La baja natalidad es una cuestión que se va asentando cada vez en más países. Mientras que el promedio mundial está en 2,2 hijos por persona fértil, en países como España apenas se supera el 1. Paralelamente, cada vez son más las parejas o personas en solitario que deciden adoptar uno o varios perros. ¿Esto es casualidad o lo hacen realmente para rellenar el hueco que en otras circunstancias habrían ocupado los hijos?

Es una pregunta bastante discutida. Tanto, que incluso en España se ha acuñado un término para hacer referencia a esos perros que supuestamente vienen a sustituir a los hijos: los perrhijos. El propio papa Francisco habló de esta tendencia, señalando que, en cierto modo, nos quita humanidad.

Con el fin de comprobar si realmente los perrhijos son una respuesta a la baja natalidad, dos etólogas de la Universidad  Eötvös Loránd, en Hungría, han llevado a cabo un estudio en el que se revisa la literatura científica sobre este tema. Así, han llegado a la conclusión de que sí hay cierta relación entre estos fenómenos, pero que, en realidad, son pocas las personas que consideran a los perros un sustituto de los hijos que han decidido no tener. La cuestión es algo más compleja. Vamos a ver los motivos.

Los puntos calientes de la baja natalidad

Taiwán, Singapur y Corea del Sur son los países con menor tasa de natalidad del mundo. No obstante, la baja natalidad también es una norma en los países occidentales. Lo hemos visto en el caso de España, pero otros países europeos, como Italia y Polonia, están igualmente en una parte muy baja del ránking. Estados Unidos tampoco llega a los 2 hijos de media. Su tasa de natalidad es de alrededor de 1,6 hijos por mujer fértil, casi lo mismo que en Australia. 

¿Por qué tenemos cada vez menos hijos?

Esto ocurre por muchos motivos, aunque las autoras del estudio que se ha publicado recientemente apuntan sobre todo a dos. Por un lado, están los motivos económicos y laborales. Los sueldos bajos y las jornadas laborales extenuantes no dejan dinero ni tiempo para criar a un hijo como es debido. Al menos no, según la percepción de la mayoría de personas jóvenes que participaron en los estudios que se revisa en este trabajo. La segunda cuestión, en cambio, hace referencia al futuro de nuestro planeta. Hay muchas personas que no quieren traer hijos a un mundo que está siendo devorado por nosotros mismos. Un mundo cada vez más inhóspito por culpa del cambio climático y las guerras fruto de nuestro egoísmo.

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El coste económico de criar hijos es muy elevado para algunos bolsillos. Crédito: Freepik

En cambio, con los perros todo es distinto

Tener un perro requiere un gran desembolso económico, pero es cierto que no tanto como con un niño. Por ejemplo, en España se calcula que, de media, tener un hijo cuesta unos 335.000 euros desde que nace hasta su emancipación. En cambio, un perro cuesta una media de 1.205 euros anuales. Suponiendo que el perro esté con nosotros unos 15 años, serían poco más de 18.000 euros.

Por otro lado, ya que desgraciadamente su esperanza de vida es mucho menor que la de un ser humano, no nos preocupa tanto el mundo que les va a quedar. Quizás este sea el motivo por el que en muchos de esos países con baja natalidad entre un tercio y la mitad de los hogares tienen al menos un perro.

El mito de los perrhijos y la baja natalidad

En su estudio, estas dos etólogas comprobaron que la mayoría de personas tienen muy clara la diferencia entre tener hijos y perros. No intentan sustituir a los primeros por los segundos y reconocen que no les dan a sus mascotas el mismo trato que le darían a un bebé.

Aun así, las autoras del estudio señalan que con estos datos se observa que el deseo de amar que nos convierte en una especie social no es específico de especie. Los perros y los bebés no son excluyentes, se puede querer a ambos, pero cada uno en su nicho correspondiente. Lo que ha cambiado es que antiguamente los perros eran una herramienta. Perros pastores, perros para defender la casa, para salir a cazar… En la actualidad son amigos y compañeros de vida. Se convierten en objetivo de ese amor que tenemos los humanos para dar. Pero eso no quiere decir que estén sustituyendo el amor que hubiese estado destinado a los hijos.

Hay personas que tienen hijos y perros simultáneamente. De hecho es bueno. Hay muchos beneficios en que un niño se críe con un perro cerca. Por ejemplo, los niños aprenden desde muy pequeños sobre el compañerismo y la responsabilidad. Además, se refuerzan muchas de sus habilidades emocionales.

perros y niños
A los niños les viene bien criarse con perros en casa. Crédito: Freepik

Por otro lado, quienes deciden no tener hijos pueden elegir compartir su vida con perros, pero eso no significa necesariamente una sustitución. Son distintos tipos de amor. Lo que está claro es que, si bien no sustituyen a los hijos, para la mayoría de personas que comparten su vida con los perros estos se sitúan en su lista de mejores amigos. No podría ser de otra manera.