Velo mojado II de Erwin Blumenfled es una de las fotografías más eróticas de todos los tiempos, desde mi punto de vista y el de muchos. Es el cuerpo de una mujer, escondido o insinuado, detrás de una gasa empapada. En blanco y negro y una dura iluminación que resalta las formas del cuerpo femenino y los pliegues de la tela. Estamos ante un fotografía símbolo.

Erwin Blumenfeld

Uno de los libros que más me han marcado en mi vida como fotógrafo es Técnicas de los grandes fotógrafos de Hermann Blume Ediciones de 1983, con una espectacular portada de Helmut Newton, la hija de Picasso desnuda (todavía no entiendo cómo me lo regalaron mis padres). En este libro, que conservo como oro en paño, descubrí a Richard Avedon, a Irving Penn, al propio Newton… y una fotografía que acompañó mis sueños de adolescente durante mucho tiempo, Velo mojado II.

El autor es Erwin Blumenfled, uno de los grandes desconocidos de la fotografía, a pesar de tener innumerables portadas en Vogue, Harper´s Bazaar y haber participado en el primer número de la revista Verve con fotógrafos de la talla de Man Ray, Dora Maar, Brassai o el inevitable Cartier Bresson.

Erwin Blumenfeld fue un alemán que emigró a París para triunfar en el mundo de la fotografía, pero fuera del mundo comercial era difícil. Aún así, consiguió destacar gracias a sus trabajos cercanos al surrealismo y a la importancia que le concedía a la técnica. Como escribió la directora de Vogue, B. Ballard:

Las imágenes de Blumenfled son triunfos del laboratorio. Es un técnico magistral que crea su propia magia traduciendo y embelleciendo lo que ve el objetivo.

Lo que poca gente sabe es que nuestro fotógrafo fue capturado por los nazis y estuvo en un campo de concentración por sus montajes fotográficos contra ellos. Pero pudo escapar a los Estados Unidos, con toda su familia, y nacionalizarse estadounidense. Durante toda su vida lucho contra los seguidores de Hitler y sus ideas retrógradas.

La foto que abre este artículo la hizo en 1937, casi recién llegado a París después de sufrir la quiebra del negocio donde trabajaba, una tienda de pieles de Amsterdam. Esta sensual imagen, como todo lo que hizo después, no es en absoluto casual. La inspiración es evidente, y se remonta al Renacimiento, a las esculturas inacabadas de Miguel Ángel y por supuesto al más moderno Rodin, que había muerto veinte años antes. El efecto de pieza inacabada viene de la visión de la obra de ambos genios. Y la mejor forma de recrear la piedra sobre la piel a través de la plata fue con una humilde gasa mojada.

La tela mojada se adhiere libremente y sin ataduras sobre el cuerpo rotundo de la mujer, que parece querer surgir como ave fénix. Es impresionante como se puede sugerir tanto con tan poco, una tela mojada y una potente y sola luz que ilumina desde la izquierda. El juego y las sugerencias de la imagen son infinitos. Y es una obra que no te cansas de mirar.

Se puede poner de ejemplo en las escuelas para demostrar que las ideas sencillas son las que mejor funcionan. Y que lo difícil es tenerlas. Muchas veces pensamos que hay que tener un equipo profesional para conseguir buenos resultados. Y lo que hace falta son ideas. Esta sencillez contrasta con el barroquismo de algunas de sus imágenes comerciales, donde juega con los colores y los filtros, deconstruyendo la realidad. Pero las que han pasado definitivamente a la historia son las que hacen gala de un minimalismo extremo, como la fotografía homenajeada hace poco por Chanel donde el rostro de una mujer se limita a unos labios rojos, el ojo perfilado y una ceja que lo enmarca.

Se retiró pronto del mundo comercial de la fotografía, arrollado por el ímpetu de las figuras de Richard Avedon, Irving Penn, Newton, Klein… Pero su espíritu sigue presente en la obra de fotógrafos actuales y cuando contemplamos su trabajo vemos que en los años treinta y cuarenta son el espejo donde deben mirarse los que quieren triunfar en este mundo de la moda.