Nokia Opinion

Hasta siempre, Nokia

Por 25/04/14 - 13:18

La unión de Microsoft y Nokia ya se ha consumado. Desde hoy, 25 de abril, Nokia pasa a manos de la compañía de Redmond. Repasamos lo vivido con Nokia.

Hasta siempre, Nokia

Oscar Wilde dijo: “A veces nos pasamos años sin vivir en absoluto, y de pronto nuestra vida entera se concentra en un solo instante”. Eso mismo ha tenido que sentir hoy la plantilla de Nokia. Tras haber arrasado con todos sus rivales durante años y pagar carísimo el no haberse adaptado a tiempo a la era de iOS y Android, se levantó. No es un asunto menor. En 2006, BenQ-Siemens, la marca que resultó de la compra de Siemens Mobile por parte de BenQ, quebró. De forma coetánea a Nokia, BlackBerry ha defraudado con BlackBerry 10. No hay público para ellos. Su cuota de mercado no alcanza el 1 %, en algunos países como España se ha situado por debajo del 0,1 %. No saber levantarse es peligrosísimo.

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No soy el más viejo del lugar. Precisamente por eso se me quedó grabada más honda la huella de Nokia durante mi adolescencia, cuando modelos como el Nokia N95, el 6600 o el 7610 eran productos completamente aspiracionales para mí. Y por eso me dolió especialmente ver que la calidad de sus productos bajaba de forma irremediable cuando además me llegó el turno de venderlos durante una época que pasé en Yoigo.

El final de la década pasada y principio de esta fue para Nokia, en una palabra, desastroso. En 2007, Apple puso una sábana encima del N95 como quien tapa la jaula del loro y a todo Nokia se le hizo de noche. Empezaron los tiempos duros para quien lo había sido todo en la industria. Ante el avance del iPhone y los primeros coletazos de un Android que eclosionó en 2010, la respuesta de Nokia era Symbian primero, y MeeGo después, el cual a mí personalmente me gustaba mucho pero no estaba aún para echarlo a los leones. Paradójicamente, tuvo mayor continuidad Symbian. Y Nokia, una vez más, lo pagó carísimo.

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Fuga del interés del público hacia otras marcas como Samsung, HTC o Apple (en esa época, hasta BlackBerry se apuntaba a la fiesta), pérdida de la confianza de las operadoras, caídas de los beneficios de hasta un 90 % interanual… En menos de un lustro mutó de bocado de gourmet a grosera flatulencia. En Casa Nokia todo eran malas noticias y peores augurios. Así que había que buscarse una pareja de baile con la que apretar los dientes y esforzarse de forma conjunta para que llegaran tiempos mejores. Esa pareja fue, desde 2011, Microsoft, quien acabaría marcando para siempre la historia de Nokia.

Nada más empezar el baile, la coreografía se diluyó. 2011 fue duro, pero 2012 fue peor. Nokia se ganó hasta una demanda de sus inversores, y la sensación de que de la mano de Microsoft únicamente se estaban dando palos de ciego con un final peor que incierto. Y de repente, 2013. En el Mobile World Congress de ese año, Nokia se sacó de la chistera el mejor gama baja de lo que restaría de año y uno de los mejores gama media del mercado. Unos meses atrás también logró hacerse un tímido hueco en la gama alta con el Lumia 920. La salsa tardó en ligar, pero Nokia ya olía a hecho.

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Y en septiembre de 2013, garrotazo. Se anunciaba que Microsoft iba a comprar Nokia por algo más de 7.000 millones de dólares. Los primeros presagios eran de dolor. Yo estaba entre ellos. Microsoft comprando a Nokia. Blasfemé como cuando probé el primer Huawei que llegó a España, y me sentí como cuando mi anterior novia me dijo “tenemos que hablar” o como cuando vi por primera vez los iconos de iOS 7: derrotado.

Al final, caímos en el melodrama con Nokia y Microsoft. Y no debía ser así.Sin embargo, en poco tiempo se ha demostrado que la situación tenía más ingredientes de épica genuina que de melodrama. Si queríamos asegurarnos de la longevidad de Nokia, lo más lógico era ver con buenos ojos el apoyo económico de un gigante tecnológico. Viendo los resultados de Nokia con Windows Phone, y que el mercado Android es acaparado con Samsung, era la combinación perfecta. Y Microsoft ya no es el taimado enemigo de otras épocas.

El Nokia World de 2013 fue una buena piedra de toque. Fue quizás el Nokia World más veraniego que se recuerda, a los 45ºC a la sombra de Abu Dhabi, con tensión baja, guiris en las calles y hasta seis romerías de Elop al armario donde guardaban sus novedades. Nokia leyó el pregón de las fiestas y a la postre hubo la mágica sensación de un baño a la luz de la luna. Pero como no hay verano perfecto, nos quedamos sin high-end de 5 pulgadas, y sobre todo, con la sensación de que estábamos ante el último Nokia World de la historia, y de que “la culpa” era de Microsoft.

Todo eso fue hace seis meses. Ahora es momento de dar una oportunidad a Microsoft. Hay motivos de sobra. Empezando con que toda la plantilla de Nokia se mantiene con la mudanza a Redmond (y plantilla equivale a talento), y terminando con que el responsable de hardware de Microsoft será Stephen Elop.

Por supuesto, también existe la posibilidad de que la Nokia que conocemos dure poco, pero al mismo tiempo será lo único que durará para siempre. También en nuestra memoria. Pero de momento, podremos continuar disfrutando de la Nokia de la ambición y el estilo desenfadado. Y ahora con Windows Phone 8.1 tengo aún más ganas de ver sus novedades. Pese a todo, también siento que hay algo que perdemos, algo que se va. Incluso teniendo buenas expectativas. Siento que hay ambiente irremediable de despedida, aunque sólo sea un nuevo ciclo. Así que como considero que las despedidas siempre son mejores con una sonrisa, y un agradecimiento por todo lo vivido, ahí va una imagen en homenaje a un icono para quienes nos gusta este mundo. Algunos dicen que es un montaje humorístico y que no es cierto. Pero no les crean.

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