El síndrome de Estocolmo fue definido por el psiquiatra sueco Nils Bejerot como: la condición mental en la que los rehenes forman una relación cercana con sus secuestradores, identificándose con ellos e incluso defendiéndolos de la policía o del sistema legal. Ideó este diagnóstico luego de un asalto a un banco en la capital de Suecia en 1973. Le parecía que Kristin Enmark, una cajera del banco convertida en rehén, se había enamorado de su secuestrador. La verdad resultaría mucho más complicada que esa primera impresión.

Desde entonces, el síndrome de Estocolmo se usa para describir casualmente el hecho de desarrollar un vínculo afectivo con alguien que te trata mal. Por ejemplo, cuando se revela que un hombre golpea rutinariamente a su esposa, además de tratarla terrible el resto del tiempo, y la víctima del abuso sale a defenderlo frente a los vecinos o la policía, se dice que sufre del famoso síndrome.

Es bastante común que un descubrimiento científico se malinterprete, convirtiéndose en una herramienta retórica para darle apariencia científica a un argumento. Como sucede actualmente con el mito de que el cerebro se termina de desarrollar a los 25 años. Por lo que toda persona que todavía no haya alcanzado esa edad debe ser considerado un niño. En el caso del síndrome de Estocolmo, ni siquiera se trata de un descubrimiento científico. Ya que el origen del concepto se basa en un perturbador malentendido.

Un asalto a un banco dio origen al supuesto síndrome.

El robo a un banco que comenzó todo

Jan-Erik Olson entró a un banco en la capital de Suecia cargando una metralleta, el 23 de agosto de 1973. Procedería a tomar cuatro rehenes (tres mujeres y un hombre) y a exigir lo clásico: mucho dinero, dos pistolas, chalecos antibalas y medios para escapar. Al final agregó lo más importante, exigía que sacaran de la cárcel al criminal Clark Olofsson (famoso por escapar de prisión en múltiples ocasiones) y lo trajeran al banco. La policía cometería su primer grave error, ya que asumieron que estaban lidiando con un bandido prófugo, conocido por asesinar rehenes. Por eso hicieron lo que pedía (exceptuando los medios para escapar, obviamente) y desde ese momento Olofsson, más experimentado y carismático, se convertiría en la estrella del show.

Al psiquiatra de la policía, Nils Bejerot, se le ocurrió traer al hermano del criminal que suponían que estaba asaltando el banco. El joven de 17 años entró al lugar acompañado por el psiquiatra, solo para ser recibido por una ráfaga de disparos. En ese momento la policía se dio cuenta de que estaban lidiando con otra persona. Jan-Erik Olson era un ladrón de poca monta que no ameritaba tanto escándalo. Pero ya era muy tarde, le habían concedido su deseo y ahora contaba con un bandido experimentado de su lado.

La confrontación entre la policía y los secuestradores duraría seis días. Durante los cuales la policía intentaría infiltrarse en el banco. Los secuestradores movieron a los rehenes a la bóveda, por lo que la policía decidió bloquear la puerta. Al quedarse encerrados sin comida ni agua, Kristin Enmark, una de las rehenes, comenzó a creer que los policías eran una amenaza más grande para su vida que los secuestradores. Mientras tanto, Clark Olofsson trabajaba por ganarse su confianza, prometiéndole que la protegería y exigiendo comida a las autoridades, además de un teléfono para que los rehenes pudieran hablar con sus familias.

Clark Olofsson y Kristin Enmark.

A través de ese teléfono, Kristin sería la elegida para negociar con el primer ministro de Suecia. El escándalo había llegado a tal nivel que dos tercios de la población estaban pegados a sus televisores viendo el reporte en vivo. La mujer le exigió al líder del país que por favor le diera a los bandidos lo que pedían, él respondió que eso no iba a ser posible. Para ese momento, Kristin estaba mucho más frustrada con la policía y demás autoridades que con los secuestradores. Ya que de los primeros solo veía incompetencia y hostilidad, mientras que ya había pasado días conociendo a fondo a sus captores. Al final la policía taladró un agujero en el techo de la bóveda, por el cual lanzaron gas lacrimógeno. Fueron forzados a salir de su escondite y los bandidos fueron capturados sin que nadie saliera herido.

La verdad sobre el síndrome de Estocolmo

El comportamiento de los rehenes posterior a lo sucedido fue lo que llevó al psiquiatra de la policía, Nils Bejerot, a inventar el término. Ya que no podía explicarse cómo es que Kristin y los demás eran tan hostiles, criticándolo a él personalmente, a la policía y hasta al primer ministro, mientras que solo tenían palabras agradables y elogios por el buen trato para los secuestradores. La única explicación es que las mujeres habían desarrollado una nueva patología por la cual se enamoraron perdidamente de los bandidos. Pero la realidad es que Bejerot nunca se molestó en hablar con ninguno de los rehenes, realizó su diagnóstico a distancia. No parece coincidencia que el diagnóstico surgió luego de que una de las rehenes cuestionara fuertemente el criterio del psiquiatra.

Es completamente absurdo referirse a las actitudes que tomó Kristin Enmark, durante y después del robo del banco, con el nombre de “síndrome”. Porque muchos psicólogos han concluido desde entonces que formar un vínculo con tu secuestrador es un simple mecanismo de defensa. Es decir, es un comportamiento racional cuando te enfrentas a una situación en la que esa persona puede causar tu muerte en cualquier momento. Todo este tiempo, el término síndrome de Estocolmo es una forma errada de referirse al simple instinto de supervivencia.

La palabra “síndrome” sugiere una enfermedad mental, un comportamiento sin sentido propio de alguien fuera de sus cabales. De hecho, el síndrome de Estocolmo no es reconocido como una enfermedad mental. Si no un término utilizado principalmente por los medios de comunicación. Pocos profesionales de la salud mental se lo toman en serio. Como vimos, también depende del desempeño de la policía, ya que los rehenes pueden percibir que, si las autoridades hacen mal su trabajo, resultan más peligrosas para su supervivencia que los secuestradores.

Jan-Erik Olsson siendo escoltado fuera del banco por la policía.

Han existido otros casos similares que frecuentemente son usados de ejemplo de la existencia del síndrome de Estocolmo. Siendo el más famoso el de Patty Hearst. Una heredera de una fortuna multimillonaria quien en 1974 fue secuestrada por un grupo terrorista y a los meses se negó a ser rescatada, convirtiéndose en miembro de la organización. Luego de robar bancos y ser arrestada, se excusó en la corte diciendo que sufría de síndrome de Estocolmo. Su excusa fue ignorada y fue condenada a siete años de cárcel.

Temiendo por su vida, Patty Hearst fue forzada a cometer actividades criminales, luego de muchas sesiones de adoctrinamiento. El cual es un escenario completamente distinto al de desarrollar un vínculo afectivo inconsciente con tu secuestrador.

En conclusión, el síndrome de Estocolmo es un término pseudocientífico que se refiere a un comportamiento muy particular que sucede durante situaciones de vida o muerte. En las que una persona realiza actividades que no haría normalmente para poder sobrevivir. No puede ser un síndrome porque no es aceptado como tal, no cuenta con una serie de síntomas característicos y apenas ha sido estudiado.