Uno de los mayores avances de los últimos años en tecnología móvil ha llegado de la mano de la tecnología de pantallas. Y en ese sentido 2010 fue un año clave. En primer lugar Apple lanzó la primera pantalla Retina junto al por aquel entonces novedoso iPhone 4. Ese panel supuso un grandísimo avance en la tecnología IPS, y dejó muy mal parado al del iPhone 3GS, por contraste, brillo y sobre todo, resolución. Aunque fue lo más importante en términos de marketing, compartió relevancia con la llegada al mercado de otra tecnología, la famosa tecnología de pantallas SuperAMOLED de Samsung.

La tecnología SuperAMOLED es el mejor ejemplo de la mejoría de Samsung como empresa desde 2010 Y es que hasta el lanzamiento del Samsung Wave y del Samsung Galaxy S i9000 existían paneles AMOLED, como los de la HTC Desire o el Nexus One, pero a partir de los modelos de Samsung comenzó un camino que dura hasta nuestros días. Aunque era una tecnología demasiado prematura aún, ya contaba con dos de sus grandes características: un nivel de negros perfecto (debido a que los pixeles de ese color no necesitan iluminación) y una saturación de colores muy vistosa (aunque en esos tiempos era demasiado exagerado) frente a unos tonos demasiado apagados de las IPS. Como puntos negativos, ofrecía un balance de blancos muy frío, lo que hacía que el blanco fuese muy azulado, y el brillo era ínfimo, lo que producía una visibilidad nefasta en exteriores. Además, debido a la baja densidad de aquellas pantallas, la matrix PenTile era muy visible aún, y su avance es lo que se observa en las dos fotos al microscopio (vía Reddit) que os presentamos:

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En el primer cuadro vemos la matriz RGB del Samsung Galaxy S2, que Samsung llamó SuperAMOLED Plus, y que venía a significar que los tres subpíxeles eran del mismo tamaño y tenían el mismo dominio, a diferencia de la matrix que vemos a partir del Galaxy S3, donde hay 2 subpíxeles verdes por cada azul y rojo. Afortunadamente, el avance de la tecnología de pantallas SuperAMOLED es una realidad en nuestros días, hasta llegar a contar con la mejor pantalla del mercado para Displaymate, la del Samsung Galaxy Note 4, que sigue la matrix en diamante estrenada con el Galaxy S4. Y es que en las últimas pantallas, la densidad ya no es un problema ni incluso a nivel de subpíxeles. Los retos siguen siendo mejorar aún más la eficiencia y asegurar la durabilidad, ya que estos paneles son propensos a producir burn-in, esto es, retención de imágenes.

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