Unity, GNOME, KDE (Plasma), Pantheon, Mate, Cinnamon… Nos referimos a ellos como entornos de escritorio, un conjunto de aplicaciones que nos proporcionan una experiencia de usuario determinada. Cada uno de ellos nos ofrece una distinta forma de hacer lo mismo, utilizando herramientas diferentes para ello y gastando una cantidad de recursos determinada. Muchos de los que llevamos un tiempo en Linux hemos probado una gran parte de los entornos de escritorio que desarrolla la comunidad, sobre todo los que vamos saltando de una distribución a otra para probar esas nuevas características que acaba de implementar X distro. Ya sea cambiando de distro o instalando nuevos entornos en la misma, se nota que nos encanta la variedad.

En mi caso concreto, primero suelo probar los entornos de escritorio en una máquina virtual y si me gustan lo suficiente, los suelo instalar en mi distro. Sin embargo, hace poco llegué a un punto muerto en lo que a entornos de escritorio se refiere, me explico. Gnome es un entorno que me encanta, pero sus aplicaciones comparadas con las de KDE tienen menos funcionalidades. Por la otra parte, si quiero que KDE Plasma 4 se vea bien para mí tengo que modificarlo mucho y el resultado me sigue sin convencer del todo. También puedo esperar a que Plasma 5 sea lo suficiente estable, pero no lo es y aún les queda por portar aplicaciones. Si hablamos de Pantheon, aparte de funcionar solo en distros basadas en Ubuntu, no salen las capturas de pantalla bien con los drivers propietarios de AMD, así que no me sirve para trabajar si también quiero jugar en Steam.

Como los demás entornos de escritorio no me llamaban suficientemente la atención decidí investigar si tenía más opciones y así descubrí los llamados window managers.

¿Qué es un window manager?

Un entorno de escritorio se compone de multitud de aplicaciones que se encargan de diversas tareas (además de tener también un window manager), mientras que un window manager, a secas, se encarga simplemente de organizar las ventanas. Es un cambio drástico porque pasamos de entornos complejos al minimalismo más absoluto. Lo bueno de los WM es lo ligeros que son y la libertad que nos ofrecen, pues la mayoría son tremendamente configurables editando solo un archivo de texto. En los entornos de escritorio convencionales, siempre acabo pensando ojalá este entorno hiciera lo que tiene tal entorno, en un window manager simplemente podemos añadirle esa función en el archivo de texto para que lo haga.

Hay muchos tipos de window manager, cada uno con sus funciones específicas. Normalmente cuando hablamos de window managers nos referimos a los que se suelen usar en solitario, pero también se pueden integrar en entornos de escritorio si lo deseamos. En KDE, Unity o GNOME, cuando arrastramos las ventanas al borde de la pantalla se redimensionan, ideal para la multitarea. Ahora imaginad, que cada aplicación que abrimos se redimensiona en la pantalla automáticamente y que con simples atajos de teclado se cambian de tamaño o se ordenan a nuestro antojo, eso es lo que hacen muchos window manager. Olvidaos de usar el ratón, pues no lo necesitaréis con ellos.

Como una imagen vale más que mil palabras, os he mostrado un vídeo de i3 WM, el window manager por el que me he decantado últimamente, muy fácil de usar y configurar. Si estuvisteis atentos a las imágenes del día que solemos publicar, seguro que también visteis cuando os enseñé mi WM anterior, llamado Awesome. También os digo que no recomendaría un window manager a un principiante en Linux. Pero si os sentís aventureros y queréis saborear la velocidad de la productividad pura y dura, os los recomiendo encarecidamente. Mi PC de momento, se va a quedar con i3wm.