En agosto de 2011, durante la IFA de aquel año, Samsung presentó el esperado Galaxy Note. De él se sabía previamente su nombre, pero nada más. Mucho menos que llegaría con un tamaño de pantalla descomunal para la época. Durante un tiempo, únicamente provocó las risas de muchos. Y es que arrastró esa losa, la de un smartphone hecho puramente para llamar la atención y sin utilidad práctica. ¿La realidad? Que Samsung creyó que había mercado para smartphones de grandes pantallas, y arriesgó. Y como sabemos, ganó, demostró que sí hay espacio para smartphones tan «grandes», luego conocidos como phablets.

Pese a las críticas, Samsung ha demostrado que las 5 pulgadas tienen aceptación«Ganó» porque, al margen de la aceptación que han tenido durante estos dos años los smartphones de este tamaño, todos los fabricantes han acabado cayendo en esta práctica. Todos salvo Apple, que se mantiene firme en su idea de lanzar smartphones manejables con una mano. HTC, LG, Huawei, ZTE, Sony, y recientemente también Nokia y BlackBerry (la resistencia histórica) se suman a lo que ya no es una tendencia, sino un segmento más en el mercado: los phablets inundan los catálogos.. Y de hecho, es al que se encaminan los high-end de cada fabricante, no es un mero modelo extra del catálogo. Hoy, nadie se ríe. Hay algunos tamaños que sí tocan lo descomunal, y sólo el tiempo dirá si tienen un hueco (personalmente, creo que sí, aunque bastante pequeño) en el mercado o pasan al olvido dentro de unos años.

En cualquier caso, lo que ocurrió hace dos años es una buena forma de anticiparnos a lo que puede ocurrir dentro de otros dos años. En estas semanas se están presentando algunos terminales con pantallas curvadas, como el LG G Flex de hoy o el Samsung Galaxy Round. Pienso que son únicamente un puente temporal hacia los smartphones flexibles; quizá dentro de dos años la situación sea bien distinta y las pantallas flexibles sean un nuevo estándar. Lo que ha ocurrido ahora con las phablets. Es importante recordar lo que ocurrió con el primer Galaxy Note para tener presente que lo que hoy nos parece una ridiculez tal vez no lo sea, y con el tiempo nos estalle en la cara. Aunque por supuesto puede acabar engrosando la lista de tecnologías que cayeron en el fracaso.