Donald Trump no puede disfrazar su interés por hacerse con Groenlandia de afán por liberar al pueblo Inuit de un dictador opresor. Eso quizás le valió con Venezuela. Aquí no le queda otra que reconocer su codicia por los recursos que ofrece este terreno helado que actualmente pertenece a Dinamarca. Y es que Groenlandia es un territorio muy interesante a nivel geológico, en el que se pueden encontrar multitud de materiales caros y difíciles de conseguir.
El geólogo de la Universidad de Londres Jonathan Paul acaba de hablar sobre ello en un artículo para The Conversation. Según ha explicado, Groenlandia ha experimentado los tres procesos geológicos principales que dan lugar a nuevos recursos naturales. Estos son la formación de montañas, el rifting y la actividad volcánica.
Gracias a todos ellos, en Groenlandia hay reservas de piedras preciosas, tierras raras y combustibles fósiles, entre otros recursos muy codiciados en diferentes ámbitos industriales. Curiosamente, algunos de estos materiales pueden empeorar el cambio climático, mientras que otros pueden apoyar el desarrollo de las fuentes de energía renovables. Por desgracia, obtenerlos, teniendo en cuenta que buena parte de ellos están sepultados bajo el hielo, supondría echar muchísima leña al fuego del cambio climático. ¿Vale la pena? Para la mayoría de expertos no. Habría que estudiarlo a conciencia; pero, por desgracia, sabemos bien que el cambio climático no es uno de los factores que Donald Trump tiene en cuenta a la hora de tomar decisiones. Y posiblemente la conciencia tampoco.
¿En qué consisten esos tres procesos que han tenido lugar en Groenlandia?
Muchos de los metales preciosos que hay en la Tierra llegaron a ella por dos vías. Por un lado, las condiciones extremas de presión y temperatura en las que se formó nuestro planeta provocaron que estos metales, presentes en el espacio, se fundieran y quedaran alojados en el núcleo. Por otro lado, algunos llegaron hasta la superficie terrestre mediante el impacto de meteoritos. Estos últimos suelen estar relativamente más accesibles. Los otros se encuentran a una profundidad tan elevada que es prácticamente imposible alcanzarlos.
Sin embargo, algunos procesos geológicos pueden ayudarlos a emerger hacia la superficie. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la formación de montañas. Cuando ocurre, se producen unas fuerzas de compresión que rompen la corteza y facilitan que algunos metales se alojen en las fallas y grietas que se originan. En Groenlandia hay grietas repletas de oro, rubíes y grafito, por ejemplo.

Pasa algo parecido con el rifting, un proceso de relajación y extensión de la corteza terrestre que también ha empujado algunos metales hacia cuencas sedimentarias relativamente más accesibles. Y sí, hablamos de acceso relativo, porque muchas de ellas están sepultadas bajo el hielo.
Finalmente, aunque el vulcanismo no es tan común en Groenlandia como en Islandia, también ha habido actividad volcánica que ha favorecido la formación de materias primas interesantes. Las tierras raras, un grupo de 17 elementos muy poco abundantes en la Tierra, pero con aplicaciones de lo más interesantes, están muy relacionadas con la formación de magma en los volcanes. De hecho, se han encontrado depósitos de algunas de estas tierras raras en yacimientos de magma de volcanes extintos. Por eso, dado que en Groenlandia sí que ha habido bastante actividad volcánica a lo largo de su historia, no es raro que también haya una cantidad considerable de tierras raras, como el niobio y el tántalo.
¿Para qué sirve todo esto y por qué le interesa tanto a personas como Donald Trump?
Toda esta actividad geológica de Groenlandia la convierte en una fuente innumerable de recursos. Las tierras raras, por ejemplo, son esenciales en el desarrollo de las turbinas de los parques eólicos y los imanes de los reactores nucleares. Se consideran recursos muy necesarios para ayudar a avanzar las fuentes de energía sostenibles. El grafito, por su parte, es crucial en la fabricación de baterías de litio. Los metales preciosos y las gemas, como el oro y los rubíes respectivamente, no necesitan presentación.
Por otro lado, Groenlandia tiene unas reservas importantes de hidrocarburos. Por lo tanto, contribuye también a las fuentes de energía basadas en combustibles fósiles. Se calcula que solo en la parte noreste de Groenlandia, hay unos 31.000 millones de barriles de equivalente petrolero en hidrocarburos. Es una cantidad similar a las reservas probadas de crudo en todo Estados Unidos. Eso, por razones obvias, también le interesa mucho a Donald Trump.

Esto no pinta bien...
Lo más terrorífico es que esta supone solo una quinta parte de la extensión total de Groenlandia. El resto está tan cubierto de hielo que no se puede acceder a su corteza, pero se espera que también haya grandes reservas de todos los materiales y sustancias mencionados. Por eso, si cae en manos de personas a las que les interesa más el dinero que el planeta, podrían buscar formas de intentar acceder a esos materiales, con consecuencias desastrosas.
Hace unos días mencionaba en otro artículo la novela Del Revés, de Julio Verne. En ella, unos magnates millonarios contratan a científicos para calcular una forma de desplazar el polo norte, de manera que se pueda derretir el hielo y acceder así a sus depósitos de hulla. En 1889, hace más de un siglo, Julio Verne denunciaba lo lejos que pueden llegar los poderosos con ansias de dinero. Por suerte, lo que describe en su libro no es posible como tal, pero el escritor francés fue un visionario en muchos sentidos. Puede que en este caso no haya acertado en los métodos, pero sí en la desesperación de unos pocos por explotar los recursos escasos del planeta a toda costa, sin pensar en el verdadero precio que eso supone.
