El pasado 26 de agosto, Google anunció un endurecimiento en las condiciones de Google Play. Desde medidas como restringir el material violento o los contenidos de sexo explícito, hasta vetar los juegos de azar con dinero real. Entre medias, la clave que nos concierne: la publicidad en las aplicaciones para Android. Google vetó la posibilidad de que las aplicaciones mostraran su publicidad en la barra de notificaciones, simulando ser una notificación más. También decretó que toda transacción debía pasar por el sistema de pago de Google Play. Una política parecídisima a la de Apple: compras in-app, sí. Objetos físicos, reales (como comercio online o carreras de taxi, por ejemplo). En otras palabras, Google acercaba su postura a la de Apple.

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Estas medidas son el camino natural, pero choca con la imagen que Android ha vendido de sí mismoLa última noticia, la de anuncios en Gmail para Android, hace suponer que lo que pasó en agosto estaba premeditado, y no era un mero gesto para mejorar la experiencia del usuario, sino que Google tenía pensado este movimiento: vetar la publicidad libre en su sistema, y centralizarla por completo en su plataforma, en sus servicios, allá donde puede redituar. Con las últimas medidas tomadas en Google Play, Google se asegura de que Android es su servicio, su nido, su monopolio del que sacar provecho de forma casi exclusiva, o al menos poniendo trabas o directamente aranceles a quien pretende hacer lo propio por su cuenta.

Las medidas de agosto, en cualquier caso, no son ni mucho menos malas por sí mismas. Son incluso medidas comprensibles, pero que rompen con la imagen que Android ha tratado de vender durante años. Tanto las referentes a la monetización de la publicidad en Android de forma restringida a los terceros, como alguna puesta a punto que hacía falta en ese sistema versátil e infinito pero caótico llamado Android. Hablo de, por ejemplo, las aplicaciones repetitivas que calcan el modelo de otra, o que no se ajustan a la descripción que dan de sí mismas. La última instancia, que Android continúa cerrándose. No podía ser de otra manera si pretende seguir tan por encima de iOS y contener al que es en realidad su próximo gran rival: Windows Phone, de quien tiene miedo.