Por estas fechas, hace siete años, Siemens tiraba la toalla. En muy poco tiempo había pasado de los 50 millones de terminales venidos en 2004 a tener que venderse a BenQ y tratar de sobrevivir con su 2,4 % de cuota de mercado. Hace siete años estaba en el período de agonía desde que el 29 de septiembre de 2006 se declara a la ya entonces BenQ-Siemens en quiebra y el 31 de diciembre de 2006 paralizan todas las operaciones y una marca histórica para la industria desaparecía para siempre. Así lo conté en la historia de Siemens.

Siemens y Nokia, las dos caras de cómo acabar una carreraSiemens se vació, se quemó. Lo que en psicología se conoce como síndrome de burnout: sometimiento a estrés prolongado (la carrera de la telefonía móvil es durísima), a fatiga perenne, lo que derivó en una bajada crónica de la calidad de sus productos y la consiguiente sangría de usuarios que huyeron, entre otras marcas, a Nokia, quien en ese período (2004-2007) aumentó en un 170 % su número de ventas. Siemens había logrado lanzar muy buenos terminales, de los que estarían bien altos en los rankings anuales que hacemos ahora. Hablo del S65, el SL65 y compañía. Poco a poco, esa capacidad de sorprender y convencer se fue diluyendo. Fue derivando en teléfonos que hasta habían perdido el buen gusto que caracterizaba a la marca alemana. El periplo de BenQ-Siemens fue aún peor, y ni uno solo de sus terminales resultaba mínimamente atractivo. Siemens tuvo la peor de las muertes: la del perdedor, la del impotente, la de quien se bloquea y es incapaz de mantener el ritmo. Síndrome de burnout en estado puro. Bloqueo emocional.

Menospreciar al iPhone casi le cuesta la vida, pero su recuperación ha sido increíbleEse crecimiento espectacular de Nokia supuso un arma de doble filo. En ese 2007, Nokia alcanzó los 440 millones de dispositivos vendidos, el triple que sus inmediatos perseguidores, Motorola y Samsung. Pero también en ese 2007, Steve Jobs se subió a un escenario y presentó al mundo el smartphone que iba a cambiar la industria para siempre: el iPhone. Para 2008, Nokia tiró de inercia y creció hasta mirar de cerca los 500 millones de ventas. Pero algo no iba bien. A partir de ahí, empezó la caída, que fue acentuándose con la misma intensidad con la que iban penetrando los smartphones en el mercado. Nokia tenía un cojín lo suficientemente grande en feature-phones, pero sus smartphones convencían a muy pocos. Symbian estaba condenado, y MeeGo nunca despegó. Menospreciar al iPhone le salió caro: casi lo paga con su propia vida.

Cómo acabó todo lo demás es bien conocido por todos: Nokia vio de cara el fantasma de Siemens, sus actos empezaban a parecerse, y la posibilidad de acabar igual era aterradora. Encontró una solución aliándose con Microsoft, pero los inicios fueron bien feos, y hasta las operadoras atacaban a los primeros Lumia argumentando su baja calidad y el nulo interés de los consumidores por ellos, así como sus altos precios. También lo conté en la historia de Nokia, pero de una forma muy diferente. Sobre todo, antes de que se hiciese pública su compra por parte de Microsoft. Pero esto no ha cambiado nada, me mantengo en mi postura.

No veremos más Nokia World, pero ha acabado de la mejor formaNo ha cambiado porque el de 2013 es seguramente el último Nokia Wold de la historia, pero no es una muerte, sino un colofón. Nokia finaliza su historia particular en plena forma. No ha podido levantarse por sí sola, y esto dolerá a quienes le vemos como al rival pequeño y débil que con menos recursos que sus rivales consigue zafarse de ellos. Pero no es una despedida amarga. Lo hubiese sido si esto hubiese ocurrido con los Lumia 800 y Lumia 900 como «esto es todo lo que Nokia pudo hacer para salvarse». Pero acabar con el catálogo actual que tiene Nokia, más la lista que presentará en unas horas (en el momento de escribir estas líneas). Ocurre como con la escena final de Breaking Bad, el mejor de los finales, nostálgico, alegre y emotiva. Siemens vendría a ser Dexter, magníficos inicios con un final pésimo y decepcionante.

En los próximos meses, se cerrarán los flecos del acuerdo de Nokia y Microsoft, y nada volverá a ser como antes. En cualquier caso, Nokia quedará para el recuerdo. La marca que peleó todo lo que pudo y más de una forma brillante, la resiliencia finlandesa. La compañía que enorgulleció a quienes vimos su ascenso, reinado, declive, y carrera con la muerte, para acabar erigiéndose en el modelo a seguir con una recuperación excepcional. No hay ningún gama baja como el 520, ningún gama media como el 720, ninguna cámara como la del 1020, y casi ningún fabricante que se preocupe por dispositivos de entrada a internet en países emergentes como los Asha. Esa es la verdadera Nokia, la de siempre. Por acabar su historia de esta forma tan genial, Nokia nunca morirá.