Hoy he tenido la suerte de poder pasarme por ARCO 2013 (ARte COntemporáneo), la famosa feria internacional de arte. Es la edición 31 y la fotografía cada vez tiene más protagonismo. En el mundo de las galerías, los fotógrafos cada vez tenemos mayor presencia. Antes era muy raro ver una fotografía colgada en una galería.

ARCO2013

Para ser sinceros, me llama mucho la atención el mundo de las galerías y toda la gente que las rodea. Es un mundo donde la excentricidad está permitida. Es más, casi es una obligación para poder destacar. He visto a señores mayores con un casco de escalada en la cabeza y una cámara de vídeo que parecía grabar su paseo. He visto señoras muy mayores con minifalda multicolor y jóvenes totalmente cubiertas y avergonzadas de blanco y negro; o señores con el pelo pintado de morado por su peor enemigo y exquisitas parejas de la alta aristocracia y de los mundos underground, cool y hipster con sus bebes a cuestas y sus gafas de marca y su pelo a la moda. Es un mundo en el que ser el punto de atención es un reto y la mejor forma de parecer interesante es tu aspecto. Yo iba con un pantalón de pana de corte vaquero y una camiseta de rayas con unas zapatillas de montaña. Creo que no puedo triunfar en este mundo. Qué se le va a hacer. Tendré que ir con boina.

Pero volvamos a la fotografía, que es de lo que se trata. Lo que está claro es que el gran formato es el rey. Cuánto más grande más caro. No estoy hablando de un 50×60 cm. Si no llevas una obra de un metro y medio por lo menos, no se te va a ver. Y en este sentido José Manuel Ballester es el que manda. Mires dónde mires encuentras sus impresionantes trabajos, perfectos e inspiradores. Desde sus fotografías arquitectónicas hasta su maravillosa serie de los cuadros vacíos.

Luego tenemos a los clásicos españoles de toda la vida, los consagrados de la fotografía, los espejos en los que nos miramos (una obra era precisamente eso, un espejo en el que el público se veía reflejado): Isabel Muñoz con uno de sus exquisitos retratos en color, Cristina García Rodero y su genial forma de mirar y la última etapa de Alberto García Alix, mucho más relajado y poético, para nada transgresor.

Mientras recorres las doscientos galerías presentes este año ves obras tan curiosas como el sempiterno cuadro de un solo color, las típicas litografías eróticas donde aparece un pene, un agujero en la pared vendido por 100000 € (os prometo que es verdad), y otras cosas que no terminan de llamar la atención, aunque los entendidos juren y perjuren que hay que atenerse al discurso y trayectoria del artista, que además sabe llevar muy bien la boina ladeada y el foulard a juego. Hay que rebuscar mucho para encontrar alguna pieza que emocione realmente. Lo mismo pasa con la fotografía.

Hay muchas imágenes colgadas en las paredes, algunas sin los precios puestos, por vergüenza o por discreción (la subida del IVA en España está haciendo mucho daño). Pero pocas invitan a detenerte y mirar. No hay, como otros años, muchas fotografías desenfocadas o movidas sin motivo aparente, ni un exceso de retoque digital que se quede en mero virtuosismo. Pero están faltas de estilo propio y pasión por el trabajo. Tu forma de mirar las cosas puede ser especial, pero tienes que entender que el medio (la cámara de fotos) sólo se convertirá en una extensión de tus ojos si la puedes domar y doblegar. Y es que la fotografía es, como dijo Cristina García Rodero, un combate de boxeo en el que tienes que ganar al tiempo que se va. Y no hay que creerse nada, no hay que jugar a ser artista. A muchos fotógrafos de ARCO creo que les sobra divismo. Ya veremos que pasa cuando llegue MadridFoto en mayo, dedicado en exclusiva a lo que más nos gusta.

La fotografía ya no es secundaria en el mundo de las galerías, pero le falta camino que recorrer. No hay que olvidar que en los ochenta apenas se vendía color. Poco a poco se avanza, pero el camino es arduo, y más para los que no son modernos.