El cronotipo es un atributo de los seres humanos, que indica a qué hora del día sus funciones físicas cambian o se activan. Esto se refiere no sólo a nuestras habilidades cognitivas, sino a funciones básicas como alimentación, sueño, temperatura corporal. Tradicionalmente, es al cronotipo a lo que nos referimos cuando decimos que alguien es una “persona matutina” o “nocturna”. En términos de cronotipo, se habla de “alondras” y “búhos”, esto es, respectivamente, personas que funcionan mejor temprano en la mañana, y personas que se despiertan tarde y se van a dormir muy entrada la noche. También existen personas intermedias, llamadas “colibríes”.

Identifica cuáles son tus ritmos circadianos para ser capaz de aprovecharlos adecuadamente.

Dependiendo de si estás más alerta temprano en la mañana, o de si tu cuerpo y tu mente se activan tarde en la noche y prefieres irte a dormir a las mil, por lo general necesitarás la misma cantidad de sueño (de siete a ocho horas) y tendrás un pico de actividad máxima de alrededor de dos horas de duración. Lo importante de identificar cuáles son tus ritmos circadianos es ser capaz de aprovecharlos adecuadamente, en vez de intentar forzar tu manera de trabajar para ir en contra de la naturaleza de tu cuerpo, lo que terminará consumiendo muchísima más energía y resultando contraproductivo.

Científicamente, estudios han determinado que el cronotipo se encuentra influido por un gen llamado Período-3, que tiene dos versiones: una larga (la que poseen las “alondras”) y una corta (la que presentan los “búhos”). Esto significa que, si bien es cierto que tus ciclos circadianos pueden variar a lo largo de tu vida (por ejemplo, las personas tienden a ser más nocturnas hacia la adolescencia y más diurnas hacia la edad madura), existe una predisposición genética hacia ciertos cronotipos.

tiempo productivo
Swatch Irony angle below” by BookswormOwn work. Licensed under CC BY 2.5 via Wikimedia Commons.

Haz un mapa de energía para averiguar tu tiempo más productivo

A pesar de que frecuentemente creemos que pertenecemos a un determinado tipo, en ocasiones no estamos en lo correcto y no nos damos cuenta hasta que hemos hecho un mapa de energía o algún mecanismo similar que nos ayude a determinar, de manera objetiva, cuál es nuestro mejor momento del día.

La manera de elaborar un mapa de energía consiste en crear una tabla (por ejemplo, en una hoja de cálculo o en un calendario) que posea columnas para cada día y filas para cada incremento de quince minutos o media hora. A medida que pase el día, debes ir anotando qué labor estás llevando a cabo, y un número del 1 al 10 para determinar qué tan productivo estás siendo.

Haz tu trabajo más importante en tus horas más productivas.

Luego de unas semanas midiendo esta información, tendrás suficiente información para observar cuáles momentos de tu semana son los más productivos, sencillamente viendo cuáles filas tienen los números más altos de manera reiterada.

Una vez determinado cuál es tu mejor bloque de tiempo, la decisión es obvia: haz tu trabajo más importante en tus horas más productivas. Esto significa también, por supuesto, no desperdiciar tus mejores horas en actividades de baja energía, como ordenar papeles, contestar correos electrónicos u organizar tu agenda. En especial, nunca fijes reuniones durante tu bloque de tiempo productivo, porque al hacerlo habrás desperdiciado la mayor parte de la energía de ese día y, en consecuencia, prácticamente habrás perdido la jornada entera.

Si bien no todos podemos tener un control absoluto sobre nuestros horarios de trabajo (y si pudiéramos, muchos tomaríamos una siesta a mitad del día), sí podemos con frecuencia decidir en qué momento hacer ciertas tareas. Durante tus dos mejores horas, lleva a cabo las labores que requieran mayor capacidad de concentración, análisis y exigencia mental. Deja para las horas con menor puntuación las labores menores, de trámite, y asegúrate de respetar los ciclos de tu cuerpo. Aunque no lo creas, esto puede significar un cambio radical en tus niveles de productividad.