Ayer dábamos la noticia: desde el mes de mayo, y hasta 2016, la línea 2 del Metro de Madrid pasaría a llamarse línea Vodafone. Asimismo, la estación Sol pasará a llamarse Vodafone Sol durante el mismo período. Sólo teníamos un antecedente de algo similar, y es cuando Samsung patrocinó la misma estación Sol, cuyo nombre cambió durante un mes a ‘Sol Galaxy Note‘. Esta vez la duración del acuerdo es de tres años, con el aliciente de ser la línea de color rojo, mismo color corporativo de la operadora de origen británico, la que ostente el nombre de línea Vodafone del Metro de Madrid.

La pregunta es: ¿qué gana Vodafone con esto? Sí, gana visibilidad. ¿Demasiada? El acuerdo no acaba en renombrar la línea de metro y de una estación. También se integrará el logo de Vodafone a lo largo de toda la infraestructura: puertas de acceso, señales en los vestíbulos y andenes, nomenclatura de la estación en otras estaciones, en el interior de los trenes, en teleindicadores de la línea, en el plano oficial de Metro, en su web y su aplicación móvil… ¿Qué le supone al usuario la llegada de la línea Vodafone del Metro de Madrid? En primer lugar, un bombardeo publicitario, al que se suma que Vodafone se reserva la línea 2 para realizar eventos y promociones. En segundo lugar, una falta de valor añadido. ¿Qué le importa a un usuario de Metro Madrid que cambien el nombre de su línea de toda la vida, de su estación de toda la vida?

Probablemente hubiese sido más efectivo aportar algo a los usuarios, darles un motivo para preferir a Vodafone y a la línea 2, usarlo como un escaparate para que los ciudadanos prueben sus servicios. Por ejemplo, ofreciendo Wi-Fi gratuito en toda la línea 2 por cortesía de Vodafone. O quizás anticipar la llegada del LTE de Vodafone a dicho tramo, con lo que convencen a los usuarios para probar allí su nueva red, y además aseguran que estará disponible en el subterráneo, donde hay tramos en los que ni siquiera hay cobertura de voz. O quizás integración de los billetes del metro en teléfonos con NFC

Saturar de rojo y de la marca ‘Vodafone’ a un soporte publicitario es comprensible, pero no lo es tanto cuando el soporte pasa a ser un servicio público, de todos los madrileños, quienes además pagan -y cada vez más- por él. La sensación es de usurpación, de meterse hasta la cocina sin nada que ofrecer (como Wi-Fi gratuito, primeras pruebas del LTE, etc). Vodafone ha perdido una buena oportunidad para ganarse la confianza de los madrileños, de proyectar algo más que publicidad estampada por todas partes. Las críticas en las redes sociales son abundantes. Eso sí: aún hay tiempo de rectificar y demostrar que verdaderamente ha llegado con algo que dar a los usuarios. Aunque no sé si existe esa intención.