Si bien parece que ya estamos en descenso, tras pasar el pico de la ola de gripe a finales de diciembre, seguimos en plena época de virus respiratorios. Este año la gripe llegó pisando fuerte, con un aumento de casos algo prematuro, teniendo en cuenta temporadas anteriores. Aunque hay varios motivos que pueden explicar este suceso, la llegada de la variante K, que esquiva más fácilmente a las vacunas, es uno de los principales. Con esta variante o sin ella, está claro que el invierno es una temporada muy propicia para estos virus, no solo porque se replican mejor a temperaturas bajas y se encuentran más confortables en vías respiratorias irritadas. También es una época de proliferación de virus respiratorios porque pasamos mucho tiempo en interiores, de modo que se facilitan los contagios. Ahora bien, ¿y si pudieses pasar varios días rodeado de personas con gripe y no te contagiaras?
Esto puede parecer imposible, pero es justamente lo que ha pasado con dos experimentos llevados a cabo por científicos de la Universidad de Maryland y la Facultad de Medicina de Baltimore. En ambas ocasiones, hicieron convivir durante dos semanas a 5 estudiantes con gripe y 11 personas sanas de mediana edad. Pasado este tiempo, ninguna de las personas sanas había enfermado.
Este no es un experimento para demostrar la eficacia de ningún fármaco o vacuna. De hecho, no se tuvo en cuenta si los voluntarios sanos estaban vacunados a la hora de reclutarlos. Simplemente, se quería comprobar cuáles son las medidas más importantes para evitar la transmisión de la gripe. Lo que vieron es incluso más sencillo de lo que podríamos llegar a pensar. Como muestra, ni uno solo de los voluntarios se contagió.
¿En qué consistió este experimento?
En realidad, fueron dos experimentos, que se realizaron en 2023 y 2024. Todos ellos se llevaron a cabo en un hotel de cuarentena, en el que se reservó una planta entera para esta investigación. Aunque cada participante tenía su habitación, se les instó a pasar tiempo juntos en las dos semanas que duraría el experimento. Se organizaron actividades como yoga, baile o, directamente, tiempo libre para charlar entre ellos.
Además, tenían que compartir objetos, como un bolígrafo, una tablet y un micrófono. No había una ventilación perfecta, pero sí que se utilizó un método para recircular el aire, empleando un calefactor y un humidificador.

Pasadas las dos semanas, ninguno de los participantes que empezaron el experimento sanos habían contraído la gripe en ningún momento. A lo largo del experimento algunos manifestaron síntomas leves durante muy poco tiempo. Incluso se detectaron anticuerpos en sangre en las muestras que se les fueron tomando regularmente. Sin embargo, los virus no llegaron a proliferar y causarles una infección.
Esto es altamente llamativo, pero los científicos que han llevado a cabo el estudio tienen una explicación.
¿Por qué no contrajeron la gripe los voluntarios?
Los autores del estudio creen que hay tres motivos por los que los voluntarios no contrajeron la gripe. El primero es que los pacientes con el virus apenas tosían. Es cierto que pueden pasar partículas virales al aire en microgotas cuando hablamos, respiramos o reímos; pero, según este estudio, la tos es determinante.
Por otro lado, la purificación del aire parece ser clave. A pesar de que las habitaciones no estaban perfectamente ventiladas, la purificación de ese aire interior fue suficiente para limpiar las pocas partículas virales que pasaban al aire durante las conversaciones o la simple respiración de los voluntarios con gripe.
Finalmente, parece ser que la edad de los voluntarios sanos también es importante. Los pacientes con gripe tenían una edad media de 21 años, mientras que los sanos tenían una edad media de 36. Al haber vivido más tiempo, es posible que en su organismo se produjese inmunidad cruzada a causa de las vacunaciones e infecciones que han recibido a lo largo de toda su vida. No tienen anticuerpos específicos para el virus que tenían sus acompañantes del experimento, pero sí contra otros virus muy parecidos. Suficiente para combatir las pocas partículas virales que intentasen invadir su sistema respiratorio.
¿Qué debemos hacer entonces para evitar contagios en interiores?
Los autores del estudio recomiendan el uso de purificadores de aire en interiores. Por otro lado, si bien en este caso solo la mitad de los individuos sanos usaron viseras faciales y aun así ninguno se contagió, el uso de mascarillas sigue siendo recomendable. En este caso los voluntarios con gripe apenas tosieron, pero si alguien enfermo tose cerca de nosotros, la mascarilla sería esencial. Además, si vamos a tener un contacto continuado y cercano, incluso sin toses, la mascarilla sigue siendo muy necesaria.

Lo que demuestra este estudio es que la edad, la purificación del aire y la tos son factores que deberíamos tener más en cuenta. Por lo demás, no desaconseja las medidas que ya existen. Se trata de añadir más medidas de protección, no de eliminar las que también sabemos que funcionan.
Por cierto, ahora que sabes esto, recuerda la importancia de toser o estornudar en el interior del codo. Puedes evitar muchos más contagios de los que piensas en las personas que te rodean.
