
Al contrario de lo que ocurre normalmente cuando hay una infección, estos estudios apuntan a que los pigmentos no se filtran por completo. Por lo tanto, puede producirse una inflamación crónica, que a la larga envejecería las células y causaría problemas de salud. Además, los ganglios en cierto modo se saturan, como un colador taponado, de modo que ya no pueden filtrar bien otros patógenos.
¿Cuál es el verdadero riesgo?
Los propios científicos que han publicado este tipo de estudios advierten que no hay datos sobre los efectos en la salud humana a largo plazo. Quizás esos pigmentos terminen por descomponerse o quizás no. No hay evidencia clara de que afecten realmente a la salud. De hecho, hoy en día hay una proporción muy elevada de la población con la piel tatuada en mayor o menor medida y no hay constancia de que estas personas sean más propensas a las infecciones.

Lo que sí creen algunos expertos es que, quizás, si se tatúa un porcentaje alto de la piel, puedan experimentarse algunos de estos efectos en la salud. Si tu tatuaje soñado cubre buena parte de tu cuerpo, quizás deberías pensártelo dos veces. No está claro qué podría pasar, pero puede que sea mejor prevenir. Con respecto a los tatuajes pequeños, posiblemente los efectos no lleguen a ser tan grandes como para que haya que preocuparse.
