Manuel Álvarez Bravo es reconocido como uno de los grandes en la sala Azca de la Fundación Mapfre de Madrid, que coproduce la exposición junto con Jeu de Paume. Es quizás, el más grande fotógrafo mexicano, por delante de Nacho López, Graciela Iturbide, Juan Rulfo, o de su ex mujer Lola Álvarez Bravo. Veamos cómo es su obra.

Alvarez Bravo

La sala Azca de la fundación Mapfre es una de las pocas salas madrileñas dedicadas en exclusiva al mundo de la fotografía. También tiene otra espectacular sala en el paseo de Recoletos de Madrid. El que escribe estas líneas ha podido ver emocionado en estos lugares la obra inolvidable de Walker Evans, Lisette Model, Graciela Iturbide y otros muchos. Esta fundación hace una de las contribuciones más importantes de la capital española para divulgar las obras maestras de la fotografía desde hace un lustro. Además deja para el recuerdo algunos de los catálogos fotográficos más completos que se han visto por estos lares. El de Álvarez Bravo no podía ser menos, desde luego.

Manuel Álvarez Bravo es un fotógrafo centenario (1902-2002, Ciudad de México), que como indican las numerosas biografías que podemos encontrar en la red, es uno de los fundadores de la fotografía moderna, porque como dice Carlos Monsiváis en uno de los múltiples escritos que hay sobre la obra de Álvarez Bravo:

Su fotografía es mexicana por la nacionalidad del autor y la mayoría de sus temas, pero ni su causa (el arte) ni su forma (que se desprende de la originalidad de su mirada) tienen o podrían tener un origen nacional. Sí se localizan, en cambio, la pasión por los elementos indígenas, prehispánicos o contemporáneos, lo que es elección formal y emotiva, no compulsión genética.

Durante la visita a la exposición, el espectador disfruta de copias vintage (copia realizadas por el autor o en vida del mismo). Quizás no sea tan espectacular como contemplar positivos modernos, de gran calidad y tamaño, como en la reciente exposición de Virxilio Vieitez, pero sirve para entender y comprender como veía un maestro su propio trabajo. Personalmente me ha sorprendido la oscuridad del copiado en algunas de sus obras más famosas, como La hija de los danzantes o El ensueño. A lo mejor han sido víctimas del paso del tiempo, pero se las ve muy bien conservadas. La mayoría proceden de los archivos familiares. Y por primera vez se puede contemplar algunos de sus raros trabajos en color. Siempre estaba investigando, y probablemente, de haber tenido tiempo, hubiese disparado en digital. Pero qué más da el medio cuando es capaz de reflejar su mundo de semejante manera. Un mundo volcado en el surrealismo por devoción y en la hermosa y dura realidad mexicana.

Alvarez Bravo Cartier Bresson

Sus grandes amistades fueron sus primeros críticos, y los que le ayudaron a evolucionar y encontrar el camino que los demás debemos seguir. El muralista Diego Rivera y por extensión Frida Khalo, Henri Cartier Bresson con el que tiene una animada correspondencia en español (llama la atención ver manuscritos del francés escribiendo en la lengua cervantina). Diego Rivera, por ejemplo, definió su fotografía como:

Fotopoesía por su causa, forma y contenido. En ella la angustia es omnipresente y la atmósfera está sobresaturada de ironía.

La exposición la he estado viendo con una especialista en el mundo del cine, pues Manuel Álvarez Bravo también trabajó en este mundo, como foto-fija, entre otras, de la película de Luis Buñuel Nazarín, con el inolvidable Paco Rabal de protagonista, basada en la novela de Benito Pérez Galdós. Y me ha dicho una de las reflexiones más acertadas de la obra del mexicano. A su trabajo te puedes acercar con la razón, pero pocas veces con el corazón. Y esto, que puede no parecer un piropo, es justo lo que define el estilo de nuestro fotógrafo en cuestión.

Empezó haciendo fotografía pictorialista, ya sabéis, el tipo de fotografía que hace alguien que no ha entendido la esencia de la imagen. Pronto rompió con dicho estilo y empezó a buscar la fotografía pura, basándose en las expresiones de sus amigos Edward Weston y Tina Modotti. Más tarde, durante la época dorada de la cultura mexicana, descubre el cine (en la exposición podemos ver fragmentos de sus trabajos cinematográficos) y encuentra su camino, el estilo que todos podremos reconocer cuando visitemos la exposición dividida en grupos temáticos tan sugerentes como Formar y Construir; Aparecer, Ver y Exponerse; Yacer, Caminar y Soñar.

Manuel Álvarez Bravo es un fotógrafo que debe conocerse a fondo, y la exposición en la Fundación Mapfre es una oportunidad única para todos los que algún día queremos llegar a ser mejores fotógrafos. Y los que viváis fuera de Madrid, tenéis la oportunidad de ver su trabajo en la excelente página web que han preparado.