Un científico, profesor de Ciencias Vegetales en la Universidad de Colonia (Alemania), ha publicado un artículo en Nature contando su desagradable caso con la Inteligencia Artificial (IA). Marcel Bucher cuenta que acogió las aplicaciones de ChatGPT con los brazos abiertos. Lo utilizaba para todo. Sin embargo, una decisión equivocada de un solo segundo le hizo perder el trabajo de dos años.

Ni siquiera OpenAI ha logrado darle una solución. Su trabajo se ha perdido, no hay marcha atrás. Ante la situación, ha querido contar su caso para que otras personas no pasen por lo que él está pasando. Sin embargo, su historia no ha sido acogida con demasiada empatía en las redes sociales.

Muchos usuarios le culpan de haber evadido su trabajo a través de la IA y de, en cierto modo, haber recibido lo que se merecía. La polémica, como con tantas cuestiones relacionadas con Inteligencia Artificial, está servida. 

¿Qué le ocurrió a Marcel Bucher con ChatGPT?

Tras probar las opciones gratuitas y sentirse bastante atraído por ellas, Bucher decidió suscribirse al plan ChatGPTPlus de Open AI, con el fin de usar esta IA como asistente personal. Desde entonces, el bot se encargaba de escribir correos electrónicos, redactar descripciones de cursos, estructurar solicitudes de subvenciones, revisar publicaciones, preparar conferencias, crear exámenes y analizar las respuestas de los estudiantes. Incluso cuenta que comenzó a utilizarlo como herramienta interactiva durante sus clases en la Universidad. 

Para él, este tipo de algoritmos son todo ventajas: rápidos, flexibles y, lo mejor de todo, siempre accesibles. Al usar esta versión de pago, recordaba el contexto de sus conversaciones anteriores, por lo que era casi como tener un asistente humano. Incluso podía darle acceso a borradores anteriores para seguir trabajando en ellos.

IA
Al final su relación con la IA acabó saliendo mal. Crédito: Freepik

Todo iba maravillosamente bien hasta que, un día, se preguntó cuáles estarían siendo las consecuencias de proporcionar todos sus datos a OpenAI. Con el fin de comprobar si podía seguir trabajando con la misma eficacia sin ceder esos datos, decidió desactivar temporalmente la opción de Consentimiento de Datos. Solo quería ver si todas las funciones de ChatGPT se mantenían, pero lo que no esperaba ni remotamente es lo que ocurrió después. Apenas había terminado de hacer clic cuando todo su trabajo de los dos últimos años desapareció. Sin una advertencia. Ya no había nada. Si OpenAI no tenía permiso para acceder a sus datos, todo lo que había hecho proporcionando datos en el pasado desaparecía. Y era mucho lo que había hecho de esa forma. 

¿Pudo solucionarlo?

Lógicamente, Bucher entró en pánico al ver todas las carpetas de sus proyectos borradas. Inicialmente pensó que debería haber una solución. Probó diferentes navegadores, dispositivos y redes. Borró la caché, reinstaló la app e incluso cambió la configuración una y otra vez. Pero todo siguió igual.

Rápidamente contactó con OpenAI. Le costó mucha insistencia hablar con un ser humano, pues en un inicio solo había un bot de IA dispuestos a ayudarle. No había quedado muy contento con el trato de la Inteligencia Artificial, necesitaba la intervención de otra persona. Cuando por fin consiguió hablar con un trabajador de la compañía, la respuesta fue la misma. Su trabajo había desaparecido.

OpenAI navegador web

En su artículo, Bucher lamenta que su caso le ha servido para comprobar que este tipo de estas herramientas “no se desarrollaron teniendo en cuenta los estándares académicos de fiabilidad y rendición de cuentas”. Él pensaba que pagando 20 euros al mes por su suscripción a ChatGPT Plus al menos tendría derecho a la protección de sus datos. Pero el problema fue justamente ese. Sus datos estaban protegidos. Lo que se perdió fue el trabajo que ChatGPT había hecho a partir de sus datos. 

Nature se puso en contacto con OpenAI, quienes reconocieron todo lo expuesto por  Bucher, aunque sí que quisieron aclarar que se añade una pantalla de confirmación una vez que alguien solicita retirar el Consentimiento de Datos. Una de esas pantallas de confirmación que nos preguntan si estamos seguros de lo que vamos a hacer y que nunca leemos. Un solo clic que puede acabar con el trabajo de dos años. Para Bucher ha sido todo un drama, pero posiblemente le sirva para darse cuenta de que, por muy lento que trabaje o muchos errores que cometa, siempre se puede dialogar con un humano sobre sus decisiones. La IA es absolutamente tajante con ellas. ¿Vale la pena correr el riesgo?