Hace casi un año, a finales de 2012, Google presentaba, sin el evento suspendido por el huracán Sandy, el Nexus 4. Y logró sorprendernos: estaba llamado a ser uno de los productos del año, al ser un gama alta a precio de gama media. También nos sorprendió el bajísimo número de unidades a la venta en España: se agotaron en 10 minutos. Pasaron las semanas y los meses y LG parecía tomarse con tranquilidad reponer stock. Pero es que en España el caso era sangrante. Mientras que Alemania, Francia o Reino Unido sí podían acceder al codiciado Nexus 4, España no. Y pasaba el tiempo y todo seguía igual.

Lo que no entendimos en un primer momento fue destapándose ante nuestros ojos: España no es un país prioritario para Google. No podía ser de otra manera. En un país en el que Android domina el mercado con un 90 % de cuota, y los smartphones tienen una penetración del 66 % (líder europea y casi mundial), Google sabe que no puede penetrar mucho más. Y si lo hace, no a costa de un terminal con un precio de derribo para potenciar la plataforma. Si a ello le sumamos la jugosa zanahoria que representan los países al norte de los Pirineos, la ecuación es clara: España es un terreno conquistado por Android y no hay más que hacer. Sencillamente, Google ignora a España.

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Apple no ha bajado su calidad, pero tampoco unos precios complicados para EspañaPor otra parte, Apple. En un país con un 27 % de paro y un ritmo de emprobrecimiento alarmante, los productos de la manzana, tan buenos como costosos, pierden fuelle a la fuerza. Apple ya ha dejado de ser la marca aspiracional por excelencia para muchos porque ya no pueden aspirar a tanto. Un iPhone de última generación costará lo mismo tras su presentación que once meses más tarde. Cualquier otro smartphone habrá bajado mucho su precio. Y en un país como España, el precio es demasiado decisivo. Si el lector recuerda aquel mapa de plataformas móviles hecho en base a los tweets enviados desde ellas, verá el agravio comparativo de Apple en España respecto a Francia, Reino Unido o Estados Unidos. Apple continuará teniendo presencia, pero no podrá imponer su ley como en los países anteriores. No tiene mucho más margen de crecimiento en España.

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Con una BlackBerry que ha hecho de equilibrista demasiado tiempo y está a punto de caer del alambre, la otra gran plataforma que queda en esta historia es Windows Phone. Y es que Nokia sabe bien que como en la economía y como en el fútbol, las clases baja y media son decisivas. Con once estrellas se ganan partidos, pero no ligas. Las ligas, las verdaderas victorias, se ganan con los guerreros que hacen el trabajo sucio, el que apenas destaca. Por eso el Nokia Lumia 520 es el dispositivo Windows Phone más vendido, y el éxito indiscutible de la gama baja de 2013.

2013 ha sido el año, entre otros, de Windows Phone. Y eso que aún queda que se libere GDR3. Los Nokia Lumia de estos últimos meses han logrado dar un giro a la opinión general de Windows Phone en muchos casos, entre los que me incluyo. Y con el escenario que he descrito en los cuatro párrafos anteriores, España es su gran oportunidad. Siendo francos, España está llena de Android, pero apostaría dinero a que una elevada mayoría, de gama baja. Y la gama baja de Android, siendo francos, no sirve de nada. Ok, la mayoría de sus propietarios tampoco le pedirán mucho más, pero es que hay otra forma de utilizar la tecnología, pese a los precios por debajo de los 200 euros. Nokia y Windows Phone miman la gama baja. Los fabricantes con Android se limitan a producirla en serie de cualquier forma. El desempeño de uno y otro es revelador.

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Siempre pienso que apostar por lo pequeño es arriesgarse, y por tanto, de valientes. Y es lo que se me viene a la cabeza cuando veo a propietarios de un Nokia Lumia o un HTC con Windows Phone. Más allá de cómo les salga después, se han atrevido con una plataforma casi desconocida para el público general. De las seis personas a las que recomendé el Lumia 520 y se lo acabaron comprando, las seis están plenamente satisfechas. No es casual: es así como debe ser un gama baja. Bajan las especificaciones, no la experiencia de usuario.

En un país saturado de Android de gama baja, Windows Phone tiene una oportunidad enormeSi Microsoft -y todavía Nokia- aumentan su marketing, así como las alianzas con operadoras (como el acuerdo de Microsoft y Telefónica) y continúan con su política de precios contenidos, debería ser cuestión de tiempo que Windows Phone crezca, y mucho, en España. Es lo que ha estado haciendo estos últimos tiempos, con el bache que sufrió el segundo trimestre fiscal anterior en el que sufrió una pequeña caída.

Yo no tengo dudas: quien quiera un gama baja, que mire un Windows Phone. La gama alta está reñidísima y cada usuario deberá valorar si antepone cámara (Nokia Lumia 1020), pantalla (HTC One), autonomía (LG G2), resistencia todoterreno (Sony Xperia Z1) o un resultado equilibrado (Samsung Galaxy S4 o iPhone 5s). Pero si se continúa implantando esta idea de la gama baja en un país saturado de smartphones, y seguramente un gran porcentaje de ellos de gama baja, Microsoft puede tener un futuro perfecto en el camino que lleva a España. Ahora falta que jueguen sus cartas. Un ejemplo de una carta bien jugada, el Nokia Lumia 625: un smartphone con 4G y pantalla de 4,7 pulgadas por poco más de 200 euros. No me importaría ni extrañaría lo más mínimo ver cómo Windows Phone empieza a desplazar a Android, que le triplica en edad y recursos, en gamas donde Android es una absoluta frustración. Y para más adelante, hablaremos de Firefox OS.