Ya está aquí una nueva entrega de los premios Nobel y, como cada año, la semana ha empezado con el anuncio del premio Nobel de Medicina. En esta ocasión le ha tocado a Victor Ambros y Gary Ruvkun por el descubrimiento del microARN y su papel en la regulación genética postranscripcional.

El anuncio ha tenido lugar a poco más de las 11:30 (hora peninsular española) en la Asamblea del Nobel, celebrada en el Instituto Karolinska, en Estocolmo (Suecia) Como siempre, el encargado de anunciar el nombre de los ganadores, primero en sueco y luego en inglés, ha sido John Perlman, el secretario de dicha Asamblea.

Los ganadores se tendrán que repartir un premio de 9 millones de coronas suecas, equivalentes a unos 830.000 euros. No es el premio científico más cuantioso, pero sí uno de los que más renombre tienen. 

Premio Nobel de medicina para los diminutos interruptores de los genes

Estos dos científicos han ganado el Premio Nobel de Medicina por el descubrimiento del microARN. ¿Pero qué es exactamente?

Todas nuestras células tienen los mismos genes, que se comportan como un libro de instrucciones. Eso significa que, por ejemplo, el gen para la síntesis de la insulina se encuentra en las células del páncreas, donde se produce esta hormona, pero también en las del ojo. En las del ojo el gen permanecerá apagado, ya que no es necesario.

En cambio, el páncreas sí necesita esa instrucción, por lo que encenderá el gen cuando sea necesario. Es decir, cuando haya grandes cantidades de glucosa en sangre y sea necesario que la insulina la ayude a entrar en las células. Ese encendido y apagado de genes dónde y cuándo hacen falta es lo que se conoce como expresión génica. Dicha expresión puede regularse de muchas formas. Y una de ellas es precisamente el microARN.

Estas son moléculas muy pequeñas de ARN, cuyo potencial fue descubierto por Victor Ambros y Gary Ruvkun a finales de los 80, cuando eran becarios postdoctorales en el laboratorio de Robert Horvitz, quien también ganó el premio Nobel en 2002.

Gusanos con genes que se encienden y se apagan

Estos dos científicos estudiaron mutantes de C. elegans, un gusano muy utilizado en investigación. Ya sabían lo que es la expresión génica y también que deben existir reguladores que se encargan del encendido y apagado de genes. Pero no sabían cómo eran. Su trabajo postdoctoral se centró en obtener los mutantes adecuados y encontrar un gen, lin-4, que parecía estar involucrado en el apagado de otro, lin-14. Sin embargo, no encontraron la clave de ese silenciamiento hasta que ya se encontraban establecidos en sus respectivos laboratorios.

secuenciación ADN
Todas las células tienen el mismo ADN pero no se expresa por igual.

Ambros, en la Universidad de Harvard, descubrió que a partir de lin-4 se generaba un fragmento muy curioso de ARN. Era más corto de lo habitual y, además, no contenía ningún código para la síntesis de proteínas. ¿Pero qué quería decir esto?

Para entenderlo, debemos saber cómo se utilizan los genes. Hemos visto que son como nuestro libro de instrucciones. Sin embargo, nuestras células no saben leer el ADN. Para que lleven a cabo los distintos comandos que nos convierten en quienes somos y nos hacen funcionar necesitan proteínas. Esas proteínas las fabrican unos orgánicos llamados ribosomas que solo pueden leer ARN. Por eso, el ADN de los genes se transcribe a unas moléculas de ARN conocidas como ARN mensajero. Básicamente, lo que se hace es cambiar el mensaje a un idioma que los ribosomas puedan leer. Y todo eso ocurre, por supuesto, cuando se enciende el gen.

¿Por qué han ganado el premio Nobel de Medicina?

Ese ARN que descubrió Ambros era llamativo porque no tenía las instrucciones para la síntesis de ninguna proteína. No era ARN mensajero. ¿Pero entonces qué era?

premio nobel de medicina
(A) C. elegans es un organismo modelo útil para entender cómo se desarrollan los diferentes tipos de células. (B) Ambros y Ruvkun estudiaron los mutantes lin-4 y lin-14. Ambros había demostrado que la lin-4 parecía ser un regulador negativo de la lin-14. (C) Ambros descubrió que el gen lin-4 codificaba un pequeño ARN, microARN, que no codificaba para una proteína. Ruvkun clonó el gen lin-14, y los dos científicos se dieron cuenta de que la secuencia de microARN de lin-4 coincidía con una secuencia complementaria en el ARNm de lin-14. Crédito: El Comité Nobel de Fisiología o Medicina. Ill. Mattias Karlén

Ambros se puso en contacto con Ruvkun, quien en ese momento estaba haciendo lo propio con lin-14 en su laboratorio del Hospital General de Massachusetts. Había observado que el silenciamiento de lin-14 no tenía nada que ver con su ARN mensajero, sino con alguna molécula que estaba interfiriendo directamente sobre la síntesis de proteínas. Cuando pusieron sus trabajos en común descubierto que, efectivamente, era esa pequeña molécula de ARN la que estaba apagando el gen. Acababan de descubrir el microARN y su papel en la regulación de la expresión de genes.

Obviamente este fue un hallazgo interesante porque nos ayudó a entender mejor cómo funciona el ADN en nuestras células. Pero también porque dotaba a los científicos de un interruptor magnífico para encender y apagar genes a su antojo. Este hallazgo se ha utilizado muchísimo en investigación para entender mejor el funcionamiento de ciertos genes. Pero también puede ayudar a entender los mecanismos de enfermedades como la diabetes o el cáncer. Y, a su vez, arrojar información sobre posibles tratamientos. Estos son los motivos por los que Ambros y Ruvkun han sido merecedores del premio Nobel de Medicina.

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El descubrimiento seminal de los microARN fue inesperado y reveló una nueva dimensión de la regulación génica. Crédito: El Comité Nobel de Fisiología o Medicina. Ill. Mattias Karlén

Mujeres galardonadas

Desde que empezó a celebrarse en 1901, han ganado el premio Nobel de medicina un total de 13 mujeres. La primera, Gerty Cori, se hizo con el premio en 1947. Hizo falta casi medio siglo para que una mujer obtuviese el galardón. Desde entonces han sido muchas las que lo han merecido y muy pocas las que lo han conseguido.

Por eso, el premio Nobel de medicina de hoy, aunque es más que merecido, nos vuelve a dejar con ese mal sabor de boca por lo que pudo ser y no fue. Por todas las mujeres que lo merecen y siguen sin hacerse con él.