Normalmente perder un iPhone no es de por sí motivo para una historia pero en esta ocasión, la pérdida que os voy a contar casi se convirtió en una odisea. Kevin Whitney es un granjero de Oklahoma dueño de un iPhone que, como muchos otros, tuvo la mala fortuna de perder su smartphone. Y lo perdió de una forma bastante ridícula o cómica, no sé como catalogarlo. En octubre del año pasado, de forma accidental mientras trabajaba dejó caer su iPhone en un pozo de grano y vio como este desaparecía en un recipiente lleno de más de 125.000 kg de grano.

Kevin lo dio por perdido, y quedó bastante fastidiado no solo por perder su iPhone sino por todo el contenido personal que iba dentro. Lo increíble de la historia viene ahora ya que, nueve meses después del fatal accidente, y ya casi sin acordarse de él Whitney recibió una llamada de un trabajador de grano, ¡de Japón!, preguntándole si estaba «Kevin Whitney» y si, por alguna casualidad, no había perdido un iPhone entre 2 millones de toneladas de grano.

Es una locura, la verdad es que no puedo creerlo. Lo que más me sorprende es lo pequeño que es realmente el mundo y lo que más me alegra de conseguir el teléfono de nuevo es recuperar todo el contenido personal que había en él cuando lo perdí.

El viaje del iPhone hasta llegar a Japón fue toda una odisea. Desde la ciudad natal de Whitney, Chickasha, el grano se movió a otra instalación en Inola, Oklahoma. Desde allí viajó por el río Arkansas, y luego por el río Mississippi en barcazas hasta llegar a Covent, Louisiana, donde finalmente fue cargado en un barco y llevado, pasando por el canal de Panamá hasta Kashima, Japón. Lo mejor de todo es que el teléfono estaba impoluto cuando Whitney lo recibió de vuelta, y seguía funcionando a la perfección, con todo el contenido que había en él guardado. Curioso cuando menos.