Apenas quedan unas semanas para el próximo viaje de Artemis, el programa espacial con el que los humanos volverán a la Luna. Pero esta vez será con mucha más preparación. Si se ha tardado más de 50 años en volver ha sido precisamente porque se querían mejorar los conocimientos disponibles sobre la Luna y los viajes espaciales, para que las próximas incursiones fuesen más seguras. En este primer paso de vuelta, los astronautas no pisarán la Luna, pero sí llegarán hasta su órbita. Una vez allí, pondrán en marcha AVATAR (A Virtual Astronaut Tissue Analog Response), un experimento diseñado justamente para facilitar aún más la tarea de los astronautas que viajan después de ellos a nuestro satélite.
Y es que es muy importante tener en cuenta que los niveles de radiación en la Luna serán muy elevados. En todo este tiempo se han hecho muchos estudios sobre los efectos de la radiación cósmica sobre el ser humano. El problema es que se han llevado a cabo en la Estación Espacial Internacional y, por su ubicación, las radiaciones cósmicas no son tan peligrosas como en la Luna. Lo ideal es estudiar estos efectos in situ, pero sin poner en peligro a nadie.
Ahí es donde entra en juego AVATAR, un grupo de astronautas virtuales, copiados de cada uno de los astronautas que viajarán a la Luna en este nuevo paso de Artemis. Vale, todo suena demasiado a ciencia ficción, así que será mejor que veamos en qué consiste exactamente.
AVATAR, el astronauta virtual que también formará parte de Artemis
Los cuatro astronautas que viajarán a la Luna como parte de Artemis II, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, han proporcionado células madre de su médula ósea, que se han cultivado en un chip del tamaño de una memoria USB. Por cada uno de ellos, viajará una médula ósea artificial que sí se expondrá a las condiciones lunares, mientras que ellos siguen protegidos en la nave que orbitará la Luna.
Así, cuando vuelvan, se les tomarán nuevas células de la médula ósea y se analizarán en busca de posibles mutaciones, que se compararán con las sufridas por AVATAR. La médula ósea es uno de los órganos que más pueden sufrir los efectos de las radiaciones cósmicas. Con este experimento se espera saber la magnitud de dichos efectos, de modo que, en un futuro, cuando haya más misiones a la Luna e incluso se construyan bases en ella, se puedan utilizar protecciones adecuadas o emplear los mejores fármacos para tratar los daños.
No es la primera vez que se mandan células cultivadas al espacio. Sin embargo, sí es la primera vez que se hace más allá de la Estación Espacial Internacional y con este gran nivel de personalización. Un astronauta virtual por cada astronauta real que viajará a la Luna.

¿Qué más se puede hacer?
Si AVATAR funciona adecuadamente, se podría hacer lo mismo con otros tejidos. Las células madre se pueden programar para obtener cualquier tipo celular. Se podrían obtener células del corazón, el hígado o los riñones, por ejemplo. Así, se vería cómo influyen las radiaciones sobre estos órganos sin necesidad de exponer ni a humanos ni a animales de laboratorio. Es un experimento ético, seguro y con mucho potencial para poder ampliarse.
Además, al ser tan personalizado, se podrían enviar primero los astronautas virtuales y, después, crear kits médicos personalizados para que cada astronauta los lleve en su viaje personal al espacio. Las radiaciones cósmicas no son buenas para nadie, pero puede ser que a cada persona le afecten de un modo diferente. Gracias a esto podremos saberlo con mucha más seguridad.
